Archive for septiembre, 2010


"PAISAJE DE OTOÑO"- BELÉN JIMÉNEZ

Al entrar en el otoño, estuve buscando algo bonito que contaros sobre esta estación, como también lo hice sobre la primavera. Así pues me puse a buscar por la red y encontré esta preciosa leyenda indígena. Creo que es la primera vez que publicamos algo de la cultura indígena americana y me pareció muy interesante. De todos modos, como siempre hago, pido a todos aquellos amigos y seguidores que nos leen desde el gran continente que si conocen otra versión de la historia, o alguna otra leyenda, por favor nos la envíe.

He encontrado una versión preciosa de la misma historia, ilustrada además por la autora. Podéis leerla aquí: http://www.educared.org.ar/enfoco/imaginaria/biblioteca/pdf/Repun-Kamshout-y-el-otono.pdf

Yo por mi parte la he ilustrado con este precioso cuadro de mi hermana (que siempre se queja de que no publico ningún cuadro suyo), así que le dedico a ella la entrada. Este es uno de mis cuadros favoritos, por su color y su sencillez

No tiene nombre, aunque como veis es la esencia propia del otoño, así que así lo llamaré yo: “Paisaje de Otoño”.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

 

En la Isla Grande de Tierra de Fuego, vivió antes de su extinción, un pueblo indígena americano llamado los sélknam (más conocidos como ona).

Hubo un tiempo en el que las hojas de los árboles siempre eran verdes, y en ese tiempo vivió Kamshout, un muchacho alegre perteneciente a esta tribu, al que le gustaba hablar sin parar. No importaba que no hubiera mucho que decir en un momento determinado; él siempre encontraba las palabras necesarias para hacerse oír.

A veces tanta cháchara resultaba una molestia, y por ello a nadie pasó desapercibida su ausencia cuando Kamshout tuvo que marcharse para cumplir sus ritos de iniciación. En la tribu al fin había momentos en los que se podía disfrutar del silencio.

El muchacho tardó mucho tiempo en regresar, tanto que el resto de la tribu comenzó a creer que había fallecido.

Sin embargo un día regreso, tan parlanchín como siempre, hablando y hablando sin parar sobre su aventura. Repetía una y otra vez que había estado en un fantástico país allá por el Norte en el que los árboles cambiaban de color. Sus hojas se volvían amarillas y caían hasta que parecían estar completamente muertos, pero después llegaba un tiempo al que llamaban primavera en el que las hojas volvían a renacer en los árboles y todo se teñía de verde de nuevo.

Hablaba de aquellos maravillosos matices y colores; de hojas secándose en el suelo tiñendo el paisaje de ocre; de árboles que volvían a vestirse de luz y verdor después de haber perdido todas sus hojas… Nadie le creyó. Nadie conocía aquellas extrañas palabras que Kamshout repetía sin parar: otoño… primavera… Todo debía ser una mentira del imaginativo muchacho; las hojas de los árboles eran eternas.

Toda la tribu se rió de él y esto lo puso muy furioso. Se puso rojo de la rabia y no paró de repetir su historia una y otra vez hasta que las palabras se le apelotonaban en los labios.

Cansado de las burlas de sus vecinos, el muchacho, furioso, decidió volver a marcharse.

Al cabo de un tiempo Kamshout regresó a su tribu; pero lo hizo de una forma totalmente sorprendente: el muchacho era ahora un gran pájaro de plumas verdes y rojas. El pájaro emitía un ruido cansino con el que parecía reírse de todos. Debido a este sonido todos comenzaron a llamarlo Kerrhprrh.

El pajarraco se fue posando en todas las ramas de los árboles verdes y las fue tiñendo una  a una de un color rojizo. Las hojas en ellas comenzaron a adquirir una tonalidad dorada tal y como el muchacho había descrito y poco a poco comenzaron a caerse y a vestir el suelo.

Todos en la tribu estaban aterrados, lamentando la muerte de todos sus benditos árboles, y Kerrhprrh se reía ahora de ellos, como ellos lo habían hecho de Kamshout antes.

En primavera la tribu contempló maravillada cómo todos los árboles volvían a brotar y a vestir sus ramas de hojas verdes y frescas, tal como el muchacho había dicho en su día.

Desde ese entonces, se reúnen unos pájaros de vivos colores en las ramas de los bosques: son los loros, que se ríen constantemente de los humanos con sus picos curvos para recordar a su antepasado Kamshout, al que nadie tomaba en serio.

LA PIEL DEL TAMBOR

TÍTULO: La piel del tambor

AUTOR: Arturo Pérez Reverte

 ARGUMENTO: Un pirata informático irrumpe clandestinamente en el ordenador personal del Papa. Entretanto en Sevilla una iglesia barroca se ve obligada a defenderse matando a quienes están dispuestos a demolerla. El Vaticano envía un agente ,sacerdote ,especializado en asuntos sucios: el astuto y apuesto padre Lorenzo Quart, quien en el curso de sus investigaciones verá quebrarse sus convicciones e incluso peligrar sus votos de castidad ante una deslumbrante aristócrata sevillana…

 Estos son sólo algunos de los elementos que conforma esta laberíntica intriga donde se dan cita el suspense, el humor y la historia a lo largo de un apasionante recorrido por la geografía urbana de una de las ciudades más bellas del mundo.

 

OPINIÓN: Es una novela entrañable. Es la historia de un párroco insignificante en un mundo de poder donde no se hubiera reparado en él si no fuera porque hay intereses económicos de por medio y de como esta persona es capaz de enfrentarse a todo el mundo incluso al propio Vaticano para defender su iglesia que simboliza la fe, las ilusiones y las esperanzas de un puñado de feligreses que todavía acuden a misa de 8 a la ruinosa iglesia y en las que el sacerdote cree más que en la suyas propias. Es una historia de fidelidad, amistad, soledad y amor en un escenario como es el centro de  Sevilla en primavera. Me parecen entrañables los personajes de Don Ibrahim, la Niña Puñales y el Potro de Mantelete y tengo que reconocer que fue en el último párrafo del libro donde me di cuenta del verdadero sentido de la novela. Recomiendo a todo el que pueda que la lea, no les va a defraudar.

BELÉN JIMÉNEZ

Hoy os desnudo mi alma un poquito. Os dejo una carta que escribí hace un tiempo para un concurso (uno de esos que nunca gano ;D). Es un poco deprimente, lo sé, pero os juro que todos los sentimientos estuvieron ahí, latentes un día, y que aún hoy queman al recordar…

Se la dediqué a mi madre en su día (y la pobre lloró al leerla, soy una mala hija), y sigue siendo suya; un homenaje a mis héroes.

A los que la leéis por primera vez, espero que os guste; a los que ya la conocíais, bueno, espero que os agrade volver a leerla.

 

Querido compañero:

Anoche tuve un sueño. En él, la niebla no era más que una pequeña nube que ambos sorteábamos sin dificultad. La oscuridad no se cernía sobre nosotros como lo hacía ayer. Todo era luz y claridad y nuestros corazones latían libres de miedo y dolor.

Pero mi cerebro me trajo de vuelta a mitad de la noche. De nuevo me encontré tendida en mi cama, temblando de frío, empapada de soledad.

Al principio, las imágenes de aquel sueño me trajeron paz. Casi pude volver a sentir tu calor junto a mí, oler el perfume de tu piel, sentir la seguridad de tus brazos. Con los ojos cerrados, evoqué el sabor de tus labios, esa dulzura tan pura, tan vital. En el interior de mis párpados encontré el brillo intenso de tus pupilas cuando me mirabas. Creí incluso percibir tu sonrisa sensual sugiriendo mil y un caminos hacia el placer más dulce.

Pero mi cerebro cruel se revolvió contra mi imaginación. Conforme la realidad se fue abriendo paso en él, fue deshaciéndose de aquellas imágenes que tanto necesitaba para volver a respirar. Primero sentí el frío, tu cuerpo no yacía junto al mío. Después regresó el olor a sábanas empapadas por mi propio y único sudor, el tuyo se esfumó. Mi cuerpo tembló de miedo y no halló el consuelo de tus brazos a su alrededor. Mi boca saboreó el aire y sólo percibió la hiel de mi soledad.

Abrí los ojos al fin y la oscuridad más terrible inundó mis retinas. No estaba allí el brillo de los tuyos mirándome con esa pasión e intensidad con la que sólo tú sabías mirarme. No desnudabas mi alma con esa mirada llena de amor, no se agitaba mi corazón con cada parpadeo tuyo. No había más ojos que los míos en aquella helada oscuridad. Y ya no regresó la imagen de los tuyos. Por más que yo cerrara los párpados una y otra vez, lo único que conseguí fue desbocar un río de angustia que fluyó por mis mejillas agrietadas.

De nuevo, como cada día, la realidad rebotó en el hueco de mi pecho. Pero su eco esta noche, fue más terrible, pues te tuve de nuevo en mis brazos y al despertar estuve más sola que nunca. Y desgarradoramente la comprensión se batió sobre mí.

Nunca más esa sonrisa tuya iluminaría mi vida ni prometería nada. Nunca más el vacío sería llenado. Jamás regresarían los momentos vividos… jamás, tan sólo en mis crueles sueños. Crueles porque me hacen daño, porque son demasiado débiles ante la abrasadora realidad. Porque no me quieren en su mundo y me obligan a regresar a lo que es la más pura agonía después de haberme dado a probar de nuevo la felicidad.

Y ahora recuerdo cada palabra que me dijiste. Sé que te prometí ser fuerte y seguir adelante. Pero dime cómo podría lograrlo. Nunca creí mi propia promesa… ni siquiera creo que lograra engañarte a ti. Y eso me produce aún más dolor. Sólo el pensar en traicionar tu confianza me escuece más que mis propias lágrimas.

Pero reconoce, amor, que tampoco tú fuiste demasiado sincero conmigo. Me juraste luchar, me prometiste ganar… pero cada vez regresabas más herido. Y al final te dejaste vencer.

¡Perdóname, por favor! Yo mejor que nadie sé lo duro que fue para ti. Apenas logro concebir tanto dolor y sufrimiento en un cuerpo que fue mi pilar durante los mejores años. Y aunque estuve a tu lado, no pasa un solo día en el que no me pregunte qué más podía haber hecho, cómo podría haberte ayudado a vencer. Y aunque todos me repitan una y mil veces que siempre estuve ahí, que te hice feliz, que siempre te ayudé… me quema la duda en mi alma.

Pero ya nada tiene importancia. Lo cierto es que al final ambos perdimos. ¡Oh, tú más que yo, sin duda! No puedo borrar la terrible imagen de aquellos ojos perdidos. Aquellos labios otrora tan dulces, convertidos en símbolos de tu inmenso sufrimiento. Tu cabello que fue brillante y oscuro, ralo y cubierto por hebras de plata. La fuerza de tu hermoso cuerpo evaporada por siempre. Y ese sudor helado que me transmitió tu pesadilla. Aquel último aliento que me regalaste en una siniestra despedida quedó marcado a fuego en mi mente.

¿Qué fue de mí? No recuerdo más que aquella última despedida. En aquel momento, el mundo entero se paralizó. Creo que corrí… en fin no estoy segura. Pero no supe lo que significaba la palabra dolor hasta ese preciso instante en que tus pupilas perdieron su brillo y se clavaron en la nada.

Otro recuerdo me atormenta además y al evocarlo siento el frío más intenso si cabe. ¿Por qué traté de captar de nuevo la suavidad de tu piel? ¿Acaso no soy sensata? ¿Acaso no sabía que sería imposible recuperar lo perdido? Y sin embargo caí en la absurda trampa de acercar las yemas de mis dedos a tu mejilla. El frío paralizó mis huesos y no han recobrado el calor desde entonces…

Sin embargo anoche volví a tenerte entre mis brazos… volví a sentir tu calor. Una felicidad como nunca antes sintiera llenó mi alma. Pensé en el miedo y me reí de él…

Pero ya ves que he despertado, y el dolor sigue aquí. Es todavía más fuerte que nunca pues ha vuelto a recordarme todo cuanto he perdido. Nunca encontraré palabras para decirte lo mucho que te necesito y me parece del todo innecesario hacerte saber que jamás curaré esta herida.

Hoy siento mi corazón más débil que nunca, y a cada latido que da, mi alma le hace la misma súplica: “¡Detente ya!”

Lo sé, te prometí que lucharía. Pero yo nunca fui tan fuerte como tú y ahora es mi cuerpo el que tiene la última palabra. Así pues, esta es mi carta de despedida, porque ya no quiero más una vida repleta de agonía. Mi último aliento lo plasmo en papel como tú lo hiciste sobre mis manos.

Sólo te ruego que no me guardes rencor por faltar a mi promesa de continuar, pues lo cierto es que yo ya me rendí hace mucho y lo que aconteció después de tu adiós, no fue más que una existencia de pantomima.

Con esto me despido ya de veras, con el único deseo en mi alma de que, allí donde tú te encuentres, exista aún hueco para mí en tu corazón, como sé que lo hubo siempre.

 Con amor;

tu esposa por siempre.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

LAS BARRIGAS DEL DIABLO

Después de leer “La Cúpula del Mundo” de Jesús Maesso de la Torre, me llamó la atención la referencia que hace el escritor a las llamadas “barrigas del diablo”. He estado buscando información sobre este lugar tan misterioso, desconocido y terrible y que al parecer existió de verdad, pero no he podido encontrar gran cosa.

Según Maesso de la Torre, bajo el subsuelo de lo que podríamos llamar lo más parecido al paraíso en la Tierra, la Alhambra, con sus suntuosos salones, sus patios y refrescantes fuentes, sus jardines, y todo lo que sabemos que durante la dinastía nazarí existió en este fantástico y casi irreal lugar, había una serie de galerías excavadas en la roca que formaban un laberinto de distintos niveles. Bajo estas galerías subterráneas y, mientras los reyes moros disfrutaban de sus manjares y sus harenes, había personas que se pudrían, literalmente hablando, entre sus propios excrementos acompañados por ratas y bichos capaces de vivir en estos lugares.

Se abrían bajo estas galerías estas terribles barrigas del diablo. Las llamaban así porque, según Maesso, tenían forma de embudo al revés. A través de un orificio en el suelo, del tamaño justo para que entrara una persona, se abría una especie de cueva donde, atados por cadenas los unos a los otros, se encontraban prisioneros los cristianos que podían tener algo de valor para negociar con sus reyes (yo me pregunto… si estos eran los prisioneros valiosos, ¿qué hacían con los que no lo eran?).

Estas terribles mazmorras eran lo más parecido al infierno, siempre bajo el paraíso. Por la pequeña abertura del techo por donde los bajaban con escalas, entraba un  rayo de luz que era la peor de las torturas porque por ahí se colaban las risas y los ruidos del palacio de arriba. En el suelo de las mazmorras existía un agujero donde los reos hacían sus necesidades. Las ratas se los comían vivos y por causa de las argollas las pústulas se les extendían por todo el cuerpo. Así llegaban a estar años, los más afortunados morían pronto, los menos esperaban a que su señor negociara con los infieles y los liberara.

No sé si esto es invención del autor o existieron de verdad las barrigas del diablo, pero como mis medios son limitados no he podido encontrar mucha información, por eso pido que si algún lector conoce este tema y puede explicárnoslo que nos lo envíe, se lo agradecería. Así podremos conocer otra faceta más de este maravilloso y a la vez terrible lugar que es la Alhambra de Granada, no sólo lo que vemos cuando la visitamos.

BELÉN JIMÉNEZ

LA CÚPULA DEL MUNDO

AUTOR: Jesús Maeso de la Torre

ARGUMENTO: Toledo 1255. El rey Alfonso X el Sabio vive obsesionado por el sueño de ser coronado emperador de la cristiandad y, en su lucha por sumar aliados políticos en esta ambiciosa causa, concierta el matrimonio de uno de sus hermanos con la hija del rey de Noruega: la princesa Cristina. En la delegación real que viaja a las brumosas tierras del norte, donde los ritos paganos conviven con la religión oficial, se halla Beltrán Sina, el médico personal de Alfonso, que debe procurar la serenidad de espíritu de la dama durante la larga y azarosa travesía que la conducirá a los brazos de un esposo que ni siquiera conoce. Pero la traición acecha a la comitiva castellana, ya que sus enemigos son poderosos y están dispuestos a cualquier cosa para hacer naufragar las aspiraciones de Alfonso en favor de las de su contrincante, Ricardo de Cornualles, aunque esto implique poner en peligro a la culta y exquisita Cristina.

La princesa de las brumas deslumbra a la austera corte castellana pero, abatida por el temor y la nostalgia, sólo tiene un amigo en quién confiar: Beltrán, el médico de almas, su fiel consejero, su enamorado secreto.

Pero mientras el rey sabio duda ante la tentadora propuesta de un atormentado monje teutón, un ofrecimiento que podría condenarlo a los ojos del papado, el joven médico tendrá que decidir entre la lealtad a su rey y la desenfrenada pasión por esa hermosa dama venida del hielo.

 

OPINIÓN:  Es una novela histórica con una historia de amor ficticia basada en personajes reales. Refleja bastante bien la sociedad de la época y se comprenden los intereses del rey Alfonso X que había conseguido de la ciudad de Toledo un ejemplo para el resto del mundo de concordia y convivencia entre culturas y religiones distintas y enfrentadas en otros lugares. Él quiso hacer en el resto del mundo lo que había conseguido en Toledo, que todas religiones tuvieran un mismo fin sin estar enfrentadas las unas con las otras. Además trajo textos de la antigüedad y los tradujo primero al latín y después al castellano para repartirlos por todo el mundo y tenía una biblioteca con libros que sólo se conocían como leyendas. Practicó la alquimia y estaba rodeado de astrólogos.

Es muy buena novela.

BELÉN JIMÉNEZ

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