Archive for agosto, 2011


François Bacculard era un tipo refinado, culto a pesar de su origen humilde. Con mucho esfuerzo había conseguido completar los estudios de piano, y ahora que la prestigiosa Real Academia de música de París acreditaba su condición de maestro, suponía que encontraría trabajo sin dificultad. Tal vez podría conseguir sustento bajo la protección de un rico burgués, en una de esas familias repentinamente favorecidas. Porque no dejan de ser plebeyos que esconden, tras gruesos muros, a jovencitas que necesitan con urgencia formación en habilidades sociales, para que puedan permanecer con éxito en sociedad y, por añadidura, disfrutar de sus ventajas. —Dime que me amas… —susurró una bella señorita de pelo castaño, más con los ojos entornados que con los labios. El pianista forzó una sonrisa tímida a modo de respuesta, y se sentó en el escabel del piano con evidente incomodidad. Carecía del atractivo que podría provocar tales reacciones en las damas, y el virtuosismo de su arte todavía no era del dominio público. —Dime… que no puedes dejar de pensar en mí… —insistió una joven de cabello anaranjado, entre risitas irregulares. François Bacculard, sin despegar los labios, respondió frunciendo el ceño. Había escuchado rumores de que Antoine “Le rouge”, un pobre desgraciado que abandonó la academia, había conseguido encandilar a la baronesa de Vichy y que a pesar de tener los estudios incompletos, ejercía como profesor privado de música; que dormía en los cuartos de servicio, y hasta disfrutaba de los favores de alguna descocada sirvienta. ¿Por qué razón no habría de conseguirlo él, que estaba mejor capacitado, que sus modales y conversación eran exquisitos? —Acaso… ¿no somos hermosas, apetecibles a la vista, y que no dejarías, por lo tanto, de mordisquearnos con los ojos? —se interesó un ángel de cabellos dorados, mientras apoyaba un pie diminuto sobre el teclado, mostrando intencionadamente un tobillo y un poco más. Tal vez quien necesitaba ejercitar habilidades sociales era el propio François Bacculard: apenas había tenido tiempo para vivir de tanto trabajar, estudiar y practicar con el piano. Le resultaba tan difícil responder a la muchacha, sin que pudiera ofenderla con adulaciones improvisadas o todo lo contrario, con frías palabras que menospreciaran a tan encantadoras jovencitas; que prefería permanecer en silencio, con el objeto de no comprometer su puesto de trabajo. —Dicen… —aseguró una joven que mostraba en un escote cuan generosa había sido la naturaleza con ella— que las manos de un pianista son capaces de acariciar de tal modo, que escriben poesía a través de los gemidos de su amada —añadió tomando la mano derecha de François con la clara intención de sosegar su agitado corazón con el tacto del apocado maestro. Las demás jóvenes observaban con envidia contenida el atrevimiento de la muy dotada señorita. François Bacculard trató de serenar la respiración. Y con la mano libre que le quedaba se enjugó el sudor de la frente con un pañuelo. —Ay por Dios… por Dios… —farfullaba ininteligiblemente el pianista. —¿Quién podría conformarse con miradas inflamadas de pasión, si nuestras cinturas suspiran igualmente por caricias que sólo a ella vas a dar? —ronroneó con malicia la joven de pelo castaño, tomando la mano izquierda del pianista y dejándola petrificada en su cadera. François Bacculard trató de averiguar si estaban solos en la sala, incapaz de retirar las manos de dónde las jóvenes tan solícitamente las habían dejado; presentía que las circunstancias habían comprometido en exceso su honor. Las muchachas parecían salidas del pincel de Herbert Draper, y permitían una experiencia de amor, todavía no sabía por la intercesión de qué antigua divinidad, que muy difícilmente se repetiría sin su influjo. —¡Caballero! ¡Compórtese, por el amor de Dios! —gritó la madame irrumpiendo en la estancia— ¿No debería estar repasando las partituras? Las chicas explotaron en un jolgorio de risitas y taconeos en un ir y venir por el escenario. —¡En dos minutos abrimos las puertas del cabaret! —recordó la madame—. Hoy no quiero fallos en la coreografía, y tú, François, a ver cómo te portas en tu primer día de trabajo. Fin “…Ay por Dios… por Dios…”, seguía susurrando François Bacculard.

FEDERICO MANUEL RODRIGUEZ

 

BLOG DEL AUTOR: “Te voy a contar un cuento” www.federos1969.blogspot.com

 

OTRAS ENTRADAS DE FEDERICO:

ONDA VITAL

CIEN DONCELLAS

DESPIERTA

"El origen perdido" Matilde Asensi

 

AUTOR: Matilde Asensi

ARGUMENTO: Una extraña enfermedad que ha dejado a su hermano en estado vegetativo lleva al hacker y empresario informático Arnau Queralt a emprender una investigación arqueológica sobre el imperio inca, las ruinas de Tiwanacu y la selva amazónica, tras las huellas de una civilización perdida.

El lector sigue con Arnau y sus amigos, Marc y Lola, este viaje a través del conocimiento, descubriendo algunos misterios sin resolver en a historia dela Humanidad, las paradojas dela Teoríadela Evolucióny el verdadero papel de los españoles en la conquista de América.

OPINIÓN: Es una novela fantástica llena de retos y de emoción como todas las que leído hasta ahora de Matilde Asensi .Es un tema que no está tan trillado y resulta muy enigmático.

Para mi vergüenza tengo que reconocer que no se situar muy bien algunos países de Sudamérica en el mapa (cosa que tengo que corregir inmediatamente), sin embargo la autora te sabe situar en el punto exacto sin necesidad de consultar ningún mapa, además también tenía yo algunas dudas sobre qué civilización pertenece a qué país en concreto, siempre he confundido el Imperio Inca, con el Azteca o el Maya (otra cosa que tengo que solucionar inmediatamente) ahora tengo claro y puedo situar al Imperio de los Incas y conocer un poco más sobre esta enigmática civilización. Es muy interesante el tema del poder de las palabras de un lenguaje único y original, tema que por cierto se repite en una película que vi el otro día y que lo trata más como ciencia ficción, película que por cierto no me gustó nada y es la de “Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal”.

Es cierto que es un poco raro que algunos relieves aparecidos en este tipo de ruinas tengan rasgos físicos de personas de otros continentes que se supone es imposible que estas civilizaciones conocieran ya que son precolombinas, pero también está por ahí la teoría bastante estudiada y que casi se puede demostrar con restos arqueológicos submarinos, de la existencia de un continente que comunicaba el continente americano con el resto, la tierra de los altlantes,la Atlántida.

En mi humilde opinión es más verosímil esta teoría que la de los extraterrestres, así como el hecho de que en algunas ruinas aztecas, creo, hayan aparecido relieves de personas con trajes espaciales en una especie de nave con un cuadro de mandos incluso, también hay que recordar que los estudiosos dela Atlántidahablan de civilizaciones muy avanzadas casi como la nuestra que vivían enla Tierraantes del gran cataclismo que ocasionó el hundimiento dela Atlántidaen el mar y la extinción prácticamente total de estas civilizaciones, digo prácticamente total porque se cree que algunos sobrevivieron y fueron considerados dioses por las civilizaciones posteriores.

En definitiva vuelvo a recomendar a esta autora y este libro en concreto, no os va a defraudar.

BELÉN JIMÉNEZ

OTROS LIBROS DE MATILDE ASENSI:

EL ÚLTIMO CATÓN

IACOBUS

TODO BAJO EL CIELO

A petición de mi amiga y nuestra colaboradora Mari Tere, ahí os dejo lo que he encontrado de esta historia que aconteció en la Alhambra, acreditada tan sólo por una placa conmemorativa, y que ha traspasado el tiempo gracias al boca a boca.

Gracia, Tere, por hacerme sugerencias, que sabes que me encanta, además con esto me he enterado de cosas muy curiosas sobre la guarda del recinto de la Alhambra. Espero haberte ayudado y que ganes tu particular apuesta ;D

 

Según cuentan, a finales dela Guerradela Independencia, cuando las tropas de Napoleón ya se retiraban de Granada sometieron a la ciudad a un cruel expolio, como hicieron en todos los lugares que fueron dejando atrás. Saqueaban y destruían monumentos, colocando explosivos en los lugares más emblemáticos, con el fin de destruir el patrimonio español y saquear cuanto pudieran. Aunque esto es más bien una mala publicidad de los “patriota”, ya que existen datos histórico que nos dicen que en realidad los franceses no fueron tan “demoníacos” como se los pintó. Sin embargo, nuestra leyenda es así.

El mariscal francés Soult, decidió dar el golpe de gracia a Granada, destruyendola Alhambra (si no es para nosotros, no es para nadie).

Los franceses cargaron de pólvora todo el recinto nazarí y prendieron las mechas para deleitarse viendo como una tras otra, las maravillosas torres dela Alhambraeran reducidas a escombros y polvo. Y lo cierto es que de este modo lograron destruir muchas de las maravillas de la fortificación.La Torredel Cabo dela Carrerafue casi totalmente destruida, y algunas otras, comola Torredel Agua, sólo parcialmente.  

Sin embargo, cuando la mecha ya se acercaba a los palacios nazaríes, el cabo de Inválidos, José García, consiguió interceptar el reguero de pólvora a tiempo de salvar el mayor tesoro arquitectónico dela Alhambra.

Por este motivo, en el Patio de los Aljibes, a la entrada dela Alcazaba, hay una placa conmemorativa recordando a este personaje del que poco se sabe, a penas algunos datos transmitidos gracias a la tradición oral.

El cronista e historiador granadino Francisco de Paula Valladar, en un artículo publicado en 1912, se refiere a este heroico hecho y a su protagonista, resaltando la importancia de recordarlo mediante una placa enla Alhambra. Alparecer, esta fue la causa de que colocaran dicha placa poco tiempo después.

Sin embargo, los datos son tan escasos, que es difícil saber si el hecho pertenece a la leyenda o a la realidad. Lo cierto es que los historiadores dedicados ala Guerradela Independenciaconfiesan no haber encontrado ninguna referencia a este héroe en los archivos.

Al parecer, y siempre según la tradición oral, José García quedó cojo en la batalla de Bailén. Llegó a ser cabo del cuerpo de inválidos, antiguo cuerpo de las tropas españolas en la que ingresaban todos los soldados que tuviesen heridas o mutilaciones en batalla. Nuestro héroe ingresó en dicho cuerpo, siendo destinado junto con el resto del batallón al sitio de Granada. El principal cometido de este cuerpo era el de vigilancia. El cabo García murió en 1834 tras una larga convalecencia al haber contraído cólera.

Sin embargo, más allá de la leyenda, tal como os comentaba antes, los franceses al parecer no fueron tan crueles con nuestro patrimonio.

El comandante militar en Granada, Horace Sebastiani se enamoró de la Alhambra en 1810, quedando tan fascinado por estas ruinas que dominaban la ciudad que decidió instalar allí su comando. Él dio la orden para que el edificio fuera restaurado, convirtiendo las solitarias y descuidadas ruinas en una de las mayores maravillas del mundo.
Además, José Bonaparte, “Pepe Botella”, dotó a la Alhambra de un presupuesto para su conservación y restauración.
Los franceses restauraron la Alhambra y la fortificaron, convirtiéndola en un bastión militar. Las baterías de artillería se situaron en los Alixares, y especialmente se reforzó la zona de Santa Elena, la más alta del recinto nazarí.
De este modo es de entender, que la intención de volarla Alhambra se debiera al protocolo habitual seguido por el ejército napoleónico, que consistía en destruir las fortificaciones que abandonaban. Se volaron, siempre según los historiadores, los lugares puramente defensivos: diez torres de la zona alta yla Torre de los Siete Suelos.

Sin embargo, es bonito pensar en este héroe, casi anónimo, que salvo ala Alhambrade la destrucción arriesgando su propia vida.

Como curiosidad añadir que desde esa época, la vigilancia de los recintos dela Alhambrase encomendó al cuerpo de inválidos, concretamente se encargaron del cuidado de los bosques, parques y jardines. Este trabajo fue pasando de padres a hijos una vez fue disuelto el Cuerpo de Inválidos.

En 1996 María Victoria Carrasco, esposa del último vigilante dela Alhambraquién había nacido en esas mismas estancias, fue la última habitante del recinto monumental dela Alhambra.

 ESTEFANÍA JIMÉNEZ

AUTOR: Cassandra Clare

 SINOPSIS: En el Pandemonium, la discoteca de moda de Nueva York, Clary sigue a un atractivo chico de pelo azul hasta que presencia su muerte a manos de tres jóvenes cubiertos de tatuajes.

Desde esa noche, su destino se une al de esos tres cazadores de sombras, guerreros dedicados a liberar a la tierra de demonios y, sobre todo, al de Jace, un chico con aspecto de ángel y tendencia a actuar como un idiota…

 

 

OPINIÓN: 

Como he dicho en muchas ocasiones, soy una amante de la literatura fantástica. Además me encanta la literatura juvenil. Son lecturas entretenidas con las que pasar un rato divertido. Y para mí, si se mezclan fantasía, aventuras y amor… esto se convierte en un planazo para el fin de semana. :D

Pedí este libro para Reyes buscando un sustituto a la saga de Harry Potter (de la que me declaro fan), puesto que no había  leído ninguno del estilo que me enganchara desde entonces.

Sin embargo era algo reacia a empezarlo, creía que sería el típico libro “romanticoide” de adolescentes (que por otro lado también me gustan bastante :D ) pero nada más lejos.

La verdad es que es un libro muy divertido. Fantasía a mansalva, criaturas extrañas, batallas, héroes, amor imposible, malos “malísimos” y una historia oculta que se remonta en el tiempo y que se va desvelando poco a poco, con la medida justa.

Debo decir que me encantó. Es ameno, ágil y bastante intrigante.

La verdad es que no soy la única a la que le gusta, he investigado por ahí y la saga tiene muchísimos seguidores; así que, por supuesto, ya tienen pensado su adaptación al cine, que según he oído será para el 2012 (¡Genial!)

En resumen, a todos aquellos que os guste la fantasía, os lo recomiendo, sin duda os va a gustar. En especial si buscáis algo así como lo que nos ofreció Harry Potter, pues en ocasiones me lo recuerda bastante (y lo siento si hay entre mis lectores algún enemigo del mago, que sé que hay muchos, pero a mi particularmente me encanta).

A veces es bueno relajarse un poco de las tensiones de la vida y saborear un poco de magia. Esta primera entrega de la saga tiene todo lo necesario para olvidarse de la cruda realidad durante un tiempo, además, creo que es imposible terminarlo y no desear coger el segundo inmediatamente (yo lo hice, al menos).

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

Kiko se hacía mayor. Pero no porque le gustara por igual la cantante Britney Spears y los dibujos animados de “La bola del dragón”, una saga japonesa de los años noventa; sino porque estaba a punto de comprender que el dolor y la enfermedad, aunque no se expresaran, existen igualmente; que su latido silencioso corrompe toda alegría de vivir, incluso en los que mejor disimulan. Se iba a hacer mayor, a pesar de tener casi diez años…

—Julen, ¿qué le pasa a tu madre, por qué lleva hoy gafas de sol?

No respondió, parecía más interesado en el desarrollo de la batalla que Son Goku lidiaba contra Vegeta, su eterno rival, en el televisor.

Kiko le golpeó con un puño en el brazo.

—Aaah… —protestó con desgana Julen— ¡Yo que sé, ha dicho que hoy se levantó con una conjuntivitis o algo así!

—Bueno tío, me voy a merendar… —dijo Kiko.

Y ejecutó una extraña pirueta en la que juntaba las manos, por delante de la cara, al tiempo que flexionaba las rodillas inclinando el cuerpo hacia el frente.

—Oooooondaaa…—añadió llevando las manos hacia atrás, juntando las muñecas en un ángulo de noventa grados.

—¡No! ¡Hoy no estoy para juegos! —advirtió Julen.

—¡Vitaaaaal! —gritó Kiko desoyendo toda súplica.

Kiko asestó un golpe certero, con ambas manos, en el pecho de su amigo, que cayó de culo en el sofá… ¡Fantástico, había ejecutado la mejor “onda vital” de su vida! No permitiría que semejante hazaña quedara en el olvido tan fácilmente.

—¿Veis por qué no me gustan esos dibujos? —dijo Yolanda, la madre de Julen, desde la puerta de la cocina.

Los cristales oscuros de las gafas ocupaban media cara. Su mirada, y por lo tanto el reproche, se perdía en tierras sin luz… que niños como Kiko necesitan ver para comprender su sentido. ¡Je! Ni uno solo de los amigos del colegio se quedaría sin conocer la increíble “onda vital” que había ejecutado; y se reirían a carcajadas, obviando detalles como que Julen sufría un ligero retraso intelectual y que padecía de enanismo.

—Adiós —se despidió Kiko con prisas, reprimiendo una risotada.

La mochila de Kiko quedó olvidada entre los cojines del sofá. De una manera literal sus libros se habían volatilizado, sólo los recordaría media hora después cuando encendiera el ordenador para chatear en “tuenti”, y su madre le exigiera el cumplimiento de los deberes, como condición previa para disfrutar de su tiempo libre.

No importaba. Kiko y Julen eran vecinos de la misma urbanización, unos pocos portales no suponían ningún esfuerzo, y menos cuando tenía urgencia por relatar la proeza de hacer volar a Julen por los aires. La carrera le provocó una respiración entrecortada, fue consciente de ello cuando oprimió el botón del timbre.

La puerta se abrió con la desgana del que no espera nada, detrás apareció una Yolanda demacrada, sin gafas, sin pelo… con una mancha negra debajo de un ojo. ¡Esa no podía ser la madre de Julen!

—¡Uy, Kiko, si no te esperaba! —se excusó avergonzada por su aspecto.

El tono pretendía ser jovial, desenfadado, como si nada de lo que hubiera visto el niño fuera verdad. Kiko se quedó sin aliento, como si repentinamente hubiera descubierto un fantasma y el mero roce de ese muerto viviente pudiera contagiar el cáncer que se relamía en los restos de unos pechos extirpados.

La mujer ocultó la cabeza con un trapo, pero dejó la coronilla sin cubrir; tal vez porque no se la veía, o simplemente porque carecía de la habilidad de arroparse la cabeza.

—Se me ha olvidado la mochila…

Kiko comprendió de repente porque Julen estaba más triste y ausente que nunca, comprendió la razón de las visitas a tantos médicos, que a veces le impedían jugar con su amigo… La madre de Julen se moría lentamente. Yolanda lo sabía, Julen lo sabía… lo sabían todos menos él. Una lágrima resbaló hacia el suelo. Sin mediar palabra tomó la mochila y se marchó con la cabeza baja.

Se encerró en la habitación… Ya no quería chatear con nadie, no tenía nada de lo que vanagloriarse. Pero persistía en su cabeza la imagen de la “onda vital”. Era una idea que ahora le avergonzaba, que de tanta energía como tenía, positiva primero y negativa después, levantaba ampollas en el pensamiento.

Sin saber muy bien por qué, se orientó hacia la casa de Julen, y cerró los ojos. Reconsideró mejor la situación y los volvió a abrir. Apartó una silla, un monopatín, unos zapatos; dejando la zona central de la habitación despejada. Cerró nuevamente los ojos, y con movimientos pausados pero certeros atrajo hacia sus manos una porción de la energía del Universo.

Se imaginó a sí mismo en la habitación, con la mochila todavía sin abrir a un lado, con las rodillas flexionadas y el cuerpo hacia atrás, tratando de contener la energía que se acumulaba en sus palmas unidas por las muñecas. Una luz brillante chisporroteaba entre los dedos, creciendo cada vez más, haciendo que el resto de la estancia quedara a oscuras.

—Ooooooooondaaaaa…

Era una bola de energía pura, y como tal podría ajustarse a un fin determinado… Como destruir el cáncer que mataba a Yolanda. Sí, la bola viajaría atravesando paredes, sin impactar sobre ellas, sin gastar ni una millonésima parte de su energía, para explotar finalmente sobre esa pobre mujer. Cuando el polvo se disipara, y Julen aturdido se preguntara qué es lo que estaba pasando, descubriría a su madre de pie, sonriendo como solía hacer antes de la enfermedad.

—…¡Vitaaaaal!

Unos instantes después, unos golpecitos tímidos sonaron en la puerta de su habitación. No pedían permiso para entrar, sólo advertían la entrada inminente de un adulto.

—¿Estás bien, hijo? —se interesó su madre.

Le había oído gritar entre juegos muchas veces, incluso cuando lo hacía jugando a “La bola del dragón”. Pero siempre eran gritos alegres, guasones… En esta ocasión casi parecía un lamento, un llanto.

—Sí mamá.

Le había interrumpido, Kiko no terminó de visualizar el impacto de la “onda vital”.

—Por cierto —añadió el chaval antes de que su madre cerrara de nuevo la puerta— es posible que me oigas otra vez… Pero no es nada malo, de verdad…

Una madre sabe cuándo debe conceder un tiempo y un espacio, sin hacer preguntas, sin molestar. Y a pesar de que, en aquella tarde, se sobresaltó tres o cuatro veces más con los gritos de “onda vital”, no intervino. Cuando Kiko entró en la cocina, y la abrazó desde atrás, supo que su hijo lloraba en silencio.

Aceptó el abrazo sin preguntar, sabía que algún día Kiko contaría lo que ahora callaba.

—Sabes, cariño, que siempre puedes contar conmigo… para lo que sea.

Se apretó contra ella más fuerte; como si, abandonando el abrazo, temiera dejarla desprotegida ante cualquier enfermedad.

—Ya está, cariño. Ya pasó, mi niño.

Unos días después, encontró a su amigo Julen feliz, con una gran sonrisa en los labios.

—Aunque repitieron las pruebas varias veces, los médicos dicen que se habían equivocado… ¡Mi madre no tiene cáncer! —dijo sin dejar de sonreír.

Kiko le devolvió la sonrisa.

 

Fin

FEDERICO MANUEL

 
 
 
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