Archive for octubre, 2011


Ya sabemos que en la noche de todos los Santos, la puerta que separa el mundo de los vivos del mundo del más allá se abre para dejar salir a los difuntos; y también que estos se dedican a recorrer los pueblos de los vivos para volver a los lugares en donde ellos vivían.

En esta noche los difuntos visitan a sus familiares para comprobar si estos los siguen recordando. Para evitar que los espíritus nos molesten, los vivos debemos colocar una vela encendida en nuestras puertas y ventanas por cada persona fallecida en nuestra familia. De no hacerlo nos arriesgamos a que los espíritus perturben nuestros sueños provocando terribles pesadillas… O quizás, los más receptivos, sean capaces de captarlos sin necesidad de dormir… ¡escalofriante!

Como ya dijimos, la mayoría de estas costumbres tiene un origen celta. Eran los celtas los que iniciaron la costumbre de ahuecar nabos y encender carbones en su interior para lograr que la llama ardiera durante toda la noche y así evitar que los espíritus vinieran a sus casas a molestarlos.

Esta costumbre se deriva de una leyenda preciosa que, a pesar de la repercusión que ha tenido a lo largo de los años y de haber llegado hasta nuestros días, no es demasiado conocida. He leído que es de origen celta, de Escocia e Irlanda, pero imagino que la original no sería así, ya que ésta es más una leyenda cristiana que pagana. Os la voy a contar, espero que os guste.

Cuenta la leyenda que de  entre todos los espíritus que regresaban al mundo de los vivos en esta noche, había uno especialmente molesto: Jack el de la linterna.

Jack se dedicaba (y se dedica, teniendo en cuenta que su historia ha dado lugar a la fiesta tal como ahora se conoce en gran parte del mundo) a llamar a todas las puerta de las ciudades y aldeas gritando “truco o trato”. Portaba como única luz un nabo hueco con un carbón candente en su interior y la gente le temía pues era bien conocido lo cruel que había sido en vida. Lo más adecuado si Jack llamaba a tu puerta era hacer trato, costase lo que costase, pues de no hacerlo, él maldeciría la casa y a sus habitantes.

Para evitar que Jack llamara a las puertas, debían ahuecarse nabos y tallar terroríficas caras en ellos y después encender candelas en su interior. Con el tiempo éstos fueron sustituidos por calabazas ya que eran más fáciles de ahuecar y tallar.

Pero Jack, antes de convertirse en tan temido espíritu, fue un hombre vivo temido. En vida, Jack era llamado Jack “el tacaño”. Se trataba de un granjero que engañaba y mentía a sus vecinos. Todos lo odiaban por su maldad, por la cual se granjeó muchos enemigos. Era tan perverso e inteligente que la gente solía decir que podría rivalizar con el mismísimo diablo.

Un día este rumor llegó al orgulloso diablo y éste decidió comprobar por sí mismo si dicha fama era merecida. Satanás se disfrazó de hombre y acudió al pueblo de Jack. Lo encontró en una taberna  y estuvo bebiendo con él largas horas. En este tiempo pudo el diablo darse cuenta de que ciertamente Jack era un hombre pérfido y cruel y que merecía ir al infierno. Así pues, el diablo reveló su verdadera identidad al hombre y le dijo que venía para llevarlo con él por todas las maldades que había cometido con sus vecinos. Jack puso su agudo cerebro en funcionamiento y con aire compungido le pidió al diablo una última voluntad.

-¿Podría tomar una ronda más antes de que me lleves contigo?

El diablo no vio problema en concederle este último deseo así que pidió una última copa.

Cuando llegó la hora de pagar ninguno de los dos tenía dinero. Jack retó a su acompañante, que tanto presumía de poderoso, a convertirse en moneda y así salir del apuro. Lucifer, orgulloso donde los haya, lo hizo sin ningún problema, pavoneándose con el mortal. Una vez conseguido el dinero, Jack, en lugar de pagar la cuenta, lo guardó en su bolsillo donde siempre llevaba un crucifijo de plata. De este modo consiguió apresar al mismísimo diablo que se vio incapaz de hacer frente a su encarcelamiento con ninguno de sus poderes y artimañas.

Después de intentarlo todo, el diablo le preguntó a Jack qué quería a cambio de su liberación. Jack le pidió que regresara al infierno y que prometiera no volver a molestarlo en diez años.

Pero el tiempo pasó demasiado pronto y el diablo, enfurecido, regresó a por Jack diez años después. Éste se mostró sumiso y temeroso y Lucifer se sintió enormemente complacido. De esta manera, suavizado el diablo, Jack volvió a pedir un último deseo. Satanás, seguro de no caer esta vez en su trampa, decidió concedérselo.

-¿Podría tomar mi última comida? Mira aquellas manzanas en el árbol… están tan altas… pero parecen tan apetitosas… Seguro que tú, tan poderoso como eres podrías obtener una para mí.

Al diablo le gustó esa referencia a su poder y le concedió su deseo. Ascendió a la copa del árbol y cuando estaba allí, Jack talló a toda prisa una cruz en su tronco. De esta forma, el diablo volvió a quedar atrapado sin la más mínima oportunidad de escapar al agudo ingenio de Jack.

Esta vez el hombre no se conformó con unos años de paz y sólo accedió a liberar al diablo a cambio de obtener la promesa de que no lo molestaría ni reclamaría su alma nunca más. El diablo no tuvo más remedio que acceder.

Pero Jack, a pesar de haber engañado al demonio, no fue capaz de escapar a la muerte y ésta vino a llevárselo no demasiado tiempo después de su último encuentro con Satanás.

Jack se dirigió al cielo, pero al llegar a las puertas, San Pedro le negó la entrada a causa de sus malas accionas en vida. Así pues fue enviado al infierno. Pero, el diablo no lo podía acoger en sus dominios puesto que lo había prometido, además no lo quería allí  debido al trato que había recibido de ese mortal. Ahora le tocó al diablo reír y lo expulsó del infierno condenándolo a vagar por toda la eternidad sin ningún rumbo.

-¿Dónde puedo ir entonces? –gimió Jack desesperado.

-¡Vuelve por donde viniste, me trae sin cuidado! –contestó el diablo entre risas.

Pero el camino de regreso era oscuro y la niebla no le dejaba ver. El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido del mismísimo infierno como única luz que iluminara su caminar y éste lo colocó en un nabo hueco para evitar que se apagase.

Así fue como Jack el tacaño se convirtió en “Jack el de la Linterna”, es decir: Jack of the Lantern, abreviado con el tiempo en Jack O’Lantern. Y así es como vaga desesperado entre ambos mundos; y así es como en la noche de Samhain, cuando los muros que separan el mundo de los vivos y el de los muertos es más débil, Jack golpea las puertas de aquellos que no tienen lucernas encendidas y les grita: “Truco o trato”.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

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HALLOWEEN, SUS ORÍGENES

Aquí dejo otra entrada sobre los misterios del arte, que he leído. Una curiosidad es que Felipe II, cuando ya estaba tan enfermo que no podía moverse de su cama hasta el punto que en su habitación de El Escorial tenía una ventana que daba directamente a la capilla donde se celebraba la misa todos los días, ordenó que localizaran “El Jardín de las Delicias”  y lo mandó colocar frente a su cama para mirarlo a todas horas. No creo que fuera por su belleza estética precisamente aunque hay que decir que desde el punto de vista artístico es bastante bello.

BELÉN JIMÉNEZ

 

Las obras de El Bosco suelen mostrar diversas escenas sin congruencia entre si, mostrando un gran desdén por las reglas de la naturaleza y la geografía. Los personajes son diablos, lechuzas, monos, peces antropomorfos y animales fantásticos, entremezclados con doncellas desnudas, obispos, músicos, mendigos, monjas, lisiados, niños, ancianos y figuras que comparten lo humano con lo zoológico e incluso lo vegetal. Las escenas muestran motivos satíricos de erotismo y violencia junto a alusiones a los pecados capitales, las ignominias y las miserias del mundo terrenal.

Los cuadros de El Bosco ocultan un intencionado mensaje para iniciados. Su temática es una denuncia burlesca de los abusos dela Iglesia y la aristocracia, la tosquedad de la plebe, los vicios de todos y en general la decadencia de los valores espirituales y éticos. Pero hay una segunda interpretación que alude a conceptos esotéricos más transcendentes.

El Bosco pintó al óleo el tríptico de “El Jardín de las Delicias” iniciado en el s XVI, posiblemente en el 1504, el panel del centro es una pintura de 220×125 cm, los laterales son de igual altura pero de 97 cm de ancho. El panel de la izquierda representa el Cielo y el de la derecha el Infierno.

El cuadro central despliega una serie de escenas excéntricas protagonizadas por personajes desnudos y, aunque rozan lo obsceno, no demuestran sensualidad sino una intencionada axesualidad, como si el artista quisiera desnudar la miseria física y espiritual de los pecados carnales.

El cuadro presenta tres sectores horizontales separados entre si por arbustos. En el tercio inferior, las figuras aparecen más cercanas al espectador y se dedican juegos eróticos diversos, incluyendo la zoofilia, el cunnilingus o la sevicia entre peces muertos y objetos estrambóticos de oscuro simbolismo.

Más arriba se ve la orilla de un lago sobre el que surgen varios pájaros enormes, sigue una serie de escenas de carácter onírico, en las que nuevos personajes desnudos continúan los actos impúdicos.

La parte central es un prado de hierba con un estanque en el medio donde se bañan varias jóvenes desnudas, a su alrededor gira una cabalgata de jinetes desnudos que montan toda suerte de cuadrúpedos. A cada lado nuevas escenas en las que grupos de nudistas interactúan con seres u objetos fantásticos.

En el tercio superior aparecen cinco grandes moles que podrían ser fortalezas o castillos hechos por un arquitecto enloquecido. De la base de las dos construcciones centrales brotan dos arroyos que desembocan en un río sobre el que flota una especie de esfera gigante metálica decorada con una columna. En estas formas hay seres diminutos y desnudos.

Los estudiantes han encontrado más de 50 temas principales en “El Jardín de las Delicias” además de los personajes sueltos que hay.

El cuadro es un gran fresco del mundo que, siendo fantástico, es  no obstante terreno. La idea de que el creador no fue Dios sino Satanás fue la base de la cosmogonía de ciertas corrientes gnósticas, especialmente del catarismo medieval

Los cátaros habían sido proscritos en 1207 y eliminados poco después mediante una cruel cruzada de exterminio. No obstante, su culto permaneció de forma subterránea en otras regiones, como en la Lombardía, el Véneto y los Balcanes. Se cree que El Bosco era una suerte de cátaro oculto 300 años después, a comienzos del s. XVI. Intentaremos dedicar una entrada de Ecos a los Cátaros.

Los cuadros de El Bosco son alegorías del mundo que nos rodea, un mundo pervertido que sólo puede ser una invención satánica.

“El Jardín de las Delicias” es la prueba de que El Bosco seguía las corrientes del catarismo. Esta interpretación comienza por los laterales del tríptico: en el panel de la izquierda se presenta un Paraíso sospechoso, donde el Jesús que sostiene la mano de Eva puede ser tanto el salvador que la redime de su pecado como el Demonio disfrazado que la impulsa a cometerlo. En la fuente se esconde una lechuza, ave asociada a lo satánico tanto en la brujería medieval como en el arte flamenco.

Tampoco el infierno representado en la derecha es un infierno cristiano, se trata en realidad dela Tierra después de la desaparición del catarismo.

La presencia de una serie de claves y mensajes gnósticos es evidente en su obra, no sólo en “El Jardín de las Delicias” sino también en otras obras como “El Carro de Heno”, un tríptico cuyo panel central presenta un inmenso carro sobrecargado de heno y tirado por seres monstruosos. Sobre el heno se desarrolla una escena aparentemente idílica, en la que un albo tañedor de laúd sigue la partitura que sostiene en sus manos una mujer de actitud serena. Un tercer personaje asoma entre ellos para guiar con el dedo la lectura, y el trío está flanqueado por un ángel en éxtasis y un demonio que toca la cornamusa, símbolo fálico en la imaginería medieval. Detrás se ve un gran arbusto entre cuyo follaje asoma una pareja abrazándose y más atrás un hombre que los espía, sobre una rama una lechuza.

Detrás del cargamento de heno hay un cortejo encabezado por el Papa, el Emperador y el rey con un variado cortejo, como si los poderosos siguieran el destino del carro arrastrado por los monstruos hacía el infierno. Por debajo, grupos de mujeres, hombres y frailes luchan para coger el heno con distintas herramientas, incluso puede verse a un hombre degollando a otro en el suelo. En la parte inferior se ve a un buhonero con dos niñas posiblemente secuestradas, una escena con mujeres y tres niños, un sacamuelas con todos sus artilugios hurgando en la boca de una mujer y tres monjas cargadas con sacos de heno robado junto con un fraile gordo que bebe vino, una de las monjas está robando el saco de heno a un extraño personaje vestido de verde que toca la gaita. Sobre todo el conjunto y como bendiciendo la escena, Jesús con el taparrabos de la crucifixión y el manto rojo de redentor. El Bosco pinta así a un Jesús pequeño y distante, de gesto inseguro, cara infantil y sexo indefinible.

Os animo a que busquéis alguno foto ampliada de estos cuadros y los analicéis vosotros mismos, mucho mejor si tenéis la posibilidad de ir a verlos en persona al museo del Prado.

En cualquier caso aquí os dejo unos enlaces a unas imágenes que yo he encontrado; además, la del Jardin de las Delicias va acompañada de una entrada preciosa.

http://bibliosenda.blogspot.com/2011/05/alberti-pinta-con-palabras-el-jardin-de.html

http://www.turismoyarte.com/regiones/madrid/escorial/pinturas3.htm

 

FUENTES:

“El museo secreto” ; Ernesto Frers

SANTO ROSTRO

Las vera icon (en latín verdaderas imágenes) son las reliquias que se consideran verdaderas imágenes de Cristo, como el paño de la Verónica o Santa Faz, el Mandylion de Edesa, la Sábana Santa de Turín o el Santo Sudario de Oviedo.

Según la tradición católica, durante la Pasiónde Cristo, una mujer se quitó su velo para secar con él la cara del Mesías. La imagen de la cara de Jesucristo quedó impresa en el pañuelo de lino y éste se conservó a través de los siglos, convirtiéndose en un objeto de culto para los creyentes.

Este episodio no se encuentra en los Evangelios canónicos, la cita más antigua que de él existe data del siglo V, en el Evangelio apócrifo de Nicodemo.

La mujer, Santa Marcela, más tarde sería llamada Verónica (nombre derivado del término latino del que hablábamos al principio:”la verdadera imagen”). El sudario que empleó para secar el rostro de Cristo estaba doblado, por lo que quedaron estampados tres rostros en sus dobleces. Uno de ellos, según la tradición, es el que está guardado bajo siete llaves en la Catedral de Jaén (es cierto que son muchas las puertas que hay que abrir para acceder desde la calle hasta la reliquia, pero no sé si realmente serán siete, la verdad). El Santo Rostro, es una de las imágenes a la que los jienenses profesan mayor devoción.

No se sabe con certeza cuándo llega esta reliquia a Jaén, sin embargo sobre su origen existen varias versiones y leyendas.

Una de ellas asegura que fue San Eufrasio, uno de los varones apostólicos y primer evangelizador de las tierras de Jaén, el que la trajo hasta nuestra tierra. Pero no existen pruebas documentales que apoyen esta teoría salvo la tradición oral.

Otra versión de la presencia del Santo Rostro en Jaén se remonta al s. XIV. Don Nicolás de Biedma ocupó la sede de Jaén en dos períodos: 1368-1378 y 1381-1383. Se dice que pudo haber sido él quien trajese a Jaén la Verónica, como es llamada la reliquia en los documentos de la época. Don Nicolás de Biedma habría obtenido la reliquia del Papa Gregorio XI (1370-1378), en el año 1376, como agradecimiento por el encargo que se le hizo para que visitara y reformara numerosas casas religiosas de los obispados de Sevilla, Córdoba, Badajoz, Plasencia, Cádiz, Coria y Jaén.

Ésta podría ser la explicación más razonable, aunque, como apasionada de las leyendas, me quedo con la que nos cuenta el jiennense Rafael Cámara Expósito, presidente de la asociación cultural IUVENTA (www.iuventa.org).

Cuenta dicha leyenda que, estando cenando el obispo Don Nicolás de Biedma en Jaén, escuchó unos ruidos procedentes de  una redoma. Centró su atención en ellos y descubrió que se trataba de unos diablillos que en ella había encerrados. Éstos se reían y burlaban de la suerte del Papa, ya que éste era un gran pecador y en el infierno estaban esperando ansiosos su muerte para celebrar una fiesta, pues el pontífice se uniría a ellos en el abismo.

El obispo quedó estupefacto y temió por el terrible destino que esperaba al papa si no hacía nada por enmendar sus pecados. Decidió que debía ayudarlo y tratar de hacerle llegar un aviso, sin embargo Roma estaba demasiado lejos como para conseguir que su alerta llegara a tiempo.

Entonces a Don Nicolás se le ocurrió la genial idea de pedir ayuda a los propios diablillos que eran fanfarrones y descuidados. Así fue cómo de dirigió a las criaturas y les pidió que le llevaran a Roma volando sobre sus espaldas. Uno de los diablillos le dijo que él sería capaz de llevarlo si a cambio el obispo, del que todos conocían su glotonería, le daba las sobras de su cena durante el resto de su vida. Don Nicolás accedió gustoso y así fue como el propio diablillo lo llevó junto al papa.

El pontífice escuchó anonadado la historia del obispo de Jaén, y arrepentido recapacitó por todos sus pecados y pidió perdón a Dios por ellos. De este modo, el papa consiguió salvar su alma.

En agradecimiento por ello, el papa entregó a Don Nicolás la reliquia del Santo Rostro.

Desde aquel entonces, el obispo jamás volvió a cenar otra cosa que no fuera un cuenco de nueces, por lo que la parte que correspondía al diablillo sólo eran las cáscaras.

¡Preciosa historia! Por cierto, debo decir que he encontrado la leyenda referida tanto a don Nicolás como a San Eufrasio, sin embargo, la leyenda referente a San Eufrasio, nos cuenta que el pecado del papa era que estaba enamorado de una mujer y por eso su alma estaba condenada (las mujeres siempre… en fin). En esta leyenda el pontífice le entregó al santo dos pliegues del sudario de la Santa Faz, pero cuando éste volaba a lomos del diablillo de regreso a Jaén, uno de ellos se le escapó de las manos y se perdió en el mar.

Pero, leyendas a parte y volviendo a lo que en realidad pudo haber sido, lo cierto es que existen hechos contradictorios con respecto a la posibilidad de que el Santo Rostro estuviera en poder de Don Nicolás, ya que cuando éste hace testamento, declara heredera universal de sus bienes a la catedral de Jaén, sin embargo en el testamento no hace referencia alguna a la reliquia.

Aunque sí que hay constancia de que la Verónica se guardaba en el sagrario de la iglesia mayor por entonces, y sólo era mostrada a los fieles en dos ocasiones: el Viernes Santo y el día de la Asunción y con ella se bendecían los campos de Jaén desde los balcones de la catedral.

Según una tercera versión de la historia, San Eufrasio fue el que la trajo, después, con motivo de la invasión musulmana, la reliquia fue escondida. Cuando Fernando III el Santo conquista Jaén en 1246, reaparece la reliquia, que San Fernando se lleva como protectora de su ejército a la conquista de Sevilla, donde permaneció hasta que el obispo don Nicolás de Biedma, al visitar la diócesis sevillana, la recupera y la devuelve a la Catedralde Jaén.

Las fechas en las que la reliquia era mostrada a los fieles en la catedral, eran motivo de numerosas afluencias de peregrinos que acudían al Santo Reino para poder besarla.

Para evitar los inconvenientes derivados de tal congregación de personas, el obispo Don Rodrigo Marín Rubio costeó de su propio peculio, en 1731, un precioso relicario, realizado por el afamado orfebre cordobés Francisco José Valderrama, que fue completado por el lazo que la Duquesade Montemar donó en 1823.

Durantela Guerra Civil, las autoridades del bando republicano, utilizaron la Catedral jiennense como prisión. Pero antes de darle ese uso, hizo un expolio de obras de un gran valor artístico. Entre algunas piezas saqueadas, sobresalen la preciosa Custodia, la cual fue robada y fundida; la Cruzde jaspe, etc. La reliquia del Santo Rostro no fue ajena al expolio. Por suerte, una vez acabada la guerra, apareció en un garaje en las afueras de París. El Gobierno, tras largas negociaciones, logró recuperarla. La recuperación del Santo Rostro está fechada en febrero de 1940. Por desgracia el lazo de la Duquesa de Montemar desapareció y tuvo que ser sustituido por otro.

No podemos terminar la entrada sin reconocer que son varias las iglesias que dicen poseer el verdadero Santo Rostro, y, si nos dejamos guiar por la leyenda de la Verónica, esto sería posible, ya que como hemos dicho, el rostro de Cristo se imprimió en cada uno de los dobleces del sudario que ella le ofreció. 

Las iglesias que dicen poseer tal reliquia son: la Basílicade San Pedro en Roma (cómo no), nuestra catedral dela Asunción de la Virgen en Jaén,la Basílica del Sacré Coeur en París, el Monasterio de la Santa Faz en Alicante, yla Ermita del Santo Rostro Honrubia en Cuenca.

Pero, ya que se dice que la catedral de Jaén, una de las más grandiosas y bonitas de España, fue concebida para albergar al Santo Rostro, que queréis que os diga, como jiennense que soy, pienso que, si alguna hay verdadera, esa es sin duda la nuestra.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 FUENTES:

-          WIKIPEDIA

-          Asociación IUVENTA (www.iuventa.org)

-          www.webjaen.es

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 EL CUADRO DE LA MECEDORA (CATEDRAL DE JAÉN)

LEYENDA DE NUESTRO PADRE JESÚS (JAÉN)-EL ABUELO

CATEDRAL DE JAÉN

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