Archive for noviembre, 2011


“Y SÍ…” -MARISA MORAL MORENO

 

 

 

 

Hoy os dejo otra colaboración de mi amiga Marisa, la que he intentado completar con una poesía mía, tratando de poner tanto sentimiento como ella le pone a todo lo que hace.

Espero que os guste, especialmente a tí, Marisa. Y espero con esto darte una palmadita en estos días difíciles que sé que estás pasando.Un besazo.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

MÁS HUMANA

Sentada junto al cielo

busco en él mil luces de esperanza.

Una y otra vez junto a mí pasan,

fugaces destellos.

No más de un segundo ilusorio

de pasión fría y robada.

El tiempo no espera

y me asusta su paso en mi alma.

Se arrugan en mí los sentimientos

y el calor se torna apagado

en el interior de mis latidos.

Los reflejos de esta noche

me sirven para pensar en silencio.

Los gritos de las estrellas buscan atraparme

mas no me detengo a escucharlas ya.

Lo siento, ya no siento nada.

Estoy helada.

Mi alma partida en mil,

contempla una vez más

esa luna ya tan lejana,

y cada vez más…

Soy feliz.

Sí, no lo dudo.

Pero qué vacías se hacen las noches…

Esas frías noches.

Aquellas en las que me siento

junto al cielo y miro destellos.

Aquellas en las que la luna se torna,

antes tan presente,

ahora tan lejana.

Ilusiones que abandonan los sueños.

Despertares a una vejez de fantasías.

No busco ya los pensamientos

ni me acompañan los sueños.

Estoy creciendo en realidades tristes.

Apenas sí imagino ya mis lunas pasadas.

No, no estoy triste por crecer,

soy feliz con mis tesoros.

Pero toda una cadena de sueños

van despertando uno tras otro,

y al despegar los ojos algo más

cada vez envejece,

y me hace más real;

sí, más… humana.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

Hoy, como no podía ser de otro modo, os traigo la sinopsis de mi libro, ya que acabo de estrenar un blog en el que me gustaría compartirlo con todos vosotros.

Espero que os guste,( y que lo sigáis tanto como a Ecos de la Distancia :D )

Deciros que es la primera vez que lo intento con un libro, así que no seáis demasiado duros conmigo, eh? :D Espero que os guste y que me déis vuestra sincera opinión.

Un saludo;

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

www.habitandolaeternidad.wordpress.com

http://www.facebook.com/habitandolaeternidad 

El gran continente se hunde bajo el mar. Durante siglos sus habitantes han vivido aislados, manteniéndose ocultos al resto de la humanidad.

Ellos eran los grandes elegidos, los seres más evolucionados sobre la tierra… Pero su gran ambición los ha llevado al desastre. Han jugado a ser dioses y la Naturaleza los ha castigado.

Ahora, los atlantes ven como su gran imperio es engullido por la furia del mar mientras ellos, divididos y desolados, parten en busca de un nuevo hogar.

El país de Kemet les abre las puertas, pues perciben que aquellos seres procedentes del mar poseen un poder muy superior al de resto de los hombres. Ellos, agradecidos, juran cuidar de aquellos hombres eternamente.

Sin embargo, no todos los atlantes están de acuerdo con este pacto. La antigua ambición aún pervive en el corazón de Set, quien hará todo lo posible por imponer su superioridad. Tras años de planear su estrategia, se ha aliado con los bárbaros hicsos, que siempre han ambicionado las riquezas de Egipto.

Iris, conocida en Egipto como “Sejmet” (diosa de la guerra), reside en Menfis, tratando de pasar desapercibida. Pero la guerra ha estallado, Egipto se enfrenta a una terrible amenaza y tan sólo ella puede detener la furia y ambición de Set.

Iris preparará al país para la guerra, reuniendo un poderoso ejército de hombres fieles. Será de este modo como el destino la conducirá hasta Khamuni, un preso fugado de las canteras, que con el tiempo llegará a convertirse en una pieza clave para el ejército menfita.

Ambos se verán arrastrados por una profunda pasión, a pesar de pertenecer a mundos distintos y de la constante amenaza de la muerte.

En medio de cruentas batallas, en un tiempo azotado por la debilidad del régimen faraónico, la traición y la crueldad de los invasores, ambos comprenderán que sus sentimientos son más fuertes que la guerra, la distancia, la muerte, e incluso que la eternidad.

 

 

Hoy os traigo una leyenda de amor muy conocida y muy bonita, con todos los ingredientes que me gustan: reyes, judías hermosas y un amor que duró más allá de la muerte y cuya historia llegó hasta nuestros días convertida en leyenda.

Espero que os guste.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

El rey de Castilla, Alfonso VIII, (Soria 11 Noviembre de 1155, Gutiérrez Muñoz, Ávila 6 Octubre 1214), del que ya hablamos en otra leyenda aquí en Ecos de la Distancia (LA VISITA NOCTURNA (LEYENDA ASTURIANA)), se casó con Doña Leonor de Plantagenet (1160-1214), hija de Enrique II de Inglaterra. Decían que era una mujer bella, pero  bastante fría e irascible (vamos, la historia de siempre, una mujer que tuvo que dejar su país para casarse con un rey que no conocía y que probablemente no le gustaba).

El matrimonio se trasladó a Toledo donde por entonces se ubicaba la Corte de Castilla. Desde allí, Alfonso dirigía su reino con justicia y cerebro.

Era el rey muy aficionado a la caza y solía practicarla a menudo. En una de esas partidas de caza, mientras perseguía un jabalí, vio el rey en el cielo un hermoso halcón que perseguía a una indefensa paloma a la que ya había herido de gravedad.

Alfonso decidió ayudar al animalito y poniendo una flecha en su arco disparó al halcón, hiriéndolo de muerte en el pecho. Como trofeo de caza, el rey decidió ir en busca del animal que había caído en el jardín de un lugareño.

Se acercó a la casa que pertenecía a una muchacha judía llamada Raquel, huérfana y que vivía sola en el solar que le habían legado sus padres.

Al ver a la muchacha por primera vez acudieron a la memoria de Alfonso todas las habladurías que había escuchado en Toledo acerca de la hermosura de una joven judía llamada Raquel. Esa muchacha no podía ser otra que la que se encontraba frente a él, pues la chica era tan hermosa que desde el preciso instante en que la viera ya no pudo borrarla de su memoria.

Pero también la joven Raquel quedó prendada de aquel apuesto caballero aguerrido que se internó en su jardín y que la miraba como si ella no fuera una sencilla judía que dedicaba sus días a preparar pociones curativas, sino como la más noble de las reinas.

Desde que ambos se vieran por primera vez, ya no pudieron apartar sus pensamientos el uno del otro. Raquel vivía sus días suspirando por el apuesto rey, y Don Alfonso no podía dejar de pensar en la hermosa judía ni un segundo, hasta tal punto que tal situación comenzó a afectar a sus obligaciones como monarca y como esposo.

Así que finalmente cedió a sus verdaderos deseos y volvió a encontrarse con Raquel.  Desde entonces ambos vivieron un apasionado romance, pero aquella relación estaba condenada al fracaso: él era cristiano y ella judía, él estaba casado y además: ¡era el rey de Castilla!

Sin embargo, Alfonso estaba tan perdidamente enamorado de Raquel, que estaba dispuesto a renunciar a su reino por ella. Así que, arriesgándose a ser descubierto, hizo trasladar todas las pertenencias de la muchacha a un lugar apartado en el palacio real.

Con el tiempo, Alfonso acabó pasando más tiempo en aquellas estancias en las que habitaba Raquel que en el resto del palacio, ya nada le importaba a él el reino, la Iglesia o su esposa Leonor. Para él no había nada más importante que su amada judía.

Aquella situación duró más de siete años y el reino de Castilla corría un gran peligro, abandonado y sin monarca que lo gobernara, así que los nobles y el pueblo, hartos ya de semejante situación, comenzaron a ponerse en contra de Alfonso. En Toledo no se hablaba de otra cosa que de la bruja Raquel que había hechizado al rey de Castilla con sus pociones y de ese modo usurpaba las riquezas del reino.

Doña Leonor tenía que soportar la humillación y el despecho en silencio, soportando el dolor que tal situación le causaba y tratando de mantener la compostura como era propio de una reina de Castilla y de una Plantagenet. Pero por dentro estaba corroída por el odio y la amargura.

Para la reina, los nobles y el pueblo, todo el respeto que Alfonso VIII de Castilla se había forjado con hazañas grandiosas, quedó sustituido por el desprecio y las burlas por culpa de sus amoríos con Raquel.

Fue la misma Leonor, harta de semejante humillación y preocupada por el destino del reino, la que decidió actuar. Si el rey era incapaz de dejar a la bruja, entonces habría que librarse de ella. De este modo la reina contrató a dos asesinos y un día le llegó mensaje a Don Alfonso de que su esposa deseaba hablarle con urgencia. Él no deseaba un enfrentamiento con la fría Leonor a la que detestaba, pero finalmente, ante la insistencia de ésta decidió acceder.

Aprovechando esta circunstancia, los sicarios entraron en las dependencias donde se encontraba Raquel acompañada de su sirviente judío. Los asesinos obligaron al sirviente a dar muerte a la hermosa judía, pues ellos la odiaban demasiado y no deseaban manchar sus espadas con su sangre.

Cuando Alfonso llegó a sus dependencias encontró a su amante muerta en un charco de sangre, junto con su sirviente.

Loco de ira y dolor hizo colgar a los asesinos y perseguir por todo el reino a todos cuantos hubieren dicho alguna vez algo malo de su amada Raquel. Hubo numerosos encarcelamientos y castigos durante aquellos días que duró la locura del rey, incluso Leonor, de la que Alfonso pronto conoció su culpabilidad en el asunto, fue enviada a un convento a Galicia, para no tener que volver a verla jamás. De buen gusto la habría asesinado con sus propias manos si ella no hubiera sido tan poderosa.

Apaciguada la ira, el rey se sumió en un profundo dolor. Mandó construir un túmulo funerario digno de una reina para su hermosa amante y en él pasaba Alfonso los días consumiéndose poco a poco por la pena.

Se dice que sólo la muerte de sus hijos hizo volver al rey en sí. En sus últimos años, Alfonso deseó participar en algunas batallas contra los moros, y decían aquellos que cabalgaban junto a él que se enfrentaba a los enemigos con ferocidad y que cuando éstos atacaban, lanzaba lejos el escudo, buscando al parecer la muerte.

Finalmente, Alfonso VIII murió el 6 de Octubre de 1214, en una aldea llamada Gutiérrez Muñoz, a causa de unas fiebres. Aquellos que presenciaron su muerte contaron que sus últimas palabras fueron para la hermosa Raquel, que al parecer le llamaba. El rey murió sonriendo.

Otra versión de la leyenda nos dice que Raquel, al morir, se convirtió en paloma, en honor al bello animal gracias al cual había podido vivir tan felices días junto a Alfonso. Al morir él, también su alma se convirtió en paloma, y ambos volaron juntos de nuevo, reunidos más allá de la muerte.

 

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