Categoría: GRANDES PERSONAJES


"RAMSÉS"- LUÍS M. FUILLERAT

Hoy, para acompañar a este extraordinario dibujo, me gustaría hablaros de uno de mis personajes históricos favoritos: Ramsés II, cuyo reinado fue muy largo y el más esplendoroso, a caballo entre la real heroicidad y la leyenda antigua.

El reinado de Ramsés II posiblemente sea el más prestigioso de la historia egipcia tanto en el aspecto económico, administrativo, cultural o militar. Gracias a la gran cantidad de archivos, inscripciones y restos arqueológicos que se conservan relacionados con su persona, se conoce relativamente bien este periodo histórico.

El visir Pa-Ramessou ya era mayor cuando el faraón Horemheb lo nombró sucesor al trono al carecer él de descendencia. Reinó bajo el nombre de Ramsés (el I). Tenía un hijo, Setos, maestro político y militar, casado con Tui, miembro de una ilustre familia de militares.

El hijo de Setos, Ramsés, predestinado a ser el más grande faraón de la historia, nace hacia el año 1326 a.C.

Ramsés II pasó su infancia en compañía de sus dos hermanos y sus dos hermanas. Desde pequeño fue educado para heredar la doble corona. Como todos los hijos de la clase alta egipcia, un profesor le enseñaría a escribir e interpretar las imágenes escritas, a conocer los astros, historia y literatura, matemáticas y geometría, y todo lo relativo a la religión. Físicamente fue preparado para que en su futuro como faraón fuese el mejor auriga y arquero.
Hacia los diez años fue nombrado heredero y comandante en jefe del ejército (según la estela de Kuban) y ya acompañaba a su padre en algunas campañas militares.

Su primera misión en solitario le fue encomendada con veintidós años y consistía en poner fin a un alzamiento en Nubia. El éxito de esta expedición, en la que le acompañaron dos de sus hijos de cuatro y cinco años, y la demostración de su valía en el terreno militar, fueron grabados en los muros de un pequeño templo cercano que él mismo mandó construir.

Ramsés era el lugarteniente y delfín de su padre que le enseñó su función de rey y le hizo beneficiario de honores y atribuciones reales.

Como príncipe regente y comandante del ejército, Ramsés II debía conocer cuanto antes todas las responsabilidades de su futuro cargo, para ello su padre le encargó la supervisión de las minas de Assuán, de donde provenía parte importante del granito con el que se construían templos y estatuas.

Ramsés participó además en la supervisión de las construcciones de Abidos, iniciándose de este modo su afición a las edificaciones.

Setos murió tras 11 años de reinado y Ramsés fue coronado y convertido en sol de Egipto a los 25 años, hacia el año 1279 a.C (fecha aún discutida). A partir de ese momento su vida fue la de un rey-dios, hijo de dioses, objeto de culto y adoración general. Fue un faraón tan absoluto como su padre y llegó a identificarse con Dios más que los gobernantes anteriores.

Escogió sus cinco nombres guiado por la ideología imperial:

  1. El nombre de Horus: “Toro victorioso amado de Maat”
  2. El nombre de las dos diosas: “Protector de Egipto, conquistador de tierras extranjeras”.
  3. El nombre de Horus de Oro: “Rico en años, grande en victorias”.
  4. El nombre del rey del Alto y del Bajo Egipto: “Ra es poderoso de Maat” (Usermaatre)
  5. El nombre de hijo de Ra: “Nacido de Ra, amado de Amón” (Ramsés- Meriamón).

Ramsés tuvo un harén propio desde la adolescencia, pero sus dos grandes esposas reales, madres de sus herederos, fueron Isisnofret (Isetnefret) y Nefertari, la bien amada, a la que al parecer debió amar mucho.

Contrajo dos matrimonios diplomáticos con dos princesas hititas y también se casó con cuatro de sus hijas, entre ellas la hija que tuvo con Isisnofret, Bentanat, y Merytamón, fruto de su matrimonio con Nefertari.

Al parecer Ramsés concibió a lo largo de su vida alrededor de 100 hijos.

Desde el principio de su reinado se propuso continuar la labor de su padre para conducir el imperio hacia la grandeza. Sus primeros esfuerzos estuvieron encaminados a mantener la paz interior alcanzada en los reinados anteriores, evitando en la medida de lo posible influencias del poderoso clero. Para ello se rodeó de grandes personajes de confianza como el sumo sacerdote Nebunenef y el visir Paser.  El soberano siempre escogió a sus colaboradores de mayor rango de su entorno más cercano y a los más dignos de confianza: el sumo sacerdote de Amón Bakenjonsu; el virrey Setaú, Amenemipet “el fiel mensajero real a todos los países extranjeros”, o Ashahebsed, copero mayor encargado de supervisar los trabajos de Abu Simbel.

Comenzó su reinado con el traslado de la capital desde Tebas hasta Tanis, en el delta, a fin de situar la residencia real cerca del punto de mayor peligro para el imperio, la frontera con Asia. Sus primeras campañas militares se dirigieron a recobrar las fértiles tierras de «entre ríos», en los valles de los ríos Tigris y Éufrates, y ya en el cuarto año de su reinado comenzaron las incursiones por Asia. La primera de ellas tuvo como objeto someter Palestina, a fin de obtener una base de operaciones que le permitiera invadir Siria, tal como había hecho su padre con relativo éxito. Al año siguiente, los hititas allí instalados le dejaron avanzar hasta el río Orontes, a los pies de las murallas de Kadesh, donde fue cercado por el ejército enemigo. Creyendo haber ganado la batalla, los hititas intentaron el asalto al fortín del faraón para repartírselo. En medio de la confusión, Ramsés cargó contra ellos y transformó la derrota en una relativa victoria. Su hazaña en Kadesh se cantó en una de las muestras más brillantes de la poesía épica egipcia: el Poema de Kadesh, profusamente grabado en los templos.

Trece años después de la batalla de Kadesh, logró firmar un tratado de paz, el primero del que se tiene noticia histórica, con el rey hitita Hattusil. Dicho tratado se vio reforzado una década más tarde merced a los sucesivos matrimonios de Ramsés con dos hijas del rey.

Dada la prosperidad del país, se supone que fue un administrador competente y un rey popular.

Ramsés llevó a cabo a lo largo de su reinado un gran programa constructivo. Su nombre se encuentra en numerosos monumentos de Egipto y Nubia. Su instinto lo llevó a convertirse en el «rey constructor» por excelencia: engrandeció Tebas, completó el templo funerario de Luxor consagrado a Amón-Ra, formando un conjunto con el erigido por Amenhotep; erigió el Ramesseum, en la colina de Sheij abd el Gurnah, junto al que se levantaría un palacio donde supervisar las obras; terminó la sala hipóstila de Karnak e hizo importantes reformas en el templo de Amenofis III.

Para llevar a cabo estas empresas arquitectónicas era necesario un abundante flujo de oro, procedente en su mayoría de la zona sur del país.

Uno de los problemas con los que contaba esta vía aurífera era la escasez de zonas de avituallamiento, especialmente de agua, dedicándose Ramsés a la perforación de pozos para solucionar el problema hidráulico. De esta manera pudo aumentar la llegada de oro para mantener su programa arquitectónico, con el que se congratulaba con los dioses.

En los últimos años de su reinado, Ramsés pudo apreciar cómo se iniciaban las presiones de los pueblos procedentes de Europa, pueblos que llegarán a tomar Egipto en el año 1200 a. C. Sin embargo, del famoso éxodo de los judíos y su amigo Moisés que tantos quebraderos de cabeza le dio, prefiero no hablar aquí, puesto que yo no comparto en absoluto la teoría de que fuera Ramsés realmente el faraón de aquel episodio. Así que si encuentro por ahí los datos suficientes algún día dedicaré una entrada al faraón Ahmoses, de quien se dice que fue realmente el que expulsó a los judíos de Egipto y sufrió una serie de plagas, además de tener que ver morir a su primogénito.

Ramsés tuvo una vida tan longeva que sobrevivió a muchos de sus descendientes, entre ellos a su hijo favorito Khaem-uaset, reputado mago y gran sacerdote de Ptah.

Murió casi centenario tras 67 años de reinado y su momia, descubierta en 1881, es la de un hombre viejo, de cara alargada y nariz prominente que, según el egiptólogo Esteban Llagostera, falleció como consecuencia de una caries del maxilar inferior que le provocó una infección sanguínea definitiva.

Falleció en Pi- Ramesses en vísperas del último jubileo. El cortejo fúnebre remontó el Nilo con gran pompa hasta Tebas donde el faraón penetró en su morada eterna.

El reinado de Ramsés supone en todos los sentidos el punto culminante de la historia faraónica. El poder imperial de Egipto, su esplendor político, religioso y cultural, la eficacia de la administración, la cantidad y grandeza de sus monumentos, y la paz y la prosperidad general no volvieron a ser igualadas jamás en le tierra de los faraones.

En el trono de Egipto dejó a su hijo Merenptah, fruto del matrimonio con Isetnefret, nombrado heredero tras el fallecimiento de algunos de sus hermanos mayores, que mantuvo la continuidad algunos años más antes de iniciarse el inevitable declive y el fin de la dinastía XIX.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

FUENTES:

“El gran faraón de Egipto, Ramsés II”. Bernadette Menu, National Geographic

Wikipedia

www.biografiasyvidas.com/monografia/ramses_ii/

 www.artehistoria.jcyl.es/historia/…/4040.htm

 www.egiptomania.com/historia/ramses2.htm

 www.egipto.com/ramses/index.htm

 www.egiptoaldescubierto.com

 

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PENTALOGÍA DE RAMSÉS

Grigori Yefimovich Rasputín nació el 22 de enero de 1869, en Siberia. De origen campesino, se crió salvajemente, dedicado a robar ganado. Desde pequeño decía hablar con la Virgen, con lo que logró gran popularidad.

Con unos 18 años se marchó al monasterio de Verkhturye a meditar (quizás como pena por sus robos). Poco después de regresar del monasterio ingresó en la secta conocida como khlysty (flagelantes), los cuales defendían que para alcanzar la fe verdadera era fundamental el dolor físico. La secta era famosa por sus fiestas y orgías, y Rasputín por el gusto por el vino y las mujeres.

Conocido también como “el Monje Loco”, Rasputín decía predecir el futuro. Según algunos testigos, era capaz de hipnotizar a la gente con su mirada hasta el punto de lograr cuanto deseaba. Pretendía ser sanador y para dar más credibilidad a esto intentó adquirir la apariencia de Jesucristo.

Rasputín se casó y tuvo tres hijos, pero finalmente abandonó a su familia para continuar su formación como místico, aunque se sabe que llegó a engendrar más hijos con otras mujeres.

Viajó como peregrino durante varios años (Grecia, Tierra Santa…) y aprendió mucho sobre historia, esoterismo y religiones antiguas.

De regreso a Rusia, en San Petersburgo se hizo con la amistad de nombres influyentes que lograron que se le abrieran las puertas de las familias más ricas de la ciudad.

La zarina, Alexandra Fiodorovna, desesperada por la delicada salud de su único hijo que padecía hemofilia, decidió confiar en las dotes curativas del místico y lo llamó al palacio en 1905.

Al parecer el zarevich Alexis mejoró temporalmente de su enfermedad (según se creé Rasputín lo logró mediante hipnosis) y Grigori fue invitado por el zar y la zarina a trasladarse a vivir a palacio para asistir a su hijo.

Pero el zar Nicolás II no acababa de confiar en él, y él lo sabía; por ello centró su influjo en la zarina, muy supersticiosa y religiosa, para que ella a su vez influyera en su marido y de este modo poder permanecer en palacio. De este modo pronto se hizo con un cargo de confianza allí.

Los revolucionarios, enemigos del régimen zarista, lo acusaron de haber actuado como espía de los alemanes durante la Primera Guerra Mundial, así como de influir, mientras Nicolás se hallaba ausente por la guerra, en las decisiones de la zarina, que era de origen alemán.

Sin embargo, las aparentes mejoras en la salud del zarevich, único heredero, impedían que el zar, preocupado por el futuro de la dinastía Romanov, actuara contra él. La zarina confiaba plenamente en él y en sus vaticinios sobre Rusia.

Rasputín no era apreciado en la corte debido a su forma de manipular a la zarina y llevar el gobierno, así como por su fama de libertino. Había quien lo consideraban una peligrosa amenaza y temían su influencia en la corte de los zares. Así pues, algunos nobles y militares decidieron idear un plan para quitárselo de en medio de una vez por todas.

Félix Yusúpov, casado con la princesa Irina, fue el principal conspirador. Se decía que era homosexual y se sentía atraído por Rasputín y que por ello lo detestaba.

Demetrio Romanov, primo del zar, se unió a él, convencido del peligro que el místico entrañaba en la corte; así como Vladimir Purishkévich, importante político, que animó a Yusúpov a cometer el asesinato, alegando que quería defender la monarquía que con Rasputín estaba en peligro.

Rasputín sentía verdaderos deseos de conocer a la princesa Irina, de la que se decía era muy hermosa y rica. Una noche de 1916, fue invitado al palacio Moika, en San Petersburgo, por los conspiradores, para ser presentado a la princesa. Él aceptó sin pensar, guiado por su lujuria y codicia.

En el palacio lo colmaron de manjares y de vino, y entre ellos pusieron cianuro en cantidades desorbitadas, destinado a acabar con el monje. Aunque en un principio Rasputín desconfiaba y se negaba a probar nada, finalmente la gula lo venció y se atiborró de comida y vino, mientras reía y cantaba.

Según el relato que Yusúpov hizo posteriormente de lo acontecido aquella noche, Rasputín siguió cantando y bebiendo durante horas, sin dar muestras de ningún malestar (quizás porque había comido tanto que el veneno no le hizo efecto inmediato).

Temeroso de que fueran reales los mitos que decían que el místico era inmortal, Yusúpov decidió dispararle por la espalda, sabiendo que no tendría otra oportunidad. Rasputín cayó muerto, y los conspiradores decidieron trasladarlo a su casa para evitar que las sospechas recayeran sobre ellos. Cuando Yusúpov se agachó para examinar el cadáver, el monje aferró con fuerza su hombro y lo maldijo. El místico huyó del palacio por su propio pie, corriendo por la nieve. Volvieron a dispararle y uno de los tiros le acertó en el hombro. Rasputín se giró y finalmente cayó. Una vez en el suelo, lo remataron con un  tiro en la cabeza.

Velaron el cadáver hasta las cinco de la madrugada, y cuando al fin se convencieron de que estaba realmente muerto, lo envolvieron en una alfombra y lo lanzaron al río Neva.

Cuando el cadáver fue hallado se le practicó la autopsia. Ésta reveló que había agua en sus pulmones, lo cual indicaba que Rasputín aún respiraba cuando lo lanzaron al río y que en realidad había muerto por ahogamiento. 

Al parecer le cercenaron el pene al cadáver (ya que dicen que medía 28,5 cm) para exponerlo en un museo.

Se dice que unos días antes de aquello, Rasputín había escrito a la zarina diciéndole que esperaba una muerte violenta en pocos días. Su carta decía que si su muerte la causaba alguien del pueblo ruso, la familia del zar seguiría reinando; en cambio, si la muerte la provocaba algún noble, los zares caerían dos años después de su muerte (cosa que realmente se cumplió cuando estalló la Revolución Rusa y Lenin se hizo con el poder)

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

En el año 221 a.C., China aún se encontraba dividida en diversos estados feudales que, desde el año 481, aproximadamente, no cesaban de combatir entre ellos. A este periodo de la historia se le conoce como “Época de los Estados Combatientes”. El más poderoso de todos estos reinos era el de Qin.

En 246 a.C., el príncipe Zheng heredó el trono y ascendió a él cuando aún no había cumplido los trece años. Asumió el pleno poder a los 21.

 Continuó con la tradición de la dinastía Qin. Atacó los estados feudales y expandió su territorio. No tardó en tomar el control de toda China, fue entonces cuando decidió adoptar un nuevo título: Qin Shi Huangdi (“Primer augusto Emperador de la dinastía de los Qin”).  Comenzaba así la época imperial en el año 221 a.C. El deseo de Qin era que los demás gobernantes de China gobernaran con el título de “Segundo emperador”, “Tercer Emperador”, y así sucesivamente durante diez mil generaciones (“diez mil” es el equivalente en chino a “para siempre”).

Qin Shi Huang se propuso modificar su país para fortalecer la unificación. Para ello, él y su primer ministro Li Si, introdujeron importantes reformas

Destruyó los muros que habían separado los antiguos reinos feudales y abolió completamente el feudalismo para evitar la anarquía.

Se enfrascó en la defensa de su reino recientemente unificado y luchó por repeler los ataques del exterior y la intrusión de los pueblos nómadas (como los xiongnu). Para ello unió las murallas edificadas en la época de los Reinos Combatientes, convirtiéndolas en una gran muralla unificada que rodeara China y la protegiera. Esta fortificación fue la antecesora de la Gran Muralla China. 

Se emprendieron proyectos de obras públicas como canales, puentes y una extensa red de carreteras para facilitar el comercio y acelerar los desplazamientos militares. Se estandarizaron los pesos, las medidas, el sistema legal, la moneda, etc. Además se unificó la escritura china con un nuevo conjunto de caracteres desarrollado por Li Si.

Todo esto, unido a los trabajos en su excéntrico mausoleo, llevó a la necesidad de utilizar una gran mano de obra y, por supuesto, numerosas restricciones e impuestos, por lo que el descontento del pueblo era grande. Ésto, unido a los numerosos intentos de asesinato que había sufrido el emperador (como el protagonizado por el rey Jing Ke), hizo que Qin Shi Huang se volviera bastante obsesivo y paranoico. Temía quedarse demasiado tiempo en un mismo lugar y contrató varios dobles para despistar a los posibles asesinos.

La idea de la muerte lo obsesionaba y por ello se dedicó a buscar el secreto de la vida eterna. Envió varias expediciones en busca de la isla de los inmortales, para conseguir la píldora de la inmortalidad. Esa pudo ser en parte la causa del aceleramiento de su muerte, a la que tanto temía. Comenzó a tomar remedios para alargar su vida, los cuales al parecer, paradójicamente, lo fueron envenenando poco a poco.

 Se dice que fue en uno de esos viajes en busca de las legendarias islas de los inmortales cuando el emperador murió, en Shaqiu, a dos meses de distancia de la capital. Li Si temía un alzamiento de la población cuando se conociera la noticia de la muerte del emperador, así que decidió ocultar el hecho hasta llegar a Xiangyang.

Cada día, el primer ministro entraba en la diligencia del emperador y simulaba discutir asuntos con él. La estrategia funcionó, ya que en vida Qin Shi Huang había tenido una naturaleza muy secretista. Li Si escondió el fuerte olor del cadáver haciendo que dos carros de pescado siguieran a la diligencia del emperador. Una vez en la capital, se anunció su muerte al pueblo.   

Qin Shi Huang nunca escribió un testamento, así que Li Si falsificó uno en el que nombraba sucesor al segundo hijo del emperador, Huhai. Obligaron al primer hijo, Fusu, a suicidarse y se hicieron con el mandato de las tropas.

Huhai se convirtió en el segundo emperador, Qin Er Shi. Pero éste fue sólo un título nominal, ya que se convirtió en un títere en manos de Li Si y Zhao Ghao, otro jefe unido en la conspiración.

Sin embargo este reinado no fue muy próspero. Sin la fuerza de Qin Shi Huang, las revueltas pronto estallaron por todo el imperio. En cuatro años el segundo emperador estaba muerto, el palacio imperial destruido y la dinastía Qin, tan poderosa en manos de sus ancestros, acabada.          

Una vez desaparecida la dinastía Qin, la siguiente dinastía, la Han, rechazó todos los preceptos políticos del primer emperador. Sin embargo conservó muchas de las reformas de la dinastía anterior. Los esfuerzos del primer emperador no fueron por tanto en vano, pero se inició una campaña de desprestigio contra él que ha sepultado en parte la realidad, confundiéndola con la leyenda.

La imagen que ha quedado de él es la de un tirano cruel, avaricioso, perverso, muy supersticioso y obsesionado con la muerte. Pero lo cierto es que Qin Shin Huang fue capaz de lograr lo imposible, unificó China y repelió a los invasores bárbaros.

En los primeros años de reinado se comenzó a construir el gran mausoleo del primer emperador que debía ser una copia del universo para así poder poseer todas sus maravillas en la otra vida. Según las crónicas, se utilizó la mano de obra de 700.000 obreros para su construcción. Sin embargo la gran obra no estaba aún terminada cuando murió.

El mausoleo está ubicado en el monte Lí, a 30 Kilómetros de Xian. Fue hallado por casualidad en 1974 cuando unos campesinos  excavaban en busca de un pozo de agua. El mausoleo se extiende en una superficie de 60 Km cuadrados y en su alrededor se han ancontrado numerosas tumbas.

El complejo monumental se compone de varias estructuras. En el centro se encuentra una auténtica colina artificial donde está el túmulo sepulcral que aún no ha sido excavado. El historiador Sima Qian escribió que la tumba estaba repleta de maravillas. El techo, decía, era de bronce salpicado de gemas para simular el cielo nocturno y las estrellas; en el suelo había ríos que se habían rellenado de mercurio para que fluyeran eternamente de manera mecánica y que representaban la hidrografía del imperio. Rodeado todo de maquetas de palacios y tesoros espléndidos. Se instalaron ballestas en las entradas que se accionarían si un extraño penetraba en el túmulo para profanar su tumba.

Todo esto aún no ha sido probado, pero la estructura de la tumba parece indicar que es cierto. Además, se han llevado a cabo numerosas pruebas científicas en los alrededores y al parecer se han encontrado restos de mercurio en el lugar.

El primer foso encontrado en el complejo contiene unos 6000 guerreros, carros y caballos de terracota dispuestos en 11 pasillos (aunque aún no se ha excavado en su totalidad). Todo un ejército formado en posición de batalla. Las figuras de los soldados miden 1.80 m de altura y están equipados con armaduras de terracota. Cada figura tiene rasgos faciales y peinados diferentes, incluso pueden distinguirse individuos pertenecientes a diferentes etnias, por lo que se cree que fueron tallados uno a uno, utilizando como modelos a los miembros del ejército del emperador. Cada soldado debió de portar un arma según sus posiciones, pero tras la caída de la dinastía Qin, la tumba fue saqueada. Algunas de estas armas de metal sí han sido encontradas, de aleación muy sofisticada y aún afiladas. Las puntas de flecha contenían plomo para hacerlas venenosas. Las figuras de los caballos fueron encontradas con arreos de latón.

Sin embargo este fue sólo el primero de un gran número de hallazgos. Algunos años más tarde se encontró a unos 20 m de la primera, una segunda fosa. Ésta era mucho más pequeña y contenía la colección de caballería del emperador: más de 1400 piezas entre caballos y caballeros, y una vanguardia de arqueros arrodillados, todas dispuestas en 14 filas. Las piezas muestran una mayor variedad de uniformes y posturas.

Poco después apareció una tercera fosa. En ella se han encontrado 68 figuras y un carro. Se trata de oficiales y generales. Y algunos años después aparecieron en un foso dos impresionantes carros de bronce de dos ruedas, fieles réplicas de los carros ceremoniales, de tamaño más o menos a la mitad del real. Las piezas tenían incrustaciones de plata y oro.

Como prueba de que los trabajos en la tumba no habían terminado cuando murió el emperador, apareció una cuarta fosa cerca de las otras que se hallaba vacía. Los trabajos debieron abandonarse inmediatamente después de su muerte.

Al parecer, enterrando estas estatuas, el emperador creía que seguiría teniendo un enorme ejército bajo su mando en la otra vida.

Las figuras estaban pintadas con vivos colores, pero éstos se perdieron a las cinco horas de exposición al sol. Fue una verdadera lástima, por lo que actualmente se están estudiando las técnicas precisas para recuperar los restos del ejército en todo su esplendor y por ello se han pospuesto las excavaciones.

De momento, China no tiene previsto realizar excavaciones en la tumba principal del mausoleo  de Qin Shi Huang, con lo cual deberemos esperar unos años más para poder saber al fin si las leyendas acerca de la tumba del primer emperador son ciertas. Aunque, a juzgar por la grandeza del resto de su mausoleo, y los logros alcanzados durante su reinado, podemos apostar a que, si no logró llevarse con él el universo, sí que consiguió rodearse de parte de sus maravillas en la otra vida.

Sí queréis echar un vistazo a esta gran maravilla Patrimonio de la Humanidad aquí os dejo el enlace a una web donde encontraréis muchísimas fotos de todo el complejo funerario.

Guerreros de Terracota – China

 Por Estefanía Jiménez

 

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