Categoría: NUESTROS ECOS-PINTURA


RELOJ ASTRONÓMICO

“RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA” – BELÉN JIMÉNEZ

Situado en la casa del ayuntamiento dela CiudadViejaen Praga encontramos este esplendido reloj astronómico que da la hora desde hace más de seiscientos años.

Fue construido por el relojero Nicolás de Kadan y por el profesor de matemáticas y astronomía Jan Sindel, y su parte más antigua, el cuadrante astronómico, data de 1410.

A partir del año 1552, el reloj se paró varias veces y tuvo que ser reparado en diversas ocasiones. La reparación de 1552 fue realizada por Jan Táborsky, que escribió un informe en el que se nombra por primera vez al maestro relojero Hanus, al que se le atribuyó el diseño del reloj. A pesar de que se demostró que esto era falso, la leyenda que se construyó en torno a su persona aún circula por ahí, entre los murmullos de los cientos de turistas que se agolpan ante el reloj para admirar su maravillosa construcción y la increíble animación de sus figuras.

No os voy a dar aquí una descripción exhaustiva de esta maravilla, aunque os recomiendo de verdad que le echéis un vistazo a alguna de las cientos de páginas que hablan sobre el tema porque es realmente interesante. Lo que yo deseo es contaros esa leyenda que se forjó con los años en torno a la construcción de este maravilloso reloj.

La construcción inicial del reloj de 1410 era bastante simple, pero a finales del siglo XV, el maestro Hanus arregló y perfeccionó su mecanismo convirtiéndolo en una magistral obra de arte, única enla Europade la época.

Los consejeros dela CiudadViejaestaban muy orgullosos de su reloj astronómico, pero comenzaron a llegar rumores de que el maestro relojero, dado su gran éxito con el reloj de Praga, había recibido numerosas ofertas de muchas ciudades. Se decía que el relojero pasaba las noches enteras trabajando, haciendo cuentas, diseñando…

Todos habían llegado a la misma conclusión: el maestro Hanus había aceptado alguna de aquellas ofertas y estaba diseñando un nuevo reloj astronómico, probablemente más grandioso, para alguna otra ciudad.

Aquello fue un duro golpe para los vanidosos consejeros que deseaban toda la gloria parala CiudadVieja, así que se pasaban las horas maquinando cómo hacer para que el maestro no volviera jamás a construir un reloj como el suyo. Finalmente, a uno de los consejeros, un hombre frío y cruel, se le ocurrió la terrible solución para conservar la exclusividad de su excepcional reloj astronómico.

Una noche, el maestro relojero se encontraba solo en su casa, trabajando en su estudio a la luz de las velas, enfrascado como de costumbre en sus diseños y cálculos. De repente lo sobresaltaron unos fuertes golpes en la puerta. En un principio se quedó helado, pero entonces se escuchó una voz apremiante que lo instaba a abrir.

El maestro, preocupado y temiendo por la suerte de su ayudante al que consideraba como un hijo, corrió hacia la puerta y apartó el pesado travesaño. Se encontró entonces con tres hombres corpulentos y amenazadores. Hanus intentó cerrar la puerta a toda prisa, pero era anciano y uno de los hombres interpuso su pie a tiempo de impedirlo. Lo empujaron hacia el interior, agarrándolo con fuerza y sin miramientos. Los asaltantes lo amordazaron y entre dos lo sostuvieron mientras el tercero blandía su afilada navaja y la acercaba a la llama del hogar. El maestro observó horrorizado cómo la hoja se tornaba roja ante el fuego. Se debatió asustado e intentó gritar, pero, al final, el terror lo venció y se desvaneció. Se despertó al cabo de unas horas aquejado de un insufrible dolor. Estaba en su propia cama y escuchaba el eco de las voces familiares y preocupadas de su ayudante y su ama de llaves. Lloraban y proferían exclamaciones de rabia e indignación mientras se afanaban a su alrededor. Sin embargo, Hanus no lograba verlos. Ante sus ojos solo había oscuridad. Aquellos animales lo habían cegado para siempre.

El maestro pasó mucho tiempo muy enfermo, con graves fiebres, luchando entre la vida y la muerte, y con escasos deseos de luchar por salvarse, dado que una vida de tinieblas se le antojaba el peor de los tormentos para él, que todo le debía a sus ojos.

Sin embargo, el cuerpo humano es impredecible y, contra todo pronóstico, después de un largo padecimiento, el maestro logró recobrarse un poco, aunque sus ojos siguieron cegados.

El anciano pasaba los días pensando en quién podría haber sido el autor de tamaña atrocidad, inmerso en su tragedia, enfermo de amargura y tristeza. Un día, su ayudante regresó de sus tareas de mantenimiento del reloj y le contó muy airado una conversación que había escuchado entre dos de los consejeros de la ciudad. Creyendo que nadie los escuchaba, comentaban con ligereza que lo que habían hecho era lo más correcto, pues de esa manera, el maestro Hanus nunca volvería a crear un reloj más grandioso que el suyo.

Así fue como el maestro se enteró de esta traición. Un gran deseo de venganza comenzó a forjarse en su piadoso corazón y desde ese momento empezó a planear cómo desquitarse con aquellos que habían causado su desgracia.

Una mañana, pidió a su ayudante que lo acompañara hasta el ayuntamiento porque deseaba acariciar las piezas de su amada máquina, escuchar su sonido. El chico se sintió feliz por ello, pues desde el ataque, su maestro no había salido a la calle ni había mostrado interés por nada. Cuando estuvieron frente a la maquinaria del gran reloj, el anciano acarició con amor cada familiar pieza, se deleitó con la música de su funcionamiento, el rodar de sus engranajes. Lloró amargamente por no poder disfrutar de su visión, por no poder volver a trabajar en lo que él tanto amaba. Aspiró hondo y se armó de valor, Visualizó en su cabeza el mecanismo. Lo conocía tan bien que era capaz de ver cada pequeño detalle aun con sus ojos cegados. Entonces, tras unos instantes de meditación, extendió su mano y, antes de que su ayudante pudiera detenerlo, la introdujo en un punto concreto de tan preciada maquinaria. Con la escasa fuerza que su enfermedad le había dejado, el maestro tiró de una de las numerosas palancas hasta que ésta se rompió. La máquina comenzó a gemir y a lanzar alarmantes chirridos que traspasaron el silencio y pudieron escucharse en toda la Staromestské námestí, la plaza dela Ciudad Vieja.

El reloj comenzó a hacer movimientos extraños hasta que finalmente se detuvo, su maquinaria había dejado de funcionar. Justo en ese momento, Hanus, el más grande relojero que había dado la historia, cayó al suelo muerto: su corazón se había detenido en el mismo momento que lo hizo su amado reloj astronómico.

El reloj sufrió una grave avería y nadie fue capaz de dar con la solución. Tratando de hallar la manera de repararlo, rebuscaron entre los apuntes y trabajos que el maestro guardaba en su estudio. De ese modo pudieron averiguar al fin en qué estaba éste trabajando en el momento en el que fue atacado por aquellos hombres enviados por los consejeros. Todos se quedaron horrorizados por la atrocidad de lo que habían hecho pues descubrieron que Hanus se afanaba por introducir mejoras en su preciado reloj, ya que deseaba convertirlo en una pieza aún más grandiosa, para que todo el mundo la admirase durante muchísimos años. Sin embargo, por más que buscaron, nadie encontró el remedio para la avería del reloj, pues esa información solo existía en la cabeza del gran maestro.

El reloj astronómico de Praga, una de las obras más grandiosas de la historia, permaneció largos años si volver a funcionar y sin poder deleitar a todo aquel que se acercaba a la casa del ayuntamiento dela CiudadVieja.

Otra versión de la leyenda nos dice que fue el ayudante el que vengó a su maestro introduciendo el brazo dentro del mecanismo del reloj. Los engranajes amputaron la mano y el reloj quedó atascado e inutilizado durante muchos años.

 ADAPTADA POR ESTEFANÍA JIMÉNEZ

“Y SÍ…” -MARISA MORAL MORENO

 

 

 

 

Hoy os dejo otra colaboración de mi amiga Marisa, la que he intentado completar con una poesía mía, tratando de poner tanto sentimiento como ella le pone a todo lo que hace.

Espero que os guste, especialmente a tí, Marisa. Y espero con esto darte una palmadita en estos días difíciles que sé que estás pasando.Un besazo.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

MÁS HUMANA

Sentada junto al cielo

busco en él mil luces de esperanza.

Una y otra vez junto a mí pasan,

fugaces destellos.

No más de un segundo ilusorio

de pasión fría y robada.

El tiempo no espera

y me asusta su paso en mi alma.

Se arrugan en mí los sentimientos

y el calor se torna apagado

en el interior de mis latidos.

Los reflejos de esta noche

me sirven para pensar en silencio.

Los gritos de las estrellas buscan atraparme

mas no me detengo a escucharlas ya.

Lo siento, ya no siento nada.

Estoy helada.

Mi alma partida en mil,

contempla una vez más

esa luna ya tan lejana,

y cada vez más…

Soy feliz.

Sí, no lo dudo.

Pero qué vacías se hacen las noches…

Esas frías noches.

Aquellas en las que me siento

junto al cielo y miro destellos.

Aquellas en las que la luna se torna,

antes tan presente,

ahora tan lejana.

Ilusiones que abandonan los sueños.

Despertares a una vejez de fantasías.

No busco ya los pensamientos

ni me acompañan los sueños.

Estoy creciendo en realidades tristes.

Apenas sí imagino ya mis lunas pasadas.

No, no estoy triste por crecer,

soy feliz con mis tesoros.

Pero toda una cadena de sueños

van despertando uno tras otro,

y al despegar los ojos algo más

cada vez envejece,

y me hace más real;

sí, más… humana.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

"CASTILLO DE CAZORLA" - BELÉN JIMÉNEZ

 

 

Esta es una leyenda muy popular en Jaén, está narrada por muchos autores entre ellos Juan Eslava Galán en el que me he inspirado un poco para escribir mi versión. En el propio castillo se puede leer la historia en un panel que hay junto a la entrada de la torre. Todo el que vaya a Cazorla y visite su bello castillo puede comprobarlo.

Yo me he limitado a narrarlo a mi manera, no soy escritora pero he intentado no copiar otras narraciones que hay de la leyenda, pero la historia es la misma.

Recomiendo que lean la versión de Eslava que es preciosa.

 BELÉN JIMÉNEZ

 LEYENDA DE LA TRAGANTÍA

Cuenta la leyenda que vivía en el castillo de Cazorla un rey moro junto a su bella hija. En sus tierras reinaba la paz y las personas vivían pacíficamente dedicadas a sus labores.

Tenía el rey la esperanza de que las huestes cristianas de Toledo no atravesaran el valle y llegaran a Cazorla pero se equivocaba. Un día al amanecer, un enviado le llevó las malas noticias, los cristianos se acercaban peligrosamente con intención de devastar y ocupar las tierras que el rey tanto amaba por lo que dio orden a sus hombres de que avisaran a todos los vecinos para que pudieran huir a través de las montañas hasta Baza.

El rey que tan confiado estaba en que Cazorla no caería en manos cristianas, asumió resignado la desgracia que se le avecinaba y desalojó del castillo todo cuanto allí había: bellos muebles, magníficos tapices, obras de orfebrería… y los escondió, convencido y sin asumir del todo su futuro, de que en pocos días volverían después de que sus soldados vencieran a los cristianos.

Temía el rey por su bella hija, no podía permitir que las huestes cristianas los alcanzaran y ultrajaran y torturaran a la princesa antes de asesinarla, por lo que esperó a que todo el mundo estuviera fuera del castillo para bajar a los oscuros pasadizos de los sótanos y mover una pesada losa que escondía una habitación secreta que sólo el rey conocía. Allí dejó alimentos, lucernas, y mantas con la intención de que la bella princesa se escondiera hasta que todo hubiera pasado y el rey junto con lo que quedara de sus soldados volviera varias semanas después a por ella.

Así lo hizo, la princesa quedó encerrada en aquella húmeda y tenebrosa habitación donde la luz del sol no llegaba ni siquiera varios pisos por encima.

Cuando la mañana de San Juan, el rey abandonó el castillo, echó la vista atrás y no pudo impedir que una lágrima cayera por su mejilla, en lo más profundo de su corazón sabía que algo malo iba a ocurrir.

En eso estaba cuando una lluvia de flechas cayó desde el cielo acribillando al rey y a los cuatro soldados que lo acompañaban, el secreto de la cueva y de la princesa se perdió para siempre.

Los cristianos llegaron al castillo y se establecieron en él pero al contrario de lo que el rey moro había creído no devastaron las tierras sino que las poblaron con gentes de otros reinos y la vida volvió a la aldea.

Las semanas pasaban y la princesa pasaba de estar asustada a estar esperanzada al ver que los nuevos inquilinos no habían descubierto su escondite. Esa esperanza dio paso al hambre pues los víveres empezaron a escasear y la princesa tenía que alimentarse de los insectos que correteaban por el podrido suelo de tierra y a beber el agua que se filtraba por entre las piedras de la habitación, luego vino el pánico al quedarse sin luz y el frío hizo que no saliera del pequeño lecho donde dormía.

Así pasaron los meses y llegó el invierno, el río Cerezuelo bajaba las nieves de las montañas y la princesa no salía de su lecho. Un dia, el frío se le clavó en las piernas y fue incapaz de moverlas, intentó frotárselas pero en su lugar no encontró sus extremidades sino una fría y escamosa especie de cola, húmeda y babosa.

La princesa se había convertido en una serpiente, se adaptó a su nueva forma y reptaba por las lúgubres mazmorras del castillo, por las noches los soldados cristianos escuchaban gritos espeluznantes y lamentos que decían:

 

Yo soy la Tragantía

hija del rey moro,

el que me oiga cantar

no verá la luz del día

ni la noche de San Juan.

 

Desde entonces todos los niños de la localidad, las vísperas de la noche de San Juan, se van a dormir antes de la medianoche para no escuchar a la desdichada Tragantía.

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"RAMSÉS"- LUÍS M. FUILLERAT

Hoy, para acompañar a este extraordinario dibujo, me gustaría hablaros de uno de mis personajes históricos favoritos: Ramsés II, cuyo reinado fue muy largo y el más esplendoroso, a caballo entre la real heroicidad y la leyenda antigua.

El reinado de Ramsés II posiblemente sea el más prestigioso de la historia egipcia tanto en el aspecto económico, administrativo, cultural o militar. Gracias a la gran cantidad de archivos, inscripciones y restos arqueológicos que se conservan relacionados con su persona, se conoce relativamente bien este periodo histórico.

El visir Pa-Ramessou ya era mayor cuando el faraón Horemheb lo nombró sucesor al trono al carecer él de descendencia. Reinó bajo el nombre de Ramsés (el I). Tenía un hijo, Setos, maestro político y militar, casado con Tui, miembro de una ilustre familia de militares.

El hijo de Setos, Ramsés, predestinado a ser el más grande faraón de la historia, nace hacia el año 1326 a.C.

Ramsés II pasó su infancia en compañía de sus dos hermanos y sus dos hermanas. Desde pequeño fue educado para heredar la doble corona. Como todos los hijos de la clase alta egipcia, un profesor le enseñaría a escribir e interpretar las imágenes escritas, a conocer los astros, historia y literatura, matemáticas y geometría, y todo lo relativo a la religión. Físicamente fue preparado para que en su futuro como faraón fuese el mejor auriga y arquero.
Hacia los diez años fue nombrado heredero y comandante en jefe del ejército (según la estela de Kuban) y ya acompañaba a su padre en algunas campañas militares.

Su primera misión en solitario le fue encomendada con veintidós años y consistía en poner fin a un alzamiento en Nubia. El éxito de esta expedición, en la que le acompañaron dos de sus hijos de cuatro y cinco años, y la demostración de su valía en el terreno militar, fueron grabados en los muros de un pequeño templo cercano que él mismo mandó construir.

Ramsés era el lugarteniente y delfín de su padre que le enseñó su función de rey y le hizo beneficiario de honores y atribuciones reales.

Como príncipe regente y comandante del ejército, Ramsés II debía conocer cuanto antes todas las responsabilidades de su futuro cargo, para ello su padre le encargó la supervisión de las minas de Assuán, de donde provenía parte importante del granito con el que se construían templos y estatuas.

Ramsés participó además en la supervisión de las construcciones de Abidos, iniciándose de este modo su afición a las edificaciones.

Setos murió tras 11 años de reinado y Ramsés fue coronado y convertido en sol de Egipto a los 25 años, hacia el año 1279 a.C (fecha aún discutida). A partir de ese momento su vida fue la de un rey-dios, hijo de dioses, objeto de culto y adoración general. Fue un faraón tan absoluto como su padre y llegó a identificarse con Dios más que los gobernantes anteriores.

Escogió sus cinco nombres guiado por la ideología imperial:

  1. El nombre de Horus: “Toro victorioso amado de Maat”
  2. El nombre de las dos diosas: “Protector de Egipto, conquistador de tierras extranjeras”.
  3. El nombre de Horus de Oro: “Rico en años, grande en victorias”.
  4. El nombre del rey del Alto y del Bajo Egipto: “Ra es poderoso de Maat” (Usermaatre)
  5. El nombre de hijo de Ra: “Nacido de Ra, amado de Amón” (Ramsés- Meriamón).

Ramsés tuvo un harén propio desde la adolescencia, pero sus dos grandes esposas reales, madres de sus herederos, fueron Isisnofret (Isetnefret) y Nefertari, la bien amada, a la que al parecer debió amar mucho.

Contrajo dos matrimonios diplomáticos con dos princesas hititas y también se casó con cuatro de sus hijas, entre ellas la hija que tuvo con Isisnofret, Bentanat, y Merytamón, fruto de su matrimonio con Nefertari.

Al parecer Ramsés concibió a lo largo de su vida alrededor de 100 hijos.

Desde el principio de su reinado se propuso continuar la labor de su padre para conducir el imperio hacia la grandeza. Sus primeros esfuerzos estuvieron encaminados a mantener la paz interior alcanzada en los reinados anteriores, evitando en la medida de lo posible influencias del poderoso clero. Para ello se rodeó de grandes personajes de confianza como el sumo sacerdote Nebunenef y el visir Paser.  El soberano siempre escogió a sus colaboradores de mayor rango de su entorno más cercano y a los más dignos de confianza: el sumo sacerdote de Amón Bakenjonsu; el virrey Setaú, Amenemipet “el fiel mensajero real a todos los países extranjeros”, o Ashahebsed, copero mayor encargado de supervisar los trabajos de Abu Simbel.

Comenzó su reinado con el traslado de la capital desde Tebas hasta Tanis, en el delta, a fin de situar la residencia real cerca del punto de mayor peligro para el imperio, la frontera con Asia. Sus primeras campañas militares se dirigieron a recobrar las fértiles tierras de «entre ríos», en los valles de los ríos Tigris y Éufrates, y ya en el cuarto año de su reinado comenzaron las incursiones por Asia. La primera de ellas tuvo como objeto someter Palestina, a fin de obtener una base de operaciones que le permitiera invadir Siria, tal como había hecho su padre con relativo éxito. Al año siguiente, los hititas allí instalados le dejaron avanzar hasta el río Orontes, a los pies de las murallas de Kadesh, donde fue cercado por el ejército enemigo. Creyendo haber ganado la batalla, los hititas intentaron el asalto al fortín del faraón para repartírselo. En medio de la confusión, Ramsés cargó contra ellos y transformó la derrota en una relativa victoria. Su hazaña en Kadesh se cantó en una de las muestras más brillantes de la poesía épica egipcia: el Poema de Kadesh, profusamente grabado en los templos.

Trece años después de la batalla de Kadesh, logró firmar un tratado de paz, el primero del que se tiene noticia histórica, con el rey hitita Hattusil. Dicho tratado se vio reforzado una década más tarde merced a los sucesivos matrimonios de Ramsés con dos hijas del rey.

Dada la prosperidad del país, se supone que fue un administrador competente y un rey popular.

Ramsés llevó a cabo a lo largo de su reinado un gran programa constructivo. Su nombre se encuentra en numerosos monumentos de Egipto y Nubia. Su instinto lo llevó a convertirse en el «rey constructor» por excelencia: engrandeció Tebas, completó el templo funerario de Luxor consagrado a Amón-Ra, formando un conjunto con el erigido por Amenhotep; erigió el Ramesseum, en la colina de Sheij abd el Gurnah, junto al que se levantaría un palacio donde supervisar las obras; terminó la sala hipóstila de Karnak e hizo importantes reformas en el templo de Amenofis III.

Para llevar a cabo estas empresas arquitectónicas era necesario un abundante flujo de oro, procedente en su mayoría de la zona sur del país.

Uno de los problemas con los que contaba esta vía aurífera era la escasez de zonas de avituallamiento, especialmente de agua, dedicándose Ramsés a la perforación de pozos para solucionar el problema hidráulico. De esta manera pudo aumentar la llegada de oro para mantener su programa arquitectónico, con el que se congratulaba con los dioses.

En los últimos años de su reinado, Ramsés pudo apreciar cómo se iniciaban las presiones de los pueblos procedentes de Europa, pueblos que llegarán a tomar Egipto en el año 1200 a. C. Sin embargo, del famoso éxodo de los judíos y su amigo Moisés que tantos quebraderos de cabeza le dio, prefiero no hablar aquí, puesto que yo no comparto en absoluto la teoría de que fuera Ramsés realmente el faraón de aquel episodio. Así que si encuentro por ahí los datos suficientes algún día dedicaré una entrada al faraón Ahmoses, de quien se dice que fue realmente el que expulsó a los judíos de Egipto y sufrió una serie de plagas, además de tener que ver morir a su primogénito.

Ramsés tuvo una vida tan longeva que sobrevivió a muchos de sus descendientes, entre ellos a su hijo favorito Khaem-uaset, reputado mago y gran sacerdote de Ptah.

Murió casi centenario tras 67 años de reinado y su momia, descubierta en 1881, es la de un hombre viejo, de cara alargada y nariz prominente que, según el egiptólogo Esteban Llagostera, falleció como consecuencia de una caries del maxilar inferior que le provocó una infección sanguínea definitiva.

Falleció en Pi- Ramesses en vísperas del último jubileo. El cortejo fúnebre remontó el Nilo con gran pompa hasta Tebas donde el faraón penetró en su morada eterna.

El reinado de Ramsés supone en todos los sentidos el punto culminante de la historia faraónica. El poder imperial de Egipto, su esplendor político, religioso y cultural, la eficacia de la administración, la cantidad y grandeza de sus monumentos, y la paz y la prosperidad general no volvieron a ser igualadas jamás en le tierra de los faraones.

En el trono de Egipto dejó a su hijo Merenptah, fruto del matrimonio con Isetnefret, nombrado heredero tras el fallecimiento de algunos de sus hermanos mayores, que mantuvo la continuidad algunos años más antes de iniciarse el inevitable declive y el fin de la dinastía XIX.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

FUENTES:

“El gran faraón de Egipto, Ramsés II”. Bernadette Menu, National Geographic

Wikipedia

www.biografiasyvidas.com/monografia/ramses_ii/

 www.artehistoria.jcyl.es/historia/…/4040.htm

 www.egiptomania.com/historia/ramses2.htm

 www.egipto.com/ramses/index.htm

 www.egiptoaldescubierto.com

 

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PENTALOGÍA DE RAMSÉS

"TORRE DE LONDRES"- LUIS MOLINA FUILLERAT

Se trata de la fortaleza medieval británica mejor conservada y según mi parecer es inevitable quedar impresionado con ella. Sólo el estar cerca de sus muros… Aquella sombra inmensa casi acariciándote, como si te atrapase, y aquella sensación helada… Realmente se respira un aire triste y siniestro entre esos gruesos muros llenos de historia. Al menos esa fue la sensación que yo tuve.

Es cierto que La Torre ha tenido una larga historia repleta de capítulos de toda índole; sin embargo, los tristes pesan mucho sobre ella, es difícil no pensar en el sufrimiento  y el miedo cuando se contemplan todas aquellas inscripciones sobre la piedra helada de sus muros, tratando de capturar los gritos de aquellos que allí fueron encerrados durante su etapa de prisión, tratando de alcanzar la eternidad.  

Larga historia…

Fue una de las numerosas fortificaciones que Guillermo el Conquistador, construyó por toda Inglaterra durante sus campañas. Guillermo II de Normandía, fue duque de Normandía desde 1035 y conquistó Inglaterra en 1066.

Comenzó  la  construcción de la Torre ese mismo año. Fue levantada entre sus murallas sajonas y las romanas junto al Támesis como fuerte provisional.

Más tarde, en 1078, añadió la hermosa White Tower, completada por Guillermo II y Enrique I. Se convirtió en una lujosa residencia para reyes con varios pozos, salones de gala, bellas capillas y salas de reuniones; además de una cárcel y un calabozo. Sin embargo fue el último rey normando, Esteban, el primero en vivir allí.

En conjunto, la Torre es un complejo de varios edificios situado dentro de dos anillos concéntricos de muros defensivos y un foso. El castillo se amplió en varias fases, sobre todo bajo el mandato de Ricardo Corazón de León, Enrique III y Eduardo I en los siglos XII y XIII. La disposición general de finales del siglo XIII se ha mantenido a pesar de la actividad posterior.

La torre ha servido como armería, tesorería, casa de fieras, Real Casa de la Moneda, registros públicos, y casa de las Joyas de la Corona del Reino Unido.

Fue testigo de capítulos alegres y terribles horrores.

Reservada por lo general para reclusos de alto nivel, la torre fue la prisión real más importante del país, sin embargo no puede decirse que fuera del todo segura pues a lo largo de la historia, muchos prisioneros sobornaron a sus guardias para que les ayudasen a escapar, como es el caso de Roger Mortimer, primer conde de March, que en 1322 escapó ayudado del subteniente de la torre. Para ello cortaron un agujero en el muro de su celda y Mortimer escapó hasta un barco que le estaba esperando.

Durante este periodo, la Torre de Londres mantuvo retenidos a muchos nobles prisioneros de guerra.

Durante la Revuelta de los Campesinos de 1381, la Torre de Londres fue sitiada con el rey dentro. Cuando Ricardo salió al encuentro del líder rebelde, una multitud irrumpió en el castillo sin encontrar resistencia, y saqueó la Casa de las Joyas. El arzobispo de Canterbury, Simon Sudbury, se refugió en la capilla de San Juan, esperando que la muchedumbre respetase el santuario; sin embargo, lo sacaron de allí y lo arrastraron hasta la Tower Hill donde lo decapitaron.

Bajo el reinado de Enrique VI (1421-1471), el duque de Exeter introdujo la rueda de la tortura que años más tarde Edmun Campion (1540-1581), mártir jesuita inglés, probaría en su cuerpo tres veces.

También se celebraron picnics y juegos en su césped durante el reinado de EduardoIV

Pero poco después de su muerte en 1483, se cree que tuvo lugar el asesinato de los Príncipes de la Torre, uno de los eventos más tristes y crueles asociados con la Torre de Londres. El tío de Eduardo V, Ricardo, Duque de Gloucester, fue declarado Lord Protector cuando el príncipe era demasiado joven para gobernar. Eduardo, de 12 años de edad, fue confinado en la Torre junto con su hermano pequeño Ricardo. El Duque de Gloucester fue proclamado rey Ricardo III en julio.

Los príncipes se vieron en público por última vez en junio de 1483, sin que nunca se llegara a conocer qué había sido de ellos. Los buscaron durante mucho tiempo por el castillo aunque el motivo más razonable para su desaparición es que fueran asesinados. En 1674 se descubrieron unos huesos, al demoler la entrada de la Torre Blanca, que se cree que eran los de los dos jóvenes príncipes.

Bajo el reinado de los Tudor, la torre se usó menos como residencia. Enrique VIII hizo ejecutar aquí a dos de sus esposas: Ana Bolena y Catalina Howard. Sin embargo no fueron las únicas. Thomas Cromwell, el arzobispo Laud y muchos otros se convirtieron en espectáculo público al  ser decapitados en la Tower Hill.

El heredero de Enrique VIII, su joven hijo Eduardo VI (también anglicano), prosiguió tras su coronación con las brutales purgas. Seis años más tarde murió y fue sucedido por María Tudor (católica).

La princesa Isabel entró como prisionera de su hermana por la Puerta de los Traidores montada en barco, pero salió de allí en carruaje dorado para convertirse en la reina Isabel I. Después encarceló a sus oponentes y los ajustició.

La mayoría de los criminales comunes eran ejecutados en sitios públicos como el cadalso de la cercana Colina de la Torre, a la vista de multitudes alborotadoras. También se hicieron públicas las ejecuciones de algunas personalidades de clase alta como Tomás Moro. Sin embargo, los nobles y, sobre todo, las mujeres, eran ejecutados de forma privada en la Torre Verde, en el interior del complejo, y enterrados en la Capilla Real de San Pedro ad Vincula. Algunos de los nobles ejecutados en el exterior de la Torre están enterrados también en esta capilla.

En cuanto a los Estuardo, fue Jacobo I el último rey que habitó la torre. Éste contemplaba a sus leones y osos  luchando desde la Lion Tower.

En resumen, un largo etcétera de acontecimientos que no siempre fueron sangrientos. Lo cierto es que a pesar de su reputación como lugar de tortura y muerte, popularizada por los religiosos del siglo XVI y los escritores del siglo XIX, las ejecuciones normalmente se llevaban a cabo en la colina (Tower Hill), en el norte del castillo.

Hoy en día, la Torre de Londres es una de las atracciones turísticas más famosas del país y fue declarada en 1988 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Y como en todo castillo, especialmente con un pasado sangriento como este, no podían faltar sus leyendas e historias de fantasmas.

Es sabido por todos que Ana Bolena fue acusada de adulterio e incesto por su esposo el rey Enrique VIII. Fue apresada en la Torre y decapitada junto a sus supuestos amantes.

Se cuenta que en 1864, un joven centinela que hacía guardia debajo de la Casa de la Reina, aseguró haber visto aparecer de la niebla una figura blanca que se dirigía con rapidez hacia él, el soldado relató que aquel espectro lo atravesó.

Pero al parecer no fue el único, pues dos soldados más dijeron haber observado la escena. Al parecer aquel ser de brumas ha sido visto en más ocasiones e incluso hay quien afirma haberla visto sin cabeza.

Pero  la Torre ha “alojado” a otros notorios personajes como la reina de los nueve días: Lady Jane Grey, una pobre marioneta junto con su esposo en las luchas de poder entre Maria Tudor e Isabel, que fue sentenciada y decapitada el 12 febrero de 1554 a los 16 años, en la explanada enfrente de la torre y que se convirtió de este modo en otro de los fantasmas de la Torre. En 1957, en el aniversario de su ejecución, dos guardianes dijeron haber visto una masa blanca que formaba la imagen de una dama.
Pero no son ellas las únicas, desde luego. Al parecer los gritos de Catalina Howard pidiendo auxilio son escuchados a veces silbando como el viento en los recovecos y pasillos del castillo.

En octubre de 1817, Edmund Lenthal Swifte, guardián de las joyas de la corona, estaba cenando con su familia en la torre donde se guardaban las joyas cuando de repente, levantaron la cabeza de sus platos, vieron un cilindro de cristal lleno de un líquido turbulento de color azulado y blanco que daba vueltas en su interior, estaba suspendido en el aire y fue oscilante de un comensal a otro hasta colocarse detrás su esposa. La escena duró unos dos minutos hasta que la mujer comenzó a gritar diciendo que la estaba agarrando. Cuando Swifte arrojó una silla contra él, éste desapareció y no se volvió a ver de nuevo.

«Incluso ahora siento el terror que sentí entonces. Salté de la silla y golpeé la aparición, golpe que fue a parar en el revestimiento de madera situado detrás de ella. Entonces, la «cosa» cruzó el borde de la mesa y desapareció por la ventana.», relató el guardián.
Tomas Beckett también ha sido visto golpeando el muro de la que fuera su prisión con un crucifijo. En el aniversario de la ejecución de Margaret Pole, condesa de Salisbury, y madre de Enrique VIII, a la que el verdugo tuvo que golpear con el hacha tres veces para darle muerte, se ha podido ver una procesión espectral.

Como he dicho antes, la Torre fue durante bastantes años casa de fieras, y al parecer también se han producido fenómenos paranormales relacionados con animales fantasmales. En una ocasión, un centinela de la torre que hacía guardia en el recinto reservado a las joyas de la corona, escuchó a eso de la medianoche un rugido a su espalda, al girarse encontró un enorme oso negro mostrando sus dientes, de pie sobre sus patas traseras. El soldado aterrado trató de herir al animal que iba a atacarlo con su bayoneta, pero el arma lo atravesó y el espectro desapareció en ese momento. Poco después encontraron al soldado desmayado y la bayoneta de éste clavada en la puerta de madera. El médico confirmó que no dormía y tampoco parecía estar ebrio. Tres días después el pobre chico murió al parecer de puro miedo.

Según parece, la Torre Blanca parece ser el único lugar de toda la fortaleza libre de espectros. Cuentan que en una obra de restauración se encontró entre sus muros los huesos de un gato y que tal vez esa sea la causa: quizás un ritual al construir la torre.

Leyenda o realidad, lo cierto es que todas estas increíbles historias no hacen sino agrandar el halo de misterio del lugar, ya de por sí cargado de historia y encanto.

Para finalizar os hablaré de una leyenda más de la que los ingleses se sienten muy orgullosos.

Según la leyenda céltica, Bran el bendito, uno de los grandes héroes de la mitología celta británica e irlandesa y rey de los Bretones (del que os hablaré en otra ocasión), al ser malherido pidió a sus hombres que le cortaran la cabeza y la enterraran el la Colina Blanca en Londres, pues mientras permaneciera allí sin ser desenterrada lograría proteger a la isla de cualquier invasor. Bran se traduce como “cuervo” que además era su animal totémico.

Se dice que la Torre fue construida en este mismo lugar para proteger Londres de las invasiones por el Támesis.

Desde hace siglos una colonia de seis cuervos anida en la torre. Según la profecía, el día que los cuervos abandonen la Torre de Londres la Torre caerá y será el fin de la monarquía británica.

Y lo curioso es que en esta época en la que ya nadie cree en leyendas ni profecías, cuando la población de cuervos desciende se repuebla rápidamente con ejemplares nuevos y saludables. Al parecer fue Carlos II quien protegió a estas aves por real decreto al conocer la profecía.

A los cuervos que mueren se les hace un funeral con honores y los entierran en un cementerio. Incluso existe un registro de nacimientos y muertes y un monumento en honor de estos animales tan típicos de la Torre, que se pasean a su antojo por los jardines con sus pelajes brillantes y preciosos, pero eso sí, no se te ocurra intentar tocarlos, porque además de ser un grave delito en Inglaterra, los animalitos son capaces de arrancarte los dedos de un mordisco.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

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