QIN SHI HUANG Y SUS GUERREROS DE TERRACOTA


En el año 221 a.C., China aún se encontraba dividida en diversos estados feudales que, desde el año 481, aproximadamente, no cesaban de combatir entre ellos. A este periodo de la historia se le conoce como “Época de los Estados Combatientes”. El más poderoso de todos estos reinos era el de Qin.

En 246 a.C., el príncipe Zheng heredó el trono y ascendió a él cuando aún no había cumplido los trece años. Asumió el pleno poder a los 21.

 Continuó con la tradición de la dinastía Qin. Atacó los estados feudales y expandió su territorio. No tardó en tomar el control de toda China, fue entonces cuando decidió adoptar un nuevo título: Qin Shi Huangdi (“Primer augusto Emperador de la dinastía de los Qin”).  Comenzaba así la época imperial en el año 221 a.C. El deseo de Qin era que los demás gobernantes de China gobernaran con el título de “Segundo emperador”, “Tercer Emperador”, y así sucesivamente durante diez mil generaciones (“diez mil” es el equivalente en chino a “para siempre”).

Qin Shi Huang se propuso modificar su país para fortalecer la unificación. Para ello, él y su primer ministro Li Si, introdujeron importantes reformas

Destruyó los muros que habían separado los antiguos reinos feudales y abolió completamente el feudalismo para evitar la anarquía.

Se enfrascó en la defensa de su reino recientemente unificado y luchó por repeler los ataques del exterior y la intrusión de los pueblos nómadas (como los xiongnu). Para ello unió las murallas edificadas en la época de los Reinos Combatientes, convirtiéndolas en una gran muralla unificada que rodeara China y la protegiera. Esta fortificación fue la antecesora de la Gran Muralla China. 

Se emprendieron proyectos de obras públicas como canales, puentes y una extensa red de carreteras para facilitar el comercio y acelerar los desplazamientos militares. Se estandarizaron los pesos, las medidas, el sistema legal, la moneda, etc. Además se unificó la escritura china con un nuevo conjunto de caracteres desarrollado por Li Si.

Todo esto, unido a los trabajos en su excéntrico mausoleo, llevó a la necesidad de utilizar una gran mano de obra y, por supuesto, numerosas restricciones e impuestos, por lo que el descontento del pueblo era grande. Ésto, unido a los numerosos intentos de asesinato que había sufrido el emperador (como el protagonizado por el rey Jing Ke), hizo que Qin Shi Huang se volviera bastante obsesivo y paranoico. Temía quedarse demasiado tiempo en un mismo lugar y contrató varios dobles para despistar a los posibles asesinos.

La idea de la muerte lo obsesionaba y por ello se dedicó a buscar el secreto de la vida eterna. Envió varias expediciones en busca de la isla de los inmortales, para conseguir la píldora de la inmortalidad. Esa pudo ser en parte la causa del aceleramiento de su muerte, a la que tanto temía. Comenzó a tomar remedios para alargar su vida, los cuales al parecer, paradójicamente, lo fueron envenenando poco a poco.

 Se dice que fue en uno de esos viajes en busca de las legendarias islas de los inmortales cuando el emperador murió, en Shaqiu, a dos meses de distancia de la capital. Li Si temía un alzamiento de la población cuando se conociera la noticia de la muerte del emperador, así que decidió ocultar el hecho hasta llegar a Xiangyang.

Cada día, el primer ministro entraba en la diligencia del emperador y simulaba discutir asuntos con él. La estrategia funcionó, ya que en vida Qin Shi Huang había tenido una naturaleza muy secretista. Li Si escondió el fuerte olor del cadáver haciendo que dos carros de pescado siguieran a la diligencia del emperador. Una vez en la capital, se anunció su muerte al pueblo.   

Qin Shi Huang nunca escribió un testamento, así que Li Si falsificó uno en el que nombraba sucesor al segundo hijo del emperador, Huhai. Obligaron al primer hijo, Fusu, a suicidarse y se hicieron con el mandato de las tropas.

Huhai se convirtió en el segundo emperador, Qin Er Shi. Pero éste fue sólo un título nominal, ya que se convirtió en un títere en manos de Li Si y Zhao Ghao, otro jefe unido en la conspiración.

Sin embargo este reinado no fue muy próspero. Sin la fuerza de Qin Shi Huang, las revueltas pronto estallaron por todo el imperio. En cuatro años el segundo emperador estaba muerto, el palacio imperial destruido y la dinastía Qin, tan poderosa en manos de sus ancestros, acabada.          

Una vez desaparecida la dinastía Qin, la siguiente dinastía, la Han, rechazó todos los preceptos políticos del primer emperador. Sin embargo conservó muchas de las reformas de la dinastía anterior. Los esfuerzos del primer emperador no fueron por tanto en vano, pero se inició una campaña de desprestigio contra él que ha sepultado en parte la realidad, confundiéndola con la leyenda.

La imagen que ha quedado de él es la de un tirano cruel, avaricioso, perverso, muy supersticioso y obsesionado con la muerte. Pero lo cierto es que Qin Shin Huang fue capaz de lograr lo imposible, unificó China y repelió a los invasores bárbaros.

En los primeros años de reinado se comenzó a construir el gran mausoleo del primer emperador que debía ser una copia del universo para así poder poseer todas sus maravillas en la otra vida. Según las crónicas, se utilizó la mano de obra de 700.000 obreros para su construcción. Sin embargo la gran obra no estaba aún terminada cuando murió.

El mausoleo está ubicado en el monte Lí, a 30 Kilómetros de Xian. Fue hallado por casualidad en 1974 cuando unos campesinos  excavaban en busca de un pozo de agua. El mausoleo se extiende en una superficie de 60 Km cuadrados y en su alrededor se han ancontrado numerosas tumbas.

El complejo monumental se compone de varias estructuras. En el centro se encuentra una auténtica colina artificial donde está el túmulo sepulcral que aún no ha sido excavado. El historiador Sima Qian escribió que la tumba estaba repleta de maravillas. El techo, decía, era de bronce salpicado de gemas para simular el cielo nocturno y las estrellas; en el suelo había ríos que se habían rellenado de mercurio para que fluyeran eternamente de manera mecánica y que representaban la hidrografía del imperio. Rodeado todo de maquetas de palacios y tesoros espléndidos. Se instalaron ballestas en las entradas que se accionarían si un extraño penetraba en el túmulo para profanar su tumba.

Todo esto aún no ha sido probado, pero la estructura de la tumba parece indicar que es cierto. Además, se han llevado a cabo numerosas pruebas científicas en los alrededores y al parecer se han encontrado restos de mercurio en el lugar.

El primer foso encontrado en el complejo contiene unos 6000 guerreros, carros y caballos de terracota dispuestos en 11 pasillos (aunque aún no se ha excavado en su totalidad). Todo un ejército formado en posición de batalla. Las figuras de los soldados miden 1.80 m de altura y están equipados con armaduras de terracota. Cada figura tiene rasgos faciales y peinados diferentes, incluso pueden distinguirse individuos pertenecientes a diferentes etnias, por lo que se cree que fueron tallados uno a uno, utilizando como modelos a los miembros del ejército del emperador. Cada soldado debió de portar un arma según sus posiciones, pero tras la caída de la dinastía Qin, la tumba fue saqueada. Algunas de estas armas de metal sí han sido encontradas, de aleación muy sofisticada y aún afiladas. Las puntas de flecha contenían plomo para hacerlas venenosas. Las figuras de los caballos fueron encontradas con arreos de latón.

Sin embargo este fue sólo el primero de un gran número de hallazgos. Algunos años más tarde se encontró a unos 20 m de la primera, una segunda fosa. Ésta era mucho más pequeña y contenía la colección de caballería del emperador: más de 1400 piezas entre caballos y caballeros, y una vanguardia de arqueros arrodillados, todas dispuestas en 14 filas. Las piezas muestran una mayor variedad de uniformes y posturas.

Poco después apareció una tercera fosa. En ella se han encontrado 68 figuras y un carro. Se trata de oficiales y generales. Y algunos años después aparecieron en un foso dos impresionantes carros de bronce de dos ruedas, fieles réplicas de los carros ceremoniales, de tamaño más o menos a la mitad del real. Las piezas tenían incrustaciones de plata y oro.

Como prueba de que los trabajos en la tumba no habían terminado cuando murió el emperador, apareció una cuarta fosa cerca de las otras que se hallaba vacía. Los trabajos debieron abandonarse inmediatamente después de su muerte.

Al parecer, enterrando estas estatuas, el emperador creía que seguiría teniendo un enorme ejército bajo su mando en la otra vida.

Las figuras estaban pintadas con vivos colores, pero éstos se perdieron a las cinco horas de exposición al sol. Fue una verdadera lástima, por lo que actualmente se están estudiando las técnicas precisas para recuperar los restos del ejército en todo su esplendor y por ello se han pospuesto las excavaciones.

De momento, China no tiene previsto realizar excavaciones en la tumba principal del mausoleo  de Qin Shi Huang, con lo cual deberemos esperar unos años más para poder saber al fin si las leyendas acerca de la tumba del primer emperador son ciertas. Aunque, a juzgar por la grandeza del resto de su mausoleo, y los logros alcanzados durante su reinado, podemos apostar a que, si no logró llevarse con él el universo, sí que consiguió rodearse de parte de sus maravillas en la otra vida.

Sí queréis echar un vistazo a esta gran maravilla Patrimonio de la Humanidad aquí os dejo el enlace a una web donde encontraréis muchísimas fotos de todo el complejo funerario.

Guerreros de Terracota – China

 Por Estefanía Jiménez

 

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