CUENTO DE LA CHINA IMPERIAL


Hubo en tiempos de la dinastía Jin (265-420) un prefecto de Wudu, llamado Li, que enterró a su hija muerta a los dieciocho años en la parte norte de la capital de la prefectura, pues según su autoridad tenía tal prerrogativa. Le sucedió en el cargo un hombre llamado Zhang cuyo hijo, llamado Zi, tenía entonces unos veinte años y vivía acompañando a su padre en el palacio prefectural.

Cierta noche, soñó Zi con una muchacha de una hermosura no común que le dijo ser hija del ex prefecto, haber tenido la desgracia de morir joven y estar hoy con él para pedirle ayuda y poder renacer; que había venido a pedírselo primero a él, pues era él quien le gustaba. Lo mismo vino ocurriendo unas cuantas noches más, unas cinco o seis, hasta que en cierta ocasión se le apareció de cuerpo entero, a pleno día y vestida con una elegancia extremada. Hicieron como esposo con esposa, y quedaron en las sábanas esas manchas que deja toda mujer virgen.

Tiempo después, el ex prefecto ordenó que alguna sirvienta fuese a limpiar la tumba de su hija. De camino, aprovechando que la tumba estaba a poca distancia del palacio prefectural, la sirvienta entró a saludar de parte de sus señores a la esposa del prefecto. Y fue entonces, estando ya en las habitaciones interiores del palacio, cuando vio caído junto a la cama de Zin uno de los zapatos de la hija muerta de su señor. Lo recogió y, llorando, empezó a decir que había que ir a abrir el ataúd.

De allí salió llevándose el zapato, que dejó perplejo a su señor al verlo; al instante, despachó un criado a casa del prefecto con este mensaje: “¿Cómo es posible que un zapato de mi hija muerta estuviera en posesión de su hijo?” El prefecto le repitió la pregunta a su hijo Zi, y éste le narró con detalle cómo había ocurrido todo, lo cual pareció tremendamente extraordinario a ambos padres.

Fue abierto el ataúd y vista la muchacha, y tenía la misma carne que tienen los cuerpos vivos, y el mismo aspecto y el mismo color que tuviera antes de morir, y un zapato en el pie derecho mas ninguno en el izquierdo. Pero todo había sido descubierto, de modo que volvió a la muerte la muchacha, a la corrupción su carne y no pudo ya más renacer. A la noche siguiente, volvió a ver a Zi, y le dijo: “Fui tan feliz contigo aquella vez que todo olvidé cuando me iba. Ahora que han descubierto aquel zapato bajo tu cama, ya no podré renacer ni continuar con este amor perfecto nuestro; pero de nada sirve hablar ya de cuán grande sea mi desdicha.”

Lloró y se despidió.

TAO YUANMING (365-427) (Escritor chino de inspiración taoísta)

“CUENTOS FANTÁSTICOS CHINOS” Ed. Seix Barral

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