PENDER DE UN HILO. EL HILO DEL DESTINO


Esta frase, que tanto hemos escuchado, procede de la mitología clásica. Creo que todos hemos oído hablar de las hilanderas del destino, por ello, y para dar una explicación más extensa de esta expresión, hoy me gustaría hablaros de estos personajes que tanto me han inspirado en muchos de mis relatos.

 

EL HILO DEL DESTINO

Según la mitología griega, las Moiras eran diosas de la Vida y de la Muerte. La palabra griega moira significa ‘parte’ o ‘porción’, relacionándose con la porción de vida o destino de cada persona.

 Se trataba de tres hermanas, hijas de Nix (la Noche). Estas tres hermanas controlaban y ejecutaban el destino de la humanidad representado en forma de hilo. Eran Clotho, Láquesis y Átropos.

Utilizaban hilo de lana blanca para hilar la felicidad y negro para la desgracia y la muerte, alternando los dos colores durante toda la existencia de un ser humano, tornándose más frecuente el color negro cuando ésta se acercaba a su fin, allí cuando Átropos, la implacable, cortaría el hilo.  

La mitología romana también tenía sus equivalentes diosas del destino: las Fata (de fatum, destino) o Parcas; nombre mucho más conocido y temido, sin duda. Eran: Nona, que hilaba el hilo desde su rueca hasta su huso (Clotho), invocada en el noveno mes de la gestación; Décima, que medía el hilo con su vara (Láquesis); y Morta,  que cortaba el hilo, eligiendo el final de la existencia de cada persona (Átropos).

Las Moiras o Parcas se aparecían tres noches después del nacimiento de un niño para determinar su destino y el curso de su vida.

Es inevitable relacionarlas con otras deidades como las bálticas Laima, diosa del destino y la felicidad; o Verpeja, diosa encargada de poner fin a las vidas de las personas.

Pero no son las únicas diosas del destino. La mitología nórdica también tiene las suyas propias, no demasiado diferentes.

Las Nornas hilaban sus hilos del destino al pie del árbol Yggdrasil, árbol de la vida o fresno del universo, cuyas raíces y ramas mantenían unidos los diferentes mundos. La última de sus tres raíces se dirigía directa a la Casa de las Nornas.

Sus nombres son: Urðr; “lo que ha ocurrido”, el destino; Verðandi, “lo que ocurre”; y Skuld,  “lo que debería suceder o es necesario que ocurra”. Esta última era además una de las Valkirias (deidades encargadas de elegir a los mejores guerreros caídos en la batalla y llevarlos al Valhalla para servir a Odín).

Dado que la mitología griega y la egipcia han compartido algunas deidades a lo largo de su periodo histórico, quise buscar algún equivalente a estas diosas del destino en Egipto.

Son varios los dioses del destino en el panteón egipcio, tan complejo y extenso. Sin embargo haré mención sólo a Renenutet (que a su vez era Hermutis en Grecia).

Se trata de una mujer con cabeza de cobra con una corona con dos plumas y un disco solar y un par de cuernos de vaca. Es una diosa celeste, también diosa de los graneros, las cosechas y de los víveres. Estuvo muy unida a las mujeres y se la vinculaba con los nacimientos y la lactancia de los niños. En su papel funerario es la encargada de dar de mamar a las almas de los difuntos.

Pero además de todo ello, Renenutet es una diosa del destino que controla el sino de cada individuo. Será ella quien determine la fortuna de cada persona.

Lo que realmente me ha llamado la atención, es que a esta diosa egipcia se la relaciona además con el tejido, se la denominaba “Señora del Vestido” asociándosela con el lino, tan típico de Egipto. Ella otorgaba de poder mágico el hilo con el que se fabricaban las vendas destinadas a la momificación.

Esto me ha llevado a preguntarme: ¿será Renenutet, la causa por la que culturas posteriores asociaran el hilo con el destino y la muerte y lo adoptaran de esa manera a su mitología propia? La coincidencia es realmente curiosa.

Para finalizar os comentaré que existe otra cultura, en apariencia completamente distinta a las mencionadas, que también cuenta con su propio hilo del destino, aunque con un significado bastante diferente y mucho más romántico.

Se trata del llamado “Hilo rojo del Destino” de la cultura japonesa.  Todos los seres humanos nacemos con un hilo rojo atado al dedo meñique. A la otra punta del hilo rojo está la persona destinada a ser nuestra pareja.

En China no es un hilo rojo sino una soga roja atada al tobillo. En ambos casos, se trata de algo que nadie puede ver ya que es invisible al ojo humano.

En ocasiones se dice que el hilo es tan largo que morimos sin llegar a dar con la persona destinada. Otras veces, el hilo se rompe, y por más que busquemos jamás llegamos a dar con nuestra pareja.

He encontrado una leyenda muy bonita sobre este Hilo Rojo del Destino que os contaré en otra entrada de “Ecos de la Distancia”; además os hablaré de un dorama japonés que trata sobre el tema en cuestión.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

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