LOS VAMPIROS EN EL FOLKLORE MUNDIAL


Puesto que dedicamos una entrada a las brujas y sus orígenes, me gustaría hablar hoy sobre esta otra criatura mítica muy de moda en el momento, y que con el tiempo  ha sufrido lo que a mi me parece una metamorfosis impresionante. ¿Dónde están esos vampiros que inspiraban terror? En fin, a pesar de las modas, tengo que reconocer que los vampiros aún me fascinan.

Para escribir esta entrada me he servido de nuevo de la red. Hay innumerables blogs y páginas sobre vampiros y su historia que me han parecido muy interesantes: www.territoriodelobos.com, multimania.es, la maravillosa wikipedia, y muchísimos más que me salieron al teclear unas palabras concretas en google. Vamos, lo que quiero decir con esto es que no soy yo una entendida en el tema ni mucho menos y que simplemente me he dedicado a recopilar información de la red, donde hay verdaderas maravillas ocultas.

Para empezar: ¿qué es un vampiro? Etimológicamente hablando, la palabra “vampiro” procede del húngaro o del serbocroata “vampir”.
En su origen se llamaba vampiros a los fallecidos que abandonaban sus tumbas para alimentarse de la sangre y la carne de los vivos. Hoy en día se emplea este calificativo para designar cualquier forma de existencia parasitaria o carroñera.

Y con respecto a la figura del vampiro… todo depende del folclore arraigado en cada país, pero en lo que sí parecen coincidir la mayoría es en que se tratan de criaturas que necesitan alimentarse de la sangre de otros seres vivos para sobrevivir.

Sin embargo, en algunas culturas orientales y americanas aborígenes, el vampiro es considerado una deidad demoníaca o un dios menor.

Pero la imagen más extendida entre nuestra cultura es la del vampiro de origen eslavo; ese monstruo con aspecto de hombre que necesita chupar la sangre a otras criaturas vivas.

Pero… ¿de dónde procede el mito? Parece ser una combinación de varios temores y creencias humanas. Además, la atribución a la sangre de ser fuente de poderío o vehículo del alma, hace que se cree un nuevo temor: el miedo a los depredadores que quieran hacerse con esa fuente de vida y poder que guardamos en nuestras venas. También el miedo a la enfermedad o a la muerte y a los cadáveres pudo contribuir a alimentar el mito, así como la fascinación temerosa por la inmortalidad.

Puede ser, y algunos estudiosos al parecer así lo estiman, que el mito del vampiro, se desarrollara en años sacudidos por las plagas y penurias, a causa  de la necesidad de explicar, en medio de una atmósfera de miedo y desconfianza, epidemias que asolaron Europa causadas por enfermedades reales, antes de que la ciencia lograra una explicación científica para ellas.

Pero toda historia tiene un principio y unos antecedentes, y toda criatura tiene sus antecesores; también son muchas las civilizaciones que tuvieron su propia versión del vampiro y son muchas las que aún conservan dicho mito. Hoy dedicaremos esta entrada a conocer algunas de ellas.

Los vampiros vienen de muy lejos en el tiempo, y, cómo no, también en este caso encontramos una referencia bien clara al vampirismo en el antiguo Egipto. Según el famoso mito de “la lejana” (que os contaré en otra entrada de Ecos de la Distancia), la diosa egipcia de la guerra, Sejmet, bebía sangre humana y para apaciguar su furia tuvieron que engañarla con cerveza roja parecida a sangre hasta que ella se emborrachó y se calmó.

Y Egipto influenció a muchas civilizaciones, y fueron muchas las culturas que se nutrieron de este gran imperio. Así, la figura del poderoso vampiro aparece una y otra vez en distintos puntos del mapa.

Los guls, por ejemplo, son unos demonios necrófagos propios del folclore árabe. Viven en lugares oscuros y desolados y suelen frecuentar los cementerios para buscar cadáveres con los que alimentarse. La versión femenina es la ghouleh o algola. Estos demonios pueden cambiar de forma, especialmente pueden adquirir el aspecto de una hiena o cualquier otro animal del desierto para que los incautos caigan en sus garras al cruzar estas inhóspitas tierras. Como nota curiosa deciros que el gul es una de las criaturas maléficas a las que debes enfrentarte en el juego de mesa “Dungeons and dragons” y que, efectivamente, aparece con forma de hiena que camina a dos patas.

El asanbosam es un vampiro africano que tienen ganchos en lugar de pies y muerden a sus víctimas en el dedo pulgar.

adze es un espíritu que mora en las tribus de hechiceros de la gente que habita parte del sudeste de Ghana y del Togo meridional en África. La adze vuela en forma de luciérnaga pero, si está cautiva, cambia y se convierte en un ser humano. Bebe sangre, el aceite de palma y el agua de coco y sus presas son niños, especialmente los que son hermosos.

Pero el vampiro no es sólo cosa de las civilizaciones perdidas o las tribus africanas, ni mucho menos. La primera mujer de Adán, Lilith, se alimentaba de la sangre de los niños no circuncidados. Sobre ella intentaré documentarme más y hablaros en extenso, porque parece que hay mucho que decir.

En la India están los vetala, demonios vampiros que forman parte de la corte de Siva. Son espíritus que habitan dentro de los cadáveres y se sirven de ellos para moverse. Sin embargo, también pueden salir al exterior en busca de presas. Rondan los lugares de cremación y los cementerios y se alimentan de sangre humana. Les encanta volver locas a las personas y asesinar niños. Están atrapados entre la vida y la muerte y pueden ver el presente el pasado y el futuro.

También en las mitologías hinduista, budista y janaista, existe el preta; se trata de un ser sobrenatural, un espíritu atormentado por el hambre y la sed. Un preta fue en vida una persona envidiosa o avara, por ello tras la muerte soporta un hambre insaciable de alguna sustancia, normalmente de algo repugnante y humillante (sangre, cadáveres, excrementos…).

El eretica es un vampiro ruso. Se creé que es un hereje muerto que ha vuelto a la vida. Por la noche, el grupo de ereticy se encuentra en un barranco y realizan una forma de sabbat.

El pueblo Mapuche, en América, cree en un ser vampírico llamado el Pihuychen que ataca a animales y personas. Al murciélago vampiro común también se le conoce con este nombre y hay quien lo asocia con el famoso chupacabras, al que me gustaría dedicar una entrada en Ecos.

También tenemos al wekufe, espíritu dañino que se dedica a destruir el equilibrio del mundo. La verdad es que sería muy interesante dedicarles una mención especial a todas estas criaturas y sus leyendas, pero sería una entrada eterna, así que espero poder hacerlo en otras futuras, o que tal vez alguno de vosotros pueda enviarnos algo sobre ellos. Las Cihuateteo aztecas; el Camazotz maya; o los Jencham de la selva amazónica.

En la mitología griega encontramos la leyenda de Lamia, a quien Hera convirtió en un monstruo después de asesinar a sus hijos como castigo por haber sostenido un romance con Zeus. Es una clara antecesora de la figura moderna del vampiro, devoradora de niños, despiadada y seductora. De ella se deriva el nombre de otro monstruo mítico; las lamias, también presentes en el folclore neohelénico, vasco y búlgaro.

A Lamia se la asocia a menudo con la empusa, otra figura monstruosa de la mitología griega. En algunos textos aparece como guardiana del Hades y también se la asocia con la diosa Hécate de los infiernos. La empusa cambiaba de forma pudiendo adoptar el aspecto de un animal doméstico o de una hermosa mujer a la que se la distinguía por tener un pie de bronce. Merodeaba por parajes desiertos, especialmente durante noches de luna llena, para buscar jóvenes, seducirlos y cebarse con su sangre.

Otra criatura griega eran los vrykolakas que atacaban a su familia después de muertos.

Los romanos, como no, también tenía a sus propias criaturas vampíricas. Las larvae o lemures (en singular lemur) eran los espectros de la muerte que salía por las noches y atormentaban a los vivos. Los lemures, primates de Madagascar, fueron bautizados así por sus hábitos nocturnos y por los sonidos que emiten por las noches. También el nombre de larva, con la definición que en la actualidad conocemos, procede de esta criatura mitológica.

También romanas es la estirge, criatura voladora con cuerpo de pájaro, alas de murciélago y ojos amarillos y crueles. Atrapa a sus víctimas con sus patas, de las que nadie puede escapar, y succiona su sangre con su enorme pico alargado hasta darles muerte.

Parecidas a las estirges son las strigoi, pertenecientes a la mitología rumana (de la que tanto se ha hablado en cuestión de vampiros). Eran almas de muertos que durante la noche salían de las tumbas para aterrorizar a la gente. Se trataba de monstruos deidades con rostro de mujer y cuerpo de pájaro, que absorbían la sangre de los humanos mientras estos dormían.

De igual modo, en la mitología rumana y albana, una striga es una bruja-vampiro que se cuela en los dormitorios de los niños para absorber su fuerza vital.

El alp es un vampiro alemán asociado con el incubus, normalmente ronda por las noches y en los sueños de las mujeres. Siempre relacionado con las pesadillas, el alp es masculino, algunas veces se transforma en el espíritu de un pariente recientemente difunto. En todas sus manifestaciones el alp se conoce por el uso de un sombrero (lo que me recuerda mucho a ese viejo escalofriante de la película Poltergeist 2). El espíritu puede volar como un pájaro y puede ser muy galante; al igual que el citado incubus, una de las formas más famosas de vampiros, que visita a mujeres por la noche y las convierte en sus amantes. El incubus posee todas las características del vampiro típico de la literatura y el cine.

En Escocia, tierra de leyendas, tenemos al baobhan-sith; normalmente se disfraza como una hermosa virgen engañando así a sus víctimas y dándoles muerte. El baobhan-sith aparece vestido de color verde, color más bien propio de la mitología irlandesa que también tiene sus propios vampiros, como el dearg-due.

El dearg-due data de la época céltica, y la única manera de contener sus depredaciones es apilar piedras sobre cualquier sepulcro sospechado y así contener a la bestia (con respecto a esto habría mucho de lo que hablar. No parece una casualidad la cuestión de utilizar piedras en las tumbas, ¿no era la piedra el monumento funerario por excelencia de los celtas? Dólmenes, menhires, modias, cromlech, petroglifos…la magia de las piedras, todo un tema para estudiar detenidamente).

En el vecino Portugal encontramos la bruxa, vampiro femenino que es transformado en su forma vampírica por medio de la brujería. Aparece como una hermosa mujer y lleva una vida normal por la mañana, usando a los niños como su alimento. También portugués es el lobishomen.

Una de las figuras vampíricas que más me gusta es la del  jiang shi, el vampiro chino. Son personas que han sufrido una muerte violenta o bien su alma no ha conseguido encontrar reposo. Su piel es muy pálida y no soportan el sol, sus cuerpos continúan incorruptos y su uñas no cesan de crecer, al igual que su cabello, blanco y largo. Sus extremidades son rígidas lo que dificultan sus movimientos, que son lentos, caminan dando pequeños saltos y extendiendo los brazos. Son ciegos y se guían por el olor y la respiración de los vivos. Cuando muerden a una persona, la convierten en otro jiang shi, y éstos sólo pueden ser detenidos por los hechizos de los monjes taoístas.

En Japón se encuentra el kasha, que se alimenta de cadáveres.

Han  sido tantísimos los vampiro que he encontrado que podría estar enumerándolos durante días y días; lo que sí es seguro es que, en todos los puntos de la geografía y en cada cultura, existe una de estas increíbles criaturas que tanta fascinación nos causan.

Una lista enorme en la que, para finalizar, no podía dejar de mencionar a los nuestros: los vampiros “made in Spain”.

En Asturias, esa maravillosa tierra tan hermosa y llena de historia, de magia y misterio; podemos encontrar en las noches a las terroríficas guaxas; esas viejas arrugadas y horribles, de ojos encendidos, que se dedican a chupar la sangre de los inocentes niños con su único diente.

En la vecina Cantabria, tierra de increíbles paisajes y de gente magnífica, viven las guajonas (a las que también se las llamó antaño lamias como a la criatura griega). Son viejas y feas, con verrugas y pelos en sus rostros amarillentos, se pasean de noche vestidas con un manto negro que las oculta de la cabeza a los pies, mostrando tan sólo sus sucias manos y pies, que son patas de pájaro. Sus ojos son brillantes y en su boca sólo tienen un diente podrido pero largo y afilado que les llega hasta la barbilla. Sólo salen de noche y durante el día se ocultan bajo tierra. Entran en las casas ocultándose en las sombras y la oscuridad y beben la sangre de los jóvenes y niños sanos.

Y por supuesto Galicia también tiene su propia versión de esta vieja siniestra y terrible: las meigas chuchonas. Se trata de un tipo de meiga considerada la más peligrosa de todas. Puede adquirir diferentes formas, siendo sus preferidas la forma de vampiro e insectos. Chupan la sangre a los niños y les roban los untos (su grasa corporal) para utilizarlos en la fabricación de ungüentos y pociones mágicas.

Y hasta aquí dejamos por hoy a los vampiros, esos seres terroríficos y fascinantes que, como habéis comprobado, tienen un gran protagonismo en la historia, mitología y folclore de innumerables lugares.

Queda en el aire mucho por decir, espero poder tratarlo todo en próximas entradas, porque realmente he encontrado cosas muy interesantes que contaros. Me gustaría hablaros del fenómeno del vampiro en la Edad Media, esa época de supersticiones y persecuciones; de las enfermedades asociadas con el vampirísmo, como por ejemplo la porfiria y la catalepsia; el vampiro en el cine y la literatura; y esos misteriosos y siniestros personajes históricos como el archiconocido Vlad Tepes o la terrorífica Elizabeth Báthory.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

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