LA VISITA NOCTURNA (LEYENDA ASTURIANA)


No hace mucho estuve en la catedral de San Salvador de Oviedo. No voy a contar aquí lo bonita que es la ciudad y lo increíble que es la catedral  porque me pasaría semanas describiendo. Sencillamente os recomiendo a aquellos que no la conozcáis que la visitéis en cuanto podáis, realmente es una ciudad sorprendente, llena de historia, arte, magia y leyendas.

Nuestra guía nos contó algunas y yo me quedé con esta que he encontrado también en varios blogs y libros.

Espero que os guste.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

En Oviedo tienen un dicho:

El que visita a Santiago

y no viene al Salvador

rinde tributo al criado

y no saluda al Señor.

Al parecer, el rey Alfonso VIII de Castilla tenía por costumbre visitar Santiago para rendir homenaje a la tumba del apóstol; pero sin embargo jamás visitabala Iglesiade San Salvador.

Un día el rey escuchó a un mendigo ciego que cantaba cerca de él. Prestó oído a la letra que no era otra sino la que arriba os indicaba. El rey se ruborizó y prometió enmendar aquella torpeza.

Así que no tardó en visitar Oviedo para rendir culto a San Salvador, acudiendo unos días antes de partir para la batalla de Las Navas de Tolosa para pedir perdón al Salvador y solicitar su ayuda en la lucha que se avecinaba.

En la tarde de su llegada una fuerte tormenta azotaba la ciudad. Los rayos y relámpagos iluminaban el cielo, oscuro como boca de lobo, mientras los truenos hacían hervir los nervios del más templado soldado. El viento soplaba helando la sangre con su aliento procedente de la montaña. El agua caía congelada, cortando la piel sensible con el fuego de su hielo.

En la catedral, don Alfonso rindió por fin culto al Salvador, sintiendo de repente una gran paz en su alma.

Tras la oración se retiró a descansar y preparar su cuerpo para la partida al día siguiente. La tormenta golpeaba los muros de sus aposentos, pero él se sentía apaciguado tras la oración y se quedó dormido.

De repente algo inquietó su sueño. Parecía como si aquellos truenos golpearan de manera acompasada y cansina. Don Alfonso se agitó inquieto en su sueño y finalmente se desveló, aguzando sus oídos para escuchar.

Aquellos extraños golpes que lo habían sacado del sueño no eran otra cosa que el aldabón de la puerta de la catedral golpeando en plena noche contra la madera.

El rey se inquietó, pues temió un ataque contra su persona en aquella noche infernal, pero a pesar de ello salto de la cama y fue a ver qué ocurría.

Los monjes que permanecían despiertos temblaban asustados a la puerta de la iglesia, habían intentado ignorar la llamada, asustados por la tormenta; sin embargo, aquel que se encontraba al otro lado, no paraba de insistir.

Al fin uno de los frailes musitó: “Quizás alguien precise nuestra ayuda en esta noche, hermanos”.

Y valientemente se acercó a la puerta y alzó la voz, tratando de sonar seguro, aunque sin poder evitar un temblor involuntario:

-¿Quién va? ¿Quién llama a estas horas?

-Tenemos un mensaje para el rey.

También el obispo se había reunido con ellos ante la puerta y lanzó una mirada atemorizada a don Alfonso.

-¿Quiénes sois?-insistió el obispo temiendo que quisieran atentar contra la vida del monarca en su propia catedral.

-Mi nombre es Rodrigo Díaz de Vivar.

-Yo soy Fernán González.

Ambas voces sonaron espectrales y lejanas en el ruido de la tormenta y golpearon a todos como un látigo de hielo en la espalda. Algunos monjes se encogieron de miedo, otros se abrazaban temblando. Pero el obispo se repuso en seguida, creyendo que aquello era una broma de mal gusto.

-¡Pero, qué decís! ¡Esos buenos caballeros que nombráis murieron hace muchos años! ¡Son héroes de gesta! ¿Pretendéis tomarnos el pelo en una noche como esta?

-Cierto es eso que decís; y venimos en esta noche a dar un mensaje al rey.

Todos se miraron con los ojos desorbitados. El obispo lanzó una mirada inquisitiva a don Alfonso y se encogió de hombros meneando la cabeza. El rey suspiró y de repente, allí, junto a la puerta, volvió a sentir la presencia tranquilizadora del Salvador. Caminó despacio hacia la escultura y se persignó, entonces, ante su mirada severa pero dulce, se sintió en paz.

-Queréis hablar con el rey y aquí estoy –su voz retumbó en las paredes de la catedral, segura y autoritaria-. Decidme, pues, que es aquello que habéis venido a contarme.

-Señor, la batalla que pronto lidiaréis será cruel y épica; mas debéis saber que vuestra será la victoria. No temáis la dureza de la contienda pues nosotros mismos acudiremos allí a prestar nuestra ayuda.

Entregado su mensaje, los dos siniestros personajes abandonaron la catedral arropados por las envolventes sombras de aquella noche de tormenta.

Poco tiempo después se obtuvo la victoria de las Navas de Tolosa. Fueron muchos los soldados que lucharon en esta histórica batalla, luego es de suponer el caos existente en los momentos de mayor fragor, sin embargo, fueron varios los caballeros que preguntaron más tarde: “¿Quiénes eran aquellos dos caballeros cubiertos de túnicas negras que lucharon como poseídos por los espíritus de antiguos héroes del pasado?”.

 

Anuncios

2 pensamientos en “LA VISITA NOCTURNA (LEYENDA ASTURIANA)

  1. Jo qué chulísima,se me ha puesto el vello de punta.No la conocía.Tu forma de narrar me recuerda al Miserere o al Monte de las Ánimas de Becquer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s