AMAPOLAS – AMOR DE PRIMAVERA


Hola a todos. Ya sé que últimamente no publico con la frecuencia de antes, ni todo lo que me gustaría, y sí, sé que a algunos de los que confiáis en Ecos, os tengo un poco abandonados; pero no os olvido. Procuro contestar a todos los emails, y, de verdad que todos tendréis un hueco en mi casita 🙂

Os pido perdón por los retrasos con las publicaciones, pero es que ando embarcada escribiendo un nuevo libro y, qué os voy a decir, me he enganchado de tal manera que lo he convertido en casi una obsesión. Y esa es una ocasión que no quiero dejar escapar. La inspiración viene y va muy a la ligera, así que, cuando está aquí, hay que cogerla por los pelos, como a la ocasión, hasta dejarla calva.

Por fortuna, hoy traigo una entrada de las que me gustan, bien completita. Y es que nuestra Tere me envió unos cuadros preciosos y he estado buscando alguna cosa interesante para ellos. En concreto éste, ¿no os habla de primavera? Por eso he tratado de encontrar algo sobre esta estación que no os hubiera contado ya y he encontrado esta leyenda preciosa en una web de viajes. He tratado de corregirla un poco, pero he sido fiel a la original (no se nos vaya a enfadar nadie). La web es muy interesante y tiene muchas más leyendas, así que os dejo un enlace para que le echéis un ojo 

VIAJE UNIVERSAL

Y nada más, aquí os dejo esta leyenda ilustrada por el precioso cuadro de Tere, espero que os guste.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

"AMAPOLAS"-Mª Teresa García Arenas.

“AMAPOLAS”-Mª Teresa García Arenas.

AMOR DE PRIMAVERA (LEYENDA VIETNAMITA)

 

Hace mucho tiempo, vivía en un país muy lejano un joven tejedor, famoso por su destreza con los hilos y su buen corazón. Una mañana, un ave se enredó en su telar y se rompió un ala. El joven sintió lástima del animal y lo cuidó con mimo, hasta que se restableció. Los dos se hicieron muy amigos, y, cuando se recuperó, el pájaro decidió permanecer junto al joven. Ambos se querían tanto, que aprendieron a comunicarse entre ellos.

Cuando los padres del chico murieron, solo le quedó la compañía del animal y el consuelo del hermoso árbol que había plantado su madre para él antes de fallecer.

Un día, el pájaro trajo noticias.

-“No muy lejos de aquí, vive una muchacha hermosísima. Es una hábil bordadora, y ha dicho que se casará con el hombre que pueda tejer diez metros de seda sin costuras y que tiña el hilo de rosca en un color rosa que no decolore jamás .”

El chico sintió curiosidad y fue a ver a la muchacha. Nada más verla se enamoró de ella y se propuso cumplir sus deseos.

Eligió sus mejores hilos de seda y comenzó a trabajar. No tuvo ningún problema en tejer diez metros de seda sin costuras, pero no tenía ni idea de cómo obtener un tinte rosa que jamás se decolorara.

Por fortuna, el pájaro, que conocía bien los parajes naturales de su alrededor y sabía de un hada que vivía en las montañas y que podría ayudar al chico.

Sorprendida por la amistad del ave y el joven, y conmovida por la historia de amor, decidió ayudarlo.

– “Todos los colores palidecen con el tiempo- dijo el hada-. Sin embargo, los tejidos tintados con sangre, nunca pierden su color. Por ello, debes pincharte los dedos y recoger la sangre, después úsala para teñir la seda. “

El joven siguió las instrucciones del hada y, cuando se sentía debilitado por la pérdida de sangre, el pájaro le ayudaba, trayéndole alimentos y hierbas medicinales para curar sus heridas.

Así fue como tras diez días de sufrimientos, los hilos de rosca estuvieron teñidos con un hermoso tono rosa y envueltos en un bonito paño.

Orgullosos de su trabajo, el joven y el pájaro fueron a ver a la muchacha. Había una gran cola de pretendientes ricos y orgullosos, que pretendían también mostrar sus ofrendas.

La muchacha recogió los paños de seda y los hilos de rosca. Entonces tomó un pequeño espejo y una aguja, que había heredado de su padre; sostuvo el espejo cerca de la tela y, en la imagen del espejo, vio las costuras de los paños y enhebrando un hilillo rosado en su aguja, vio que el color era pálido. La muchacha repitió estas pruebas con todos los trabajos de los pretendientes, hasta que llego al paño tejido por el joven.

Mirando en su espejo, vio que la seda brillaba como la superficie de un lago. Y cuando, examinó con su aguja el hilo del tejido, brilló intensamente en un color rosa profundo. Era tan bonito que la muchacha, que había puesto esa prueba imposible como medio de espantar a sus pretendientes, quedó conmovida por el esfuerzo del joven tejedor, y quedó prendada de él. Gustosa, aceptó casarse.

Se decía que el rey del lugar era un viejo amargado y cruel, que temía tanto al fuego, que hacía años que no salía de su palacio, por miedo a tener un encuentro con este terrible elemento.

Uno de estos pretendientes, despechado por la negativa e la muchacha, fue a ver al soberano y expuso su queja. Éste, que pesar de su avanzada edad gustaba disfrutar de las jóvenes hermosas, al escuchar la historia de la bella tejedora, que fuese conducida a su presencia.

Un día, la joven se hizo una camisa con la seda que su esposo le había traído y la bordó con unas primorosas flores, de cinco pétalos cada una, para conmemorar el sacrificio que su amado había hecho por ella, al pinchar sus cinco dedos para teñir el hilo con su sangre. La camisa era tan hermosa que la gente venia para admirarla.

Una mañana, acababa de ponérsela cuando aparecieron los soldados del rey, apresaron al tejedor y se llevaron a la muchacha por la fuerza, el pájaro intentó ayudarles, pero fue herido de muerte por un soldado.

En el viaje hacia el palacio del rey, la muchacha, desesperada, rasgó las flores bordadas de su camisa y las lanzó al viento, mientras imploraba una petición:

– “Por favor lleva estas flores a mi amor, para que jamás me olvide”.

El viento cumplió su súplica llevando las flores bordadas hasta donde estaba su esposo. Cuando por fin dejaron libre al tejedor y éste regresó a su casa, se sorprendió al ver el árbol que su madre había plantado cubierto de flores rosas. En seguida supo que era el presente de su esposa y se deshizo en llanto.

La muchacha no soportó su destino y, antes de llegar siquiera al palacio, se quitó la vida, ahorcándose con su preciada camisa de seda. Al enterarse, el rey se encolerizó tanto que ordenó a sus hombres volver encarcelar al tejedor.

Junto al floreciente árbol, el tejedor escuchó un susurro en el viento:

-“Amor mío, debo ocultar las flores antes de que los soldados del rey las destruyan, tienes que marcharte, huye lejos de aquí”.

Entonces,  un fuerte viento sopló y cambio el color de las flores, que se marchitaron una por una.

El chico no quería alejarse de su casa, pues aún tenía esperanzas de que su amada regresara, así que decidió visitar al hada de la montaña.

-“Si quieres ver a tu esposa, debes matar al malvado rey pero para tener éxito necesitarás la ayuda del pequeño pajarillo”-le dijo ella.

-“Desgraciadamente, mi amigo el pájaro está muerto”- se lamentó el tejedor.

-“Debes enterrar el cuerpo del ave bajo el árbol que tu madre plantó. Al llegar la primavera, el pájaro volverá a la vida, como lo hace la tierra”.

El tejedor siguió sus instrucciones y, a la primavera siguiente, unos pequeños brotes rosados aparecieron en el árbol. Días más tarde, el pájaro apareció.

En compañía del pájaro y lleno de esperanza, el tejedor partió a la ciudad, dispuesto a hacer algo para vengar las injusticias que se habían cobrado con él y su esposa. Se disfrazó como un vendedor de carbón y tomó un ramillete de su preciado árbol, cuajado de las hermosas flores que habían brotado gracias a la petición que su amada había hecho al viento. Escondido en el ramillete, había un pedazo de carbón encendido.

Cuando llego a la corte, se acercó a un guardia y solicitó permiso para presentar al rey las flores. El rey ordenó al extranjero que se acercase y se agachó para admirar la belleza del ramillete. Cuando el monarca se agachó y sopló su aliento sobre el carbón, éste se encendió, prendiendo rápidamente la rama, las flores y alcanzando la barba y el traje del rey.  Las llamas se extendieron rápidamente, mientras éste gritaba aterrado, pero nadie pudo parar el poder del fuego y el cruel anciano murió abrasado.

Después de aquello, anunciaron al joven el cruel destino que había sufrido su esposa. Alguien había recogido la preciada camisa de flores y se la entregó a él, como una ofrenda, para que siempre la tuviera en su memoria.

Muy apenado, regresó a su hogar y, haciendo un homenaje póstumo a su amada, enterró la camisa de seda, que era lo único que le quedaba de ella, a los pies del árbol de su madre. Cuando despertó a la mañana siguiente comprobó que la prenda estaba cuajada de flores rosadas.

El hada había dado instrucciones al pajarillo de que condujera al joven al bosque, allí, en el hueco de un tronco, encontró el cadáver de su esposa. Como le había dicho la criatura mágica, envolvió el tronco con la camisa de seda. De repente la madera se rompió en millares de astillas y la joven apareció viva.

Los tres regresaron a casa, felices e inmensamente agradecidos al hada que tanto había hecho por ellos.

Desde ese momento, a esas flores de color rosa, se las conoce como flores de melocotón,  y se convirtieron en un símbolo de la dedicación y del amor.

Cada primavera, cuando la tierra renace, aparecen estas hermosas flores, y con ellas para conmemorar el nacimiento y la fuerza del amor.

 

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