EL GOLEM (EL DEL FOLCLORE Y EL DE “SCHERZO”).


¡¡Hola!!!

Comienza la cuenta atrás para la publicación de la última parte de la saga Scherzo, Finale Appassionato, y he pensado que estaría bien ponernos un poco en situación, siguiendo la línea de Ecos de la Distancia 😉

Ya sabéis que estos libros tienen un fuerte componente paranormal inspirado en la mitología hebrea, pero también hay mucho de leyendas de Praga e Irlanda en la trilogía; así que, ¿qué os parece si os cuento algunas de esas leyendas y mitos que salen en los libros? Pero además, os iré recordando partes de la saga en las que aparecen estas historias o personajes, y así vamos refrescando la memoria, ¿os parece bien?

Advierto de que estos mini resúmenes tal vez contengan algún spoiler, aunque procuraré que no sea nada muy devastador 😛

Comenzamos con la más famosa, la leyenda del golem. Este personaje salía en Scherzo. Cuando el rabino y líder de los cazadores, Absalom, perdió la razón y decidió crear un defensor de barro para proteger a su pueblo de las amenazas, como la que Václav Novotný portaba dentro de él, así como la de los dos niños néphilim que habían salido a la luz: Jules y Danica.

El problema fue que Absalom fue en verdad engañado por el astuto Belial, el cual se hizo pasar por Dios en sus sueños y le entregó su nombre para que el rabino lo introdujera en la boca del monstruo. El resultado: una enormidad de barro con una fuerza descomunal, pero desequilibrado mentalmente. Gracias a Aileen y su particular don para “encandilar” hasta a las bestias, el equipo pudo librarse de este mal de una manera un tanto dramática.

¡Y ahora, vayamos con la leyenda clásica del golem!

Un golem es, en el folclore medieval y la mitología judía, un ser animado fabricado a partir de materia inanimada (normalmente barro, arcilla o un material similar).

La leyenda más famosa sobre esta criatura involucra a un personaje que existió en la realidad y que también aparece mencionado en Scherzo: el rabino Judah Loew ben Bezalel, conocido como el Maharal de Praga, personaje notorio del siglo XVI.

Loew había defendido muchas veces la Ciudad Judía, pero sabía que no podría vivir para siempre y no quería dejar a su pueblo desprotegido de los ataques antisemitas y las amenazas del mal. De ese modo, siguiendo antiguos volúmenes hebreos, comenzó a crear, junto a dos estudiantes, una figura gigantesca con barro extraído de las orillas del Moldava. Le pidió a uno de sus ayudantes que diera siete vueltas alrededor del coloso de barro para imbuirle del poder del fuego, y al otro ayudante le ordenó que hiciera lo mismo para otorgarle el poder del agua. Por último, él hizo lo mismo, pronunciando las fórmulas adecuadas y, tras la última vuelta, le introdujo un pergamino en la boca con el verdadero nombre de Dios escrito en él.

El golem se levantó y en todo se parecía a un hombre gigantesco, salvo que no podía hablar. A partir de ese día, la criatura se convirtió en obediente sirviente de Loew y en fiero guardián de la Ciudad Judía.

El golem no tenía maldad, pero en ocasiones le costaba controlar su fuerza y esto daba lugar a situaciones comprometidas.

Todos los viernes por la noche, antes de acostarse, el rabino sacaba el pergamino de su boca para que la criatura también descansara el sábado, no rompiera el equilibrio sagrado y su fuerza no quedara sin control.

Pero un día, la hija pequeña de Loew enfermó y él, demasiado preocupado por ello, salió a la sinagoga a rezar y olvidó sacar el pergamino de la boca del golem. Cuando pasaron las horas, la criatura comenzó a alterarse hasta que acabó enloqueciendo y destruyendo todo lo que se encontraba.

Cuando el rabino lo vio, le ordenó que se detuviera y el golem lo hizo, pero Loew sabía que había puesto en grave peligro a los suyos, así que, con la ayuda de los mismos estudiantes, llevó al golem a la terraza de la sinagoga Vieja-Nueva y le ordenó a la criatura que se acostara y cerrara los ojos. Los tres se situaron tras su cabeza y recitaron los salmos al revés hasta que la respiración del golem se detuvo. Entonces Loew sacó el pergamino de su boca y la criatura comenzó a resquebrajarse hasta quedar reducido a polvo. Lo taparon con lienzos y allí siguen todavía sus restos. 

Cuenta la leyenda que han sido muchos los que han intentado revivir al golem, pero ninguno ha obtenido el resultado previsto y algunos han llegado incluso a morir. Esa magia hebrea solo estaba reservada a los muy cercanos a Dios, como el rabino Loew.

Otras versiones dicen que Loew escribió la palabra Emet (verdad) en su frente y que para destruirlo borró la primera letra, convirtiendo la palabra en Met (muerte). Para mi propia versión del golem, me valí de ambas fórmulas y fue Aileen la que logró borrar la letra y liberar a sus amigos, con ayuda del talento musical de Václav; al menos, hasta que llegó una amenaza mucho, muchísimo peor y se ensañó con el músico. 😉 ¡Pobre Václav, cuánto le queda por pasar aún! 😛

 

Y hasta aquí la entrada de hoy, espero que os haya gustado. Si queréis leer una bonita versión de esta leyenda os recomiendo la de este libro, que además tiene unas ilustraciones preciosas.

“77 Leyendas de Praga”, Alena Jezková, ed. PRÁH

Como siempre digo, si os ha gustado esta entrada, tal vez haya despertado vuestra curiosidad acerca de mis libros 😉 Podéis encontrar toda la información sobre ellos aquí:

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