BRUJAS, SUS ORÍGENES E HISTORIA (1ª PARTE)


¡¡Buenas tardes!!

Hoy os traigo una entrada de las que me gustan, de las que hablan de cosas curiosas y misteriosas. En verdad  no es un artículo nuevo, esta entrada ya estaba en el blog desde hace mucho, pero ahora la he rescatado, corregido y reestructurado en entradas más cortitas y amenas de leer. He decidido hacer eso con todas las entradas con más éxito del blog, porque hay mucha gente nueva por aquí y yo he cambiado mucho desde que Ecos de la distancia se creó, así que… ¡Renovarse o morir!

Como se acerca Halloween, y sabéis que me encanta, he decidido comenzar por esta. Espero que os guste.

Para aquellos que me preguntáis por las fuentes os comento que toda la información la he sacado de la red, de muchos blogs y webs y también de la gran cantidad de libros que tengo sobre el tema 🙂 Yo solo me limito aquí a hacer un pequeño resumen de aquello que más me ha llamado la atención. Si alguna información es equivocada, os animo a participar y sacarme de mi error 😉

¡Comenzamos!

Las brujas han tenido una gran importancia en el folclore y han suscitado a lo largo de los siglos fascinación y terror en igual medida. También en la actualidad, a pesar de que la lógica nos diga que las brujas son “creaciones” de las personas para buscar la causa de sus males y desgracias. De siempre se han relacionado los oscuros periodos de carencia y desgracias con la aparición de la brujería y los espíritus a los que adorar y servir.
Curiosamente, y contrario a lo que muchos creen, la idea de la brujería no apareció en la Edad Media, aunque es cierto que, a quien más y a quien menos, al hablar de brujas, le viene a la cabeza la caza, la Inquisición, hogueras, sótanos húmedos y llenos de instrumentos de tortura… Sin embargo, la brujería ya existía en la prehistoria.
Antes de la aparición de la religión cristiana, el hombre adoraba al cielo, la luna, los bosques, el sexo y los antepasados. Todo en el mundo estaba poseído de un espíritu benévolo o malvado. Ya desde el comienzo de la humanidad ha existido el miedo a la muerte, lo que dio lugar a la necesidad de creer en la continuidad de la vida más allá.

Imagen relacionada

El aquelarre, Goya

Así nació el dios cornudo, aquel que sería el dios Lug de los celtas, el Pan de los griegos, o el archiconocido Satanás de los cristianos. Y aun así, todos estos dioses son “jóvenes”, teniendo en cuenta que ya en la cueva de Ariège en Francia, puede verse una pintura representando a un dios cornudo, perteneciente a la cultura magdaleniense (al parecer la pintura es de hace unos 12000 años).
Este dios personificó a la muerte, lo tenebroso, la guerra, lo masculino. Y él dio lugar a la aparición de su antítesis: la representación femenina, la diosa de la fecundidad, fuerza creadora y regeneradora. Ella es la compañera del Cornudo y se aparea con él para dar forma al mundo. El culto a esta pareja de dioses consistía en representar su unión sexual y glorificarla.

Resultado de imagen de diosa madre

En estas primitivas comunidades se empezó a hacer una división entre los líderes religiosos: observadores de las estrellas, curanderos, profetas… Conocían los secretos de las raíces y las plantas para curar enfermedades y tratar cuestiones como la esterilidad, impotencia, etc. Debían mantenerse en contacto con los espíritus, y con las fuerzas de la naturaleza, de este modo aseguraban la protección para los suyos así como la fertilidad de sus mujeres y sus tierras.
La mujer era parte fundamental de la comunidad, y las diosas madres eran veneradas y adoradas. Sin embargo, con el transcurso de los años, se produce un giro radical, los hombres someten a las mujeres y las antiguas diosas acaban siendo diosas sumisas, esposas de los nuevos dioses guerreros.
Pero el culto a las diosas madres siguió activo, si bien oculto y secreto. Ellas aparecerán siempre como una deidad creadora de vida.

Esta es la figura que me gusta identificar con las brujas y a la que siempre he admirado: aquellas personas que conocían las plantas, las piedras, el cielo, el mar… Fue a ellas a las que quise rendir mi peculiar homenaje en “Aquel diciembre”. Tanto Diego, el protagonista, como su madre y su hermana, conocían los secretos de la naturaleza y, en el siglo XVI, en Granada, ese gran don debía mantenerse oculto.

 

 

Ninguna religión monoteísta fue capaz de destronar a las diosas madre. Ni Atón, ni Jehová, ni Ahura- Mazda; Isis, Anahita, Ma, Asarté entre otras siguieron siendo adoradas, especialmente por los campesinos, dependientes de la naturaleza y la tierra.

 

 

Los que habéis leído mis libros sabéis que esto de las diosas mujeres es algo que me fascina. Así, podéis encontrar una versión muy especial de Sejmet, la diosa leona de la mitología egipcia, en “El lamento del chacal” 

 

Y, cómo no, también podréis encontrar algunos datos curiosos sobre Morrigu, la diosa celta de la muerte y la destrucción, en la trilogía “Scherzo”.

 

¿Os habéis dado cuenta de una cosa? En definitiva, tanto Sejmet como Morrigu, son la misma diosa interpretada por culturas distintas 😉 Si queréis que os hable algo más sobre ellas, solo tenéis que pedírmelo en los comentarios 😉

Y hasta aquí la entrada de hoy. En la próxima os contaré un poquito sobre la brujería en las distintas civilizaciones. Espero que os haya gustado.

Y, ya sabes, si sientes curiosidad por mis libros publicados, podrás encontrar toda la información AQUÍ o pinchando la imagen. También puedes descargar, completamente gratis, mi novela breve: “Deseos”.

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