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CUALIDADES QUE DEBE TENER EL ESCRITOR. (ANALIZANDO AL GRAN ROALD DAHL).


¡¡Hola de nuevo!!

Hoy se me ha ocurrido escribir esta entrada porque he leído en ESTE POST algunas cualidades que, según Roald Dahl, debe tener un escritor. Me ha parecido muy interesante y estoy completamente de acuerdo con él.

Me gustan estos post, hay muchos consejos también de Stephen King por la red y siempre me ha encantado leerlos (AQUÍ PUEDES VER UN ARTÍCULO), puedes aprender muchos truquillos, pero sobre todo me gusta ver si son cosas que hago yo o no, y si puedo meterlas en mi modo de escribir.

Cuando he leído las cualidades según Roald Dahl, he comenzado a elucubrar sola en mi casa sobre lo que creo yo al respecto y he pensado: pues lo voy a escribir 😛 Así que, allá va 😉

  1. Para ser escritor debes tener una gran imaginación. Esa es la verdad más enorme del mundo, pero este punto lo uniría con el 2. Por mucha imaginación que tengas, por mucho que tu cabeza vuele aun estando despierto, si no sabes escribir bien no te va a servir para ser escritor. Podrás ser muchas cosas, pero para ser escritor debes saber escribir bien. Y escribir bien implica saber contar las cosas de manera que el lector las comprenda y les atrape. Roald dice que es un don que algunos tienen y otros no, es cierto, pero yo creo que ese don también se puede desarrollar a base de trabajo. ¿Qué trabajo? Para ser escritor hay que leer muchísimo, de todo, es fundamental ver cómo lo hacen los demás, qué gusta de otros escritores y qué no. Y escribir, por supuesto, nunca hay que parar de escribir. Escribir, escribir, escribir hasta que lo que escribas comience a parecerse a eso que a ti te atrapa en otros escritores.
  2. De aquí salto al punto 4 de Dahl, ser perfeccionista. Hay que trabajar hasta que tu novela sea todo lo perfecta que tu experiencia pueda lograr. Sin duda, esa perfección irá mejorando con la experiencia adquirida (o eso espero :P).
  3. Tener aguante. ¡¡Vaya que sí!! A todos nos ha pasado que, estando enfrascados en una novela, nos han venido ideas para un proyecto nuevo y nos hemos sentido tentados de dejar el que tenemos entre manos para comenzar ese. ¡Termina lo que empiezas!!! Solo concluyendo proyectos podrás pasar página e ir creciendo como escritor.
  4. Ser disciplinado. Hay que tomárselo como lo que es: un trabajo serio. Por tanto, aunque no puedas dedicar todo el día a escribir, al menos, el tiempo que sí puedas robar para ello, ESCRIBE, no andes pamplineando, así no se terminan los proyectos. Y, por supuesto, hacer lo posible para escribir un poco todos los días, esa es la mejor manera de lograr un ritmo provechoso de trabajo.
  5. Dahl habla de tener sentido del humor… Bueno, supongo que siempre gusta un chistecillo en una novela, pero no sé si es algo fundamental, la verdad 😛
  6. Y, ¡oh! llegamos a mi punto favorito: LA HUMILDAD. Ser humilde ante todo, eso ya os lo he dicho en muchas ocasiones, porque tú eres escritor, se te da bien hacer algo, pero a un/a electricista se le da bien la luz y no va de divo/a por la vida. Es decir, que nunca olvides que todos sabemos hacer algo, así que no te creas que tú eres mejor porque has escrito un libro. Creo que a eso se refería el maestro Dahl cuando decía que no te creas que tu trabajo es maravilloso. No es que no lo valores y creas en él, eso es fundamental para salir a la luz y no hundirte ante la primera crítica, pero lo que siempre debes tener presente, por mucho que crezcas en tu carrera, es que no eres mejor que los demás por hacer bien tu trabajo, eso te convierte en buen profesional, pero no en un ser superior.

Y hasta aquí la entrada de hoy, espero que os haya gustado. Otro día, quizás me dé por hacer lo mismo con los consejos de King, que son geniales 😛 ¿Qué opináis vosotros? ¿Coincidís con Roald Dahl en las cualidades que debe tener un escritor? ¿Añadiríais o suprimiríais alguna?

 

Si has llegado hasta el final de esta entrada es porque quizás te gusta lo que cuento y cómo lo cuento, así que tal vez te interese echar un vistacillo a mis libros, ¿no? 😉

LIBROS PUBLICADOS  

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SER ESCRITOR TAMBIÉN IMPLICA TOMAR DECISIONES


¡Hola de nuevo!

Voy a tomar esta entrada como una especie de desahogo personal, así que no esperéis encontrar contenido muy interesante 😛

Y es que esto de ser escritor, aparte de difícil y lento, como ya dije en LA CARRERA DE ESCRITOR ES COMO UNA ESCALADA AL EVEREST, implica tener que tomar decisiones que en ocasiones pueden suponerte todo un dilema y quitarte el sueño.

No, no me han ofrecido idear el crimen perfecto ni nada por el estilo 😛 Mi dilema actual es mucho más sencillo, pero de igual modo me tiene comiéndome el tarro dos días.

La cuestión es que hay momentos en los que estás tan segura de lo que vas a hacer con tu novela, ya sea mandarla a concursos, editoriales, autopublicarla… Y, de repente, ocurre algo que te hace replantearte todo esto. En mi caso, me ha pasado con la misma novela tantas veces que ya no podría ni decir el número. Cada vez que me decidía a publicarla en amazon me surgía una propuesta editorial por ella, pero, después de esperar, jamás cuajaba, bien porque las condiciones que ofrecía el contrato no me interesaban o bien porque la editorial al final se arrepentía. Tenían sus motivos y ahí no voy a entrar, yo siempre he sido defensora de las editoriales legales, siempre os digo que no son Las Hermanitas de los Pobres, son negocios que arriesgan mucho dinero y deben estar seguros de que lo que publican va a venderse. Pero, me estoy yendo por las ramas 😛 ¡Tomar decisiones!

Supongo que si me planteo mis planes será porque no lo tenía tan claro después de todo, ¿no? O será que, en el fondo, me da miedo meter la pata y perder una oportunidad, porque si sigo adelante con mi plan de autopublicar y rechazo la última oferta que me han hecho, tal vez me esté cerrando una puerta que jamás se vuelva a abrir y quizás me arrepienta toda mi vida. (Por supuesto, no hablo de coger lo primero que me ofrezcan sea esto como sea, ¿eh? Esa es una cuestión delicada de la que os hablaré algún día, hay que tener mucho cuidadito con algunas ofertas editoriales).

En fin, ya veis que el carácter de mi entrada hoy es un poco caótico y algo deprimente, pero la verdad es que no me gustan los dilemas ni tener que tomar decisiones. Podéis reíros de mí, pero, en ocasiones como esta, me gustaría que alguien me dijera “¡haz esto!”, para así poder hacer justo lo contrario jajajaja Sí, soy rebelde, qué le vamos a hacer 😛

Y hasta aquí mi deshago de hoy. Si has llegado hasta el final, ¡muchas gracias por leer mis desvaríos!!

¿CÓMO ESCRIBO MI LIBRO? PARTE 1: LA HISTORIA


¡Hola, curiosos y creativos!

Cuando comencé a escribir mi última novela os dije que os iría hablando del proceso por si a alguien le servía para escribir la suya, pero al final acabé metiéndole el turbo y dejé el blog abandonado 😛

Para resarcirme un poco he pensado en dar marcha atrás y escribir unas cuantas entradas sobre el tema. ¡Ojo! Yo no soy experta ni tengo el secreto del éxito, tampoco pretendo dar consejos, solo os hablaré de cómo lo hago yo, funcione o no, y lo que voy aprendiendo por el camino. Si a alguien le ayuda en algún momento dado será genial 🙂 También podéis verlo como algo curioso, a mí al menos me encanta saber cómo lo hacen mis compañeros 😉

¿CÓMO ESCRIBIR MI LIBRO?

LA HISTORIA

La parte más importante del proceso es el comienzo: quiero escribir un libro nuevo, pero ¿qué?, ¿cómo comienzo mi novela?

A veces tenemos una historia en la cabeza y es fácil comenzar a hilarla, otras, en cambio, tenemos que currar un poco más 😉

¿Dónde encuentro la inspiración? Supongo que cada escritor encuentra la inspiración en algo distinto, aunque somos muchos los que echamos mano de los sueños. De los sueños podemos rescatar escenas, personajes o situaciones que te abren la mente y llaman a las musas 🙂

Como ejemplo de esto os hablaré de Václav Novotný, de “Scherzo“. Yo soñé a Václav, soñé con un músico virtuoso que era capaz de hacer lo que fuera por ser el mejor. Supongo que esos sueños eran la consecuencia de escuchar a Paganini durante horas 😛 Ese personaje permaneció en mi cabeza dando vueltas durante mucho tiempo. Imaginé escenas con una protagonista femenina y así nació Aileen.

 

 

¿Lo veis? Una novela puede iniciarse en cualquier momento y no siempre comienza con una historia. A veces inventas un personaje que te gusta tanto que acabas creando un mundo y una historia para él 😉

A veces es un viaje el que te da la idea (me pasó con “Scherzo” con Praga y “Hecho en el Cielo” con Trujillo) o simplemente una película, un libro, un cómic…  La inspiración tiene que encontrarte trabajando, como decía Picasso 😉

 

 

 

Mi consejo es que tengas una libreta donde anotar ideas. Yo la llamo “libreta de sueños”. Ahí voy apuntando todas las cosillas que me vienen y, por un motivo o por otro, me impactan y se quedan en mi corazón. También puedo escribir un poema para “embotellar” de alguna manera los sentimientos que me ha producido determinada situación, escena, imagen…

Es una manera de tener un archivo de ideas y sensaciones. Así, cuando tengas un personaje fuerte, como a mí me ocurrió con Václav, puedes tratar de encajarlo con alguna de ellas.

En este caso, tenía millones de notas y recuerdos de Praga, así como mi obsesión por Paganini. Ya tenía un montón de cosas sobre las que trabajar ❤

 

Praga… Lo que implica mitología hebrea, historia, música, y, cuando menos lo esperas, la historia se ha hilado en tu cabeza casi a la perfección. Digo casi, aunque aún queda un mundo 😛 , pero es un principio.

Mi consejo es que, cuando tengas algo más o menos coherente, escribas un resumen del argumento, las cosas siempre se ven más claras cuando escribes. ¿Sabías que a veces guardamos un montón de ideas en la cabeza que no sabemos ni que están ahí hasta que no empezamos a desgranar los pensamientos? Es como limpiar el trastero 😛 Comienza a quitar las capas delanteras y verás qué montón de cosas guardas ahí.

Para ello, yo me abro un archivo en el ordenador y comienzo a escribir lo que será el esqueleto de la novela. Siempre me sorprende que, aunque yo creo que tengo solo retazos, la historia suele estar más desarrollada en mi cabeza de lo que me creía al comenzar a escribir.

Vale, ya tenemos el esqueleto, pero ahora nos tenemos que asegurar de que los huesos encajan bien antes de comenzar a poner músculos 😉

 

Toca el proceso de la primera documentación (digamos superficial) para asegurarte de que, eso que tan bien suena en tu cabeza, puede en verdad ser viable. Aquí es cuando más vueltas le vas a dar a la olla, porque eso que tú quieres no siempre va a ser posible. Ante todo hay que ser coherente y, si yo quiero escribir una historia de la Revolución Francesa no vale que el héroe acuda en helicóptero al rescate 😛 Sí, es un ejemplo absurdo, pero creo que me entiendes. Hay veces que nos montamos unas películas impresionantes, pero no todas podrán tener lugar.

Os diré que, cuando comienzas a investigar época, lugar, mitología, historia, guerras, etc y descubres que eso que tú has imaginado puede ser, tiene coherencia y lógica en la realidad, la alegría que te llevas es indescriptible. De igual modo debo decir que es frustrante cuando las ideas no cuadran y tienes que cambiarlas 😦

Pero no debemos desanimarnos, porque este primer trabajo de documentación también nos va a servir para encontrar otras ideas que encajen mejor. Al final, lograremos que las cosas cuadren y tengan sentido.

Y entonces es cuando la documentación se vuelve interesante. A mí al menos me encanta 🙂 Ahora toca profundizar en todas esas cosas, que al principio solo nos han servido para hilar, y aprender todo lo que podamos para meternos de lleno en la historia. LA DOCUMENTACIÓN NO SOLO TE VA A AYUDAR A ENRIQUECER TU NOVELA, SINO QUE TE VA A SERVIR DE INSPIRACIÓN. 

Lo que hago yo es coger una libreta y anotar toda la información que voy a necesitar. TODA. (Escribiré un post para profundizar en esto para no alargarme mucho ahora). A la vez voy reestructurando el esqueleto hasta dejarlo bonito y bien construido, aunque sigue siendo un esqueleto que hay que rellenar y que, con toda probabilidad, va sufrir algún cambio a medida que trabaje en él 😉

¿Qué hago una vez que tengo el resumen del argumento bien cuadrado escrito en mi ordenador y todos los datos importantes en mi cuaderno? Paso a desarrollar los personajes que amenazan con matarme de insomnio si no los dejo sueltos de una vez 😀

¿Queréis saber cómo lo hago? Pues estad atentos a la próxima entrada 😉

Si tenéis alguna pregunta o queréis que os cuente algo concreto solo tenéis que dejarme un comentario, ¿vale?

¡Hasta la próxima!!

 

¡AY, ESAS ESCENAS IMPACIENTES!!


¡Hola de nuevo!!

Antes de nada, os recuerdo que, al comentar en esta entrada, podéis tener premio 😉 Más abajo os lo explico mejor.

Os dije que os informaría un poco de los avances en mi nuevo libro. La novela está muy avanzada ya. Me propuse comprobar si era capaz de tomarme la escritura aún más en serio y exprimir más mis días. Para ello tuve que hacer un horario para no perderme. De ese horario os hablaré otro día, solo deciros que lo cumplo… más o menos jejeje

Lo que sí es cierto es que mis días se han vuelto mucho más productivos, en lo que a escribir se refiere, al menos.

También hay que decir que la historia tiene algo que me está atrapando como hacía tiempo no me pasaba, hasta el punto de que no quiero leer otra cosa, quiero saber cómo sigue mi libro jajajaja En fin, locuras mías 😛

Y esta ansia por escribir es la que me ha dado la idea de esta entrada. ¿Qué me decís, compañeros escritores, de esas escenas chachis, de las que llevamos esperando durante toooodo el libro, de las que nos morimos por escribir? 😛

Una vez leí algo sobre esto, que escribir un libro es como leerlo, que tienes que tragar todo un proceso, y hasta paja a veces, para llegar a lo que te mueres por contar (y vivir, tanto escribiendo como leyendo, las escenas se viven).

Muchas veces se trata de un beso. ¡Aaahh el primer beso!!! Esa escena parece que no llega nunca, tanto la ansiamos que a veces nos precipitamos y creamos lo que llaman “instant love” (odio el término, por cierto, qué cursi me parece :P). ¿Y qué me decís de la primera escena de cama? (Si hay escenas de cama, claro). Eso sí que apetece escribirlo, ¿eh, pillines?

Karen Marie Moning tuvo que escribir una escena de sexo entre Mac y Barrons en su saga Fiebre porque se moría de ganas de que esos dos se acostaran y, claro, eso no podía ocurrir tan pronto sin cargarse la historia. La escena se incluye en el último libro de la saga como curiosidad.

Me encantó leer eso, porque demuestra que hasta lo más grandes son ansiosos.

Otras escenas impacientes son las de acción. Esas batallas, esas emboscadas, ¿Y los crímenes? ¡Pero qué difícil es esperar para matar a alguien, por Dios!!!!

Muchos autores hacen como Karen Marie, escriben esas escenas que desean para poder seguir con la historia sin que les afecte. A veces, las escenas podrán incluirse sin problema en la historia en su momento justo, pero otras, como en el caso que os he contado, eso no es posible y pasan a formar parte del contenido especial, o quizás nunca salgan a la luz. ¿Os habéis parado a pensar qué habrá en el cajón secreto de Stephen King? Yo salivo al pensar en eso jajaja

Sea como sea, mi consejo es que, si sientes demasiada ansiedad, lo mejor es que te la quites cuanto antes como mejor te parezca, porque si no lo haces, tu novela puede verse afectada negativamente. Puede que transmitas esa impaciencia sin darte cuenta y que toda la trama se vea acelerada o precipitada, o, aún peor, hueca y poco creíble. Vale, seguro que la escena impaciente la bordas y te queda genial porque las musas te cantan al oído, pero recuerda que un libro está compuesto de muchas más escenas, quizás no tan gratificantes pero igual de necesarias 😉

¿Cómo lo hago yo? Bueno, recordad que yo soy la loca que disfruta con las sagas largas cuyos libros se publican de año en año, así que… Pues eso, que me gusta sentir impaciencia, así que lo que hago es seguir escribiendo, deseando cada segundo acercarme más a esa escena que me muero por crear, pero sin prisas. Esto me ayuda a seguir un ritmo constante en la escritura, a no aburrirme y estar en todo momento ilusionada con mis avances. Así, cuando al fin llega el momento… ¡Uf, cómo lo disfruto! Me pueden dar las once de la noche y no me entero. ¿Os he comentado alguna vez que en casa me llaman Carbonilla? No es por mi moreno de piel, os lo aseguro. Los tengo acostumbrados a comer carbones porque se me va la olla demasiado a menudo.

Y ahora, contadme vosotros, los escritores, ¿cómo lo hacéis? ¿Cómo sobrelleváis esa ansiedad por escribir una escena concreta? ¿Cuáles son las que más os apetece escribir?

Y a los lectores, ¿os pasa algo parecido cuando leéis un libro? ¿Qué hacéis, leéis más rápido, saltáis páginas? ¿Cuáles son vuestras escenas favoritas?

Os recuerdo que este mes de julio, vuestros comentarios pueden tener premio. Desde hoy, martes 4 de julio de 2017, hasta el martes 11 de julio, entre todos los que comentéis en esta entrada se sorteará un lote de marcapáginas y un llavero artesanal de mi novela “Hecho en el Cielo” 😉 (Mínimo tres participantes para que se realice en sorteo).

¡Hasta la próxima!!!!

 

 

¿ME VES O NO ME VES? ESCRIBO O PUBLICITO


¡¡Hola de nuevo!!

Llevo más de una semana sin actualizar y eso va completamente en contra de mis nuevos propósitos para Ecos de la Distancia.

 

No es que hoy tenga algo muy intenso que contaros, pero llevo toda la semana pensando una cosilla y me apetecía soltarla por aquí. Y es que desde que José de la Rosa escribió su post sincerándose, explicando por qué llevaba desaparecido un año, se ha hablado mucho del tema, de lo trabajoso y estresante que es para un escritor mantenerse activo en las redes y en la vida pública para alcanzar visibilidad y conseguir lectores.

Yo ya os hablé de algo parecido un día, en el post “El estrés de caer bien”, y no puedo estar más de acuerdo con José en todo lo que dice. La cuestión es que, si quieres que te conozcan, no hay otra, al parecer.

¡Ah, la invisibilidad del escritor! Qué cosa tan desesperante. Yo me siento invisible a veces y, sí, me desespero, como muchos. Y eso que soy afortunada, tengo muchos lectores que me siguen y que les gusta mi trabajo, y puedo decir que cada día me descubre gente nueva.

La desesperación llega cuando crees que no avanzas en ese sentido, que tu visibilidad es escasa y tu número de lectores no crece 😛 ¡Qué tontos podemos ser a veces! Nunca estamos satisfechos con lo que tenemos aunque esto sea mucho.

Por fortuna, de un tiempo a esta parte he comprendido que, realmente, para escribir, eso carece de importancia. No digo que ahora todo sea bonito y maravilloso y me sienta flotando en las nubes todo el tiempo. No, ni mucho menos, mis momentos de bajón y frustración vienen de vez en cuando.

Pero sí he entendido que lo que más feliz me hace es escribir, y tratar de trabajar en mis novelas para mejorar cada día más. También me hace muy feliz que la gente me lea, que les guste lo que hago, por eso es tan importante para mí que me digáis qué os ha parecido mi libro. Pero entiendo que, igual que a mí me cuesta relacionarme, a otros les cuesta dejar un comentario o escribirte para decírtelo, eso no significa que no te lean o no les guste tu trabajo.

El problema está en cómo están estructuradas las cosas ahora mismo, ¿no? Si no te comentan, eres invisible, con lo cual vendes menos, si no vendes demasiado, a las editoriales no les interesas.

La cuestión es que, convertir el tema de vender en una obsesión, puede acarrear consecuencias. Lo primero para mí es el estrés, uf, me supera. Yo escribo un libro con todo mi amor, volcando en él todo lo nuevo que he aprendido, lo saco a la calle y, como todo el mundo, deseo que conecte, que la gente lo lea, que lo compre, claro que sí, esto es un trabajo, después de todo. Pero a veces nos obcecamos tanto con las ventas, las posiciones, los comentarios, que dejamos de ver todo lo demás que hay detrás de escribir y publicar. Hasta tal extremo que hay quien descubre un lado oscuro y se dedica a hacer cosas para pisotear el trabajo de los demás, también los hay que ensalzan más de lo que se merece el de otros, y un montón de prácticas más de las que no voy a hablar, nunca me ha gustado participar en este tipo de polémicas 😛

Y eso es lo que he aprendido. Hay que vender, pero nadie puede hacerte sentir que no vales como escritor en función de tus ventas, eso sí que no. Presiónate para ser mejor escritor cada día, por tener contentos a tus lectores fieles y llamar la curiosidad de los nuevos, PERO CON TUS LIBROS! escribiendo, trabajando, mejorando.

Es difícil vender, para ti y para la mayoría, que te quede claro. Date con un canto si al menos logras que los lectores que ya tenías vuelvan a confiar en ti; a los nuevos hay que conquistarlos poco a poco, sin obsesionarse, sin estresarse. Hay que seguir trabajando en eso, sí, pero creo que nunca debemos agobiarnos con la cuestión de conseguir lectores. Muchas veces podemos llegar a ejercer el efecto contrario por plastas 😛

Parece que últimamente esto de llegar a la cima (como explicaba en un post hace poco) es como una carrera de fondo. ¡Venga ya, hombre! Se necesitan años para convertirse en un profesional experto en cualquier trabajo, escribir es lo mismo. Poco a poco, amigos, sin prisas, pero sin detenerse en el camino.

Resumiendo, obsesiónate con mejorar, con escribir, con terminar tus proyectos, las ventas ya irán viniendo. Piensa que los lectores tienen millones de opciones para elegir, tienes que intentar ponerte delante de ellos para que te vean, sí, eso es muy importante, pero no puedes abandonar lo que realmente importa por lograr visibilidad. ¿De qué te va a servir que se fijen en ti miles de personas si cuando vean tu trabajo se van a sentir decepcionados?

Lo ideal es conseguir las dos cosas, ¿verdad? Ya, y ahí es donde vamos. Es difícil lograr tiempo para todo. Esto es así: si escribo, no me publicito, si no me publicito, no vendo, si no vendo las editoriales no me publican, si no me publican, soy invisible. ¡Qué mareo!

Vale, que se me va la olla. Ahora vamos a abrirnos el corazón. ¿Os cuento mi caso? ¿Por qué me cuesta tanto todo esto de conseguir visibilidad y por qué me frustro tantísimo a veces? Pues venga, yo confieso 😛

Me frustro porque me lo curro mucho, porque no es un hobby para mí, sino un trabajo. Me frustro porque trato de mejorar cada día, aprender, y me desespera que la gente no me vea, que llegue a escribir algo bueno y nadie se entere, no porque no les guste, eso sería comprensible, sino porque ni siquiera sepan que existo. Eso es FRUSTRANTE!!!!!!

Y ahora despeloto un poco mi alma y os cuento por qué me cuesta a mí. (Ay qué corte!! 😛 ).

SOY UNA PERSONA ANTISOCIAL. Punto, sin más. Rara, rara de pelotas, vamos. Ya, ya sé lo que estás pensando, que tú me conoces, que nos hemos visto en persona y no soy antisocial. Es que soy una antisocial bien integrada 😉

Y me he dado cuenta de que hay muchos como yo entre el gremio de escritores, tela marinera.

A mí me cuesta relacionarme. Mucho, de hecho.  Puedo pasarme todo el día escribiendo delante del ordenador a 40º, con los ojos rojos, resfriada, con fiebre, etc y ser más feliz que una perdiz; pero, ¿relacionarme?

Vayamos por partes…

¿Los eventos literarios? Intento acudir a todos los que estén cerca, pero muchas veces me encuentro inventándome excusas de manera inconsciente para no ir, excusas tontas que a veces me ganan y logran su objetivo: que me quede en casa. No lo hago adrede, de hecho lucho contra eso porque soy consciente de que es un problema que tengo.

Puedo parecer una persona muy extrovertida, sobre todo porque hablo por los codos, pero me cuesta horrores salir de casa. Para mí es un pequeño sacrificio, aunque pueda parecer absurdo. He de decir que luego, cuando al fin tengo perniles y salgo a cualquier evento, me lo paso genial y me doy cuenta de lo tonta que soy, pero para eso, primero tengo que salir 😛 Salir es el problema, lo asumo.

¿Que quedo contigo para tomar algo? Probablemente me caes genial, esté deseando de conocerte, lo pasemos de maravilla juntos, pero siempre, siempre, siempre, tengo que vencer un pellizco cuando alguien quiere quedar conmigo. ¡No es problema tuyo, que conste! Soy yo, que soy rara de pelotas, ya lo he dicho. Estoy mejorando, os confieso que antes siempre pulsaba el botón del “no puedo” y luego tocaba llorar y arrepentirme por haber perdido la oportunidad de conocer a alguien estupendo. Ahora ya no me pasa, de hecho, a veces creo que suelto el sí demasiado deprisa jajajaja Y es que me he propuesto no dejar ninguna oportunidad si puedo, y eso que muchas veces me he arrepentido de ir a sitios, eso también tengo que decirlo 😉

Así que, si tenemos la oportunidad de conocernos en persona, dame un toque que seguro me hará mucha ilusión, y si me presionas un poquito, mejor, probablemente lo esté necesitando.

Y hablando de confesiones… También me cuesta hablar por teléfono. Excepto con mi madre, hermanos, marido, en fin, los más cercanos. Soy de esas zumbadas (hay mucha gente con ese problema, no creáis), que cuando escuchan el teléfono sienten ansiedad y se tiran un rato pensando si cogerlo o no. ¿Ridículo? Totalmente, pero así es la mente humana a veces y yo siempre he dicho que no ando muy bien de la cabeza. Eso me pasa cuando el teléfono suena, pero tendríais que verme si soy yo la que tengo que llamar…

Tengo que repetir que es un problema mío, solo mío, y me consta que lo tengo que superar, de hecho, lo intento, pero sigo prefiriendo los mensajes 😛 (me queda mucho que trabajar).

Bueno, ya os he contado mis problemas de loca ermitaña que solo está completamente relajada en su casa y con su familia, espero haber explicado con eso el porqué a veces me cuesta ir a los sitios. ¿Comprendéis ahora un poco mejor por qué me frustro cuando me siento invisible?

Porque todo lo que hago para que me vean me cuesta el doble, como a muchos otros escritores o artistas les pasa. Somos personas introvertidas por lo general, que preferimos quedarnos en casa trabajando.

Para acabar, me gustaría sintetizar todo lo que he querido decir en este post, porque ya sabéis que se me va y me disperso 😛

  1. Me encanta conocer lectores y amigos nuevos, mi problema es salir y dejar a un lado mis miedos raros 😛
  2. Hay que vender y trabajar en ser visible, por supuesto, pero no obsesionarse. Las obsesiones pueden hacer que dejes de disfrutar de tu trabajo y es una pena si es realmente lo que deseas hacer en la vida.
  3. No dejes de lado la meta de convertirte en un buen escritor por convertirte en un escritor famoso. Nunca dejes de trabajar y aprender, si escribir es lo que realmente te hace feliz, ¡escribe jodío!
  4. Y por último, y siguiendo un consejo de una amiga escritora muy profesional, inteligente y con mucho que enseñar: haz lo que realmente te apetezca hacer. Eso me lo dijo la semana pasada, cuando yo estaba pasando por un momento raro como escritora (por teléfono, eh? soy una valiente jajaja) y desde que lo escuché lo he convertido en el punto número uno de mi decálogo sobre cómo actuar.

Espero no haberos aburrido, al final me ha salido una entrada muy larga y caótica, pero eso demuestra que es justo lo que pretendía ser: una limpieza de nudos que tenía dentro. Ahora están en Ecos de la Distancia y yo me siento mucho más ligera 😀

¡¡¡Hasta la próxima!!!

 

 

 

LOS GRANDES NO DAN LAS GRACIAS


¡¡Hola!!

Por aquí ando de nuevo, esta vez con una especie de reflexión que me ha venido y que necesitaba escribir porque hay algo preocupante que vengo notando desde hace un tiempo.

El título es contundente, ¿no? Y  probablemente el que no lea la entrada no captará el sentido sarcástico del mismo 😛

Ya comenté en mi Facebook un día que mucha gente me dice que “debo de creérmelo más porque soy buena escritora”. ¡Oye que yo me lo creo! Sé que soy buena escritora, como también sé que aún me queda un mundo por aprender, que nunca dejaré de hacerlo.

Entonces, ¿cuál es mi “problema”? Quizás que me niego rotundamente a llevar a cabo algunas prácticas que veo en otros escritores y que aborrezco. ¿Ellos venden más y tienen más seguidores? Perfecto, cada cual tiene sus medios, pero no tiene por qué tener la fórmula perfecta.

Así pues, ¿a qué viene esta entrada? A que veo que hay mucha gente que considera necesario poner una frontera entre los que pretendemos ser personajes públicos y los que consumen nuestros productos (en mi caso, mis libros). He leído muchos consejos de esos de marketing que dicen que separes tus dos “yos”, el profesional y el personal (en fin, tengo mucho que decir acerca de estos artículos sobre cómo conseguir el éxito y sobre cómo proceder, pero a eso le dedicaré otra entrada larga y extensa jejeje).

Pues lo siento, entonces, nop, no voy a comportarme como ese tipo de escritora, y espero no hacerlo nunca, aunque eso implique que la gente crea que no confío lo bastante en mi trabajo, o que no desprenda esa aura de “Ey, miradme, soy una peazo de escritora” que derrochan muchos. (Oye, muy bien por ellos, no los estoy criticando, eh? Lo que quiero decir es que a mí no me va, pero a muchos les funciona y eso es genial).

Quiero aclarar que SÍ CONFÍO EN MI TRABAJO muchísimo, de no ser así no lucharía por él y me esforzaría tanto, de eso podéis estar seguros. Pero hay algo que he tenido claro toda mi vida: el ser buen escritor, dibujante, abogado, médico, etc, no hace a nadie ni mejor ni peor persona; una cosa es tu profesión y otra tu condición de ser humano. En ese sentido, señores, todos somos iguales, ¡fíjate tú qué cosas!

Y una vez más se me va la olla y no os digo a qué viene esta entrada jajajaja Sencillo. Siempre voy a tener presente que primero soy un ser humano y después una escritora (buena, eh? que creo que lo soy, lo repito jajajaja).

Entonces, si un lector gasta parte de su tiempo (que el tiempo es igual de valioso para todos, señores, aunque cada uno lo consume como le place) en leer mis libros, o mis locuras del blog o Facebook y me deja un comentario o una reseña, yo voy a corresponderle el gesto respondiendo (hasta los que son negativos, desde luego), aunque sea con un gracias o un besito, porque todos somos importantes y todos merecemos atención.

Vale, sí, esto de las redes te hace gastar mucho tiempo, gastar, que no perderlo, tened presente que son conceptos diferentes. (Aclarar que a veces no veo todas las reseñas, si no me avisáis se me pueden escapar, eso no me hace desagradecida, sino humana, solo tengo dos ojos… de ver, que ya sé que el chiste es fácil :P).

A mí, personalmente, me molesta de una manera salvaje dejar un comentario a alguien y recibir a cambio un mísero “like”. Vale, puede pasar, una vez, dos, tres… Tal vez pilles mal a esa persona, ¡que la vida no es internet, oigan!, pero cuando esa es la forma de proceder habitual de esa persona… Nop, lo siento, eso es ofensivo.

Puedo entender que los escritores que reciben 1000 comentarios lo tengan difícil, pero tampoco creo que cueste mucho trabajo poner uno en el mismo hilo dando las gracias a los que han comentado, ¿no? ¡Llamadme loca!

Otra cosa que hago “mal” es que, cuando alguien me escribe un mensaje o un  privado, le respondo como toda persona se merece, con un mensaje o charlo un poco por chat, no me limito a poner un sticker y ya. Hay que hacer un inciso aquí, a veces hay que cortar porque hay cada espécimen por ahí… 😀 Pero no es lo normal (al menos en mi caso, aunque con algún zumbado sí que me he topado jajaja).

Por otro lado, a veces quedo a tomar algo con lectores, aunque confieso que en este caso solo lo hago cuando hay confianza (soy algo cagueta a la hora de relacionarme en persona con gente nueva 😛 ).

Cuando estoy en un evento, hablo con la gente, río, cuento cosas personales, y procuro comportarme como una más, porque eso es lo que soy, ¡eso es lo que todos somos!

Y, ahora viene lo que ha generado el título de esta entrada. Una moda “preciosa” (no sé si es moda, yo la llamaría gilipollez, si me permitís el taco 😛 ) es evitar dar las gracias cuando te hacen un cumplido por tu trabajo. ¡Eh, que los grandes no dan las gracias!, que se limitan a estar ahí en su pedestal y recibir las flores. Pues mira, NO. Eso me parece de una poca vergüenza brutal, y mucho más si todavía te estás abriendo paso en este mundo.

Esa es una norma básica de humanidad, humildad y educación: cuando te hacen un cumplido SE DA LAS GRACIAS.

Y si yo te hago un cumplido y tú te limitas a darle “like” a mi comentario, o, peor aún, lo ignoras, pues lo siento, artista, pero, por bueno que seas, conmigo has perdido puntos.

Así que, sí, por mi parte, tal vez no lo esté haciendo bien como “escritora de éxito” (lo del éxito es irónico, ¿vale?, pues no me queda na… jajajaja), pero espero estar haciéndolo bien como persona y como igual, como amiga en muchos casos, porque algo maravilloso que tiene no establecer esa frontera de la que hablaba antes, es que esos que comienzan como lectores, seguidores o curiosos, muchas veces acaban convirtiéndose en amigos, porque si te muestras tal y como eres, ellos tenderán a hacer lo mismo, y vas a descubrir un montón de gente interesante con la que trabar amistad.

Y hasta aquí mi entrada, reflexión… ¿consejo? de hoy. Espero que nadie se sienta atacado, ni mucho menos era esa mi intención, jamás hablo por nadie en concreto cuando suelto estos rollos, eso os lo puedo asegurar, yo no soy de las que van pegando tiros, ¡qué estrés!  😛

Ahora habrá quien crea que me ha pasado algo malo y que por eso escribo esta entrada, últimamente me pasa bastante, señal de que hay gente que me quiere y se preocupa por mí, lo cual es de agradecer 🙂

En fin, aclarar que no me pasa nada, que es una más de las paranoias que me vienen cuando no duermo bien por las noches jajajajaja

Para terminar este testamento moral, os dejo un gif de Mads Mikkelsen. ¿Por qué? Se preguntarán aquellos que no me conocen. La respuesta es sencilla: una imagen de Mads Mikkelsen siempre encaja, con todo, SIEMPRE ❤

¡¡¡Hasta la próxima!!!

LA HISTORIA CONTINUA, ¿CÓMO EVITAR ESCRIBIR MÁS DE LO NECESARIO?


¡¡Hola!!!

Como dije en su día, nunca había llevado un seguimiento al escribir una nueva novela; pero me pareció curioso hacerlo. ¿Quién sabe? Quizás podría servirle a alguien como consejo u orientación; o tal vez solo sea algo para mí, para poder leerlo en el futuro y ver si he cambiado en algo 😛

En la última entrada os comentaba que el comienzo de una historia se inicia con un folio en blanco. Me gustaría reiterar (aunque creo que ya me puse pesada la otra vez con el tema) que el folio en blanco solo me lo pongo delante después de haber hilado todo lo posible la historia en mi cabeza y en un cuaderno, ¿eh? No me gusta comenzar una novela sin tener lo más claro posible el argumento y el desarrollo.

Por otro lado, no soy persona de hacer esquemas de capítulos y esas cosas, pero sí procuro tener más o menos claro cuántos capítulos tendrá aproximadamente el nuevo libro y qué quiero contar en cada uno. Esto, por supuesto, se irá modificando conforme avance en la escritura, pero sirve para no perderme en la noche, porque a veces me meto tanto en una escena o diálogo que acabo rellenando más páginas de la cuenta y no llegando a donde debería llegar.

Otra de las cosas que hago (aunque confieso que antes no lo hacía) es establecerme un tope de páginas y palabras totales. Antes simplemente escribía lo que me iba viniendo y no me preocupaba demasiado por el grosor que pudiera tener el libro. Desde que publico he comprendido lo importante que es cuidar esto, así que ahora me pongo topes y si veo que comienzo a sobrepasarlos, sé que es hora de echar para atrás y ver qué información prescindible se me ha colado. Proceso que, a mí al menos, me resulta desesperante, desquiciante y muchos más “antes”.

Pero me estoy precipitando, esto suele ocurrir ya al final del proceso, o al menos a mí. Lo que quiero decir es que es conveniente llevar una idea de lo que se quiere escribir en cada capítulo para no extendernos con información innecesaria. Esas cosas que, como adoramos nuestro libro y a nuestros personajes, nos encantaría hacerles vivir, pero que, realmente, no aportan nada a la historia.

Otra norma que me pongo a la hora de escribir un capítulo, y que viene un poco relacionada con lo que he dicho antes: siempre, absolutamente en cada capítulo, debe pasar algo que sea importante para la trama o el desenlace. Es decir, nada de escribir capítulos por rellenar o porque es bonito y me gustaría escribirlo. NO.

No, porque al final, con toda probabilidad, acabará en la papelera en el proceso de recorte y habremos perdido el tiempo. Y, ¿sabéis qué es peor? Que normalmente cuando escribes un libro te cuesta darte cuenta de que lo que escribes es una chorrada o no sirve en la historia. Es tu trabajo y es difícil aceptar que ese trabajo es absurdo y que no ha servido de nada (eso nos pasa a todos, no disimuléis :P) con lo cual, a la hora de recortar lo vamos a tener difícil y muchas veces no vamos a saber qué deberíamos o no quitar.

¿Cómo evitamos esto? Limitándonos a contar lo que debemos contar para que la historia tenga sentido. Que quede claro que con esto no estoy descartando descripciones o diálogos, las descripciones son fundamentales para introducir al lector en la historia, pero no hay que abusar de ellas y hay que dosificarlas; y los diálogos son muy importantes para agilizar la lectura y para trazar la personalidad del personaje. No es lo mismo decir que Fulanito era antipático que leer cómo Fulanito es antipático con otros personajes. Eso te ayudará a conocerlos mejor a empatizar con ellos y a amarlos u odiarlos. Peeero, tampoco hay que abusar de diálogos. Los diálogos ocupan mucho espacio en un libro, y es más corto decir que Fulanito era antipático que demostrarlo en una conversación. ¿Dónde está el truco para saber cuándo hacerlo de una manera y cuándo de otra? A veces es fácil y a veces no tanto, pero un buen truco sería preguntarse: ¿El remarcar que Fulanito es antipático es importante para la historia? o, ¿quiero que la gente conozca en profundidad a Fulanito? Porque si Fulanito es solo el conserje del instituto al que vas a pedir un papel y ya no va a salir más en el libro, con decir que era antipático creo que es más que suficiente 😛

Vale, creo que este último párrafo es un claro ejemplo de cómo a un escritor se le puede ir la olla escribiendo sobre algo que le gusta.

Ok, pues creo que esta entrada debe terminar aquí, porque mi propósito es no hacerlas muy largas 😉

¿Qué tenemos ya?

  1. Hilar las historias en tu cabeza o en un cuaderno antes de comenzar a escribir.
  2. Borrar las historias anteriores de tu cabeza y abrir un archivo, un folio en blanco.
  3. Dar mil vueltas hasta que decides cómo empezar ese folio, después seguir el desarrollo.
  4. Saber aproximadamente cuántas páginas o palabras quieres que tenga tu libro. (A mí me gusta empezar a escribir un poco antes de determinar estas cosas porque me ayuda a hacerme una idea de en qué profundidad me voy a sumergir en la historia, pero lo normal es tener esto claro antes de comenzar con el folio en blanco).
  5. Determinar qué quieres contar en cada capítulo.
  6. No contar cosas irrelevantes que luego tengas que quitar.
  7. No extenderte con las descripciones y los diálogos si no son determinantes para la historia.
  8. Que en cada capítulo ocurra algo fundamental para la trama o el desenlace final.

No está mal, ¿no? Vamos avanzando bien 😉

Y ahora, para finalizar, para aquellos pacientes que habéis leído hasta aquí y habéis demostrado que os interesan los desvaríos que pasan por mi cabeza, os contaré cómo va esta nueva novela.

Pues ya tengo terminados el prólogo y tres capítulos, aunque hoy espero terminar el cuarto. He trazado a los personajes, bastante bien, creo, al menos yo ya me he encariñado con ellos y eso es muuuuy bueno. Llevo unas 15000 palabras escritas, lo cual es un promedio cojonudo, ya que, como dije el otro día, tuve que dejar la historia durante un largo tiempo y la retomé hace una semana, así que digamos que llevo una media de 3000 palabras por día. Supongo que el ritmo no se mantendrá, las cosas se irán complicando a medida que avance, pero estoy satisfecha.

¿Qué más he hecho aparte de trazar a los personajes? He introducido la trama, el misterio que hay que resolver y he puesto en marcha la aventura. En unas cincuenta páginas, creo que está bien y que no he caído en el vicio de escribir por escribir del que os he hablado hoy, pero eso solo lo sabré con seguridad al final del proceso, cuando vuelva a leer la historia y me dé cuenta de lo que está de más y de menos.

Y por ahora ya está 🙂 Pronto os contaré más. ¿Sabéis lo que sería guay? Que vosotros también me contarais cómo escribís y cómo lleváis vuestras historias, así podríamos comparar sistemas 🙂

Os dejo ya, toca meditar cómo dar el toque final al capítulo cuatro.

(Vaaaale, lo confieso, esto último solo era una excusa para poner esta foto, porque ay omá qué rico ❤ ).

¡¡Hasta la próxima!!!

UNA NUEVA HISTORIA UN NUEVO COMIENZO