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¡AY, ESAS ESCENAS IMPACIENTES!!


¡Hola de nuevo!!

Antes de nada, os recuerdo que, al comentar en esta entrada, podéis tener premio 😉 Más abajo os lo explico mejor.

Os dije que os informaría un poco de los avances en mi nuevo libro. La novela está muy avanzada ya. Me propuse comprobar si era capaz de tomarme la escritura aún más en serio y exprimir más mis días. Para ello tuve que hacer un horario para no perderme. De ese horario os hablaré otro día, solo deciros que lo cumplo… más o menos jejeje

Lo que sí es cierto es que mis días se han vuelto mucho más productivos, en lo que a escribir se refiere, al menos.

También hay que decir que la historia tiene algo que me está atrapando como hacía tiempo no me pasaba, hasta el punto de que no quiero leer otra cosa, quiero saber cómo sigue mi libro jajajaja En fin, locuras mías 😛

Y esta ansia por escribir es la que me ha dado la idea de esta entrada. ¿Qué me decís, compañeros escritores, de esas escenas chachis, de las que llevamos esperando durante toooodo el libro, de las que nos morimos por escribir? 😛

Una vez leí algo sobre esto, que escribir un libro es como leerlo, que tienes que tragar todo un proceso, y hasta paja a veces, para llegar a lo que te mueres por contar (y vivir, tanto escribiendo como leyendo, las escenas se viven).

Muchas veces se trata de un beso. ¡Aaahh el primer beso!!! Esa escena parece que no llega nunca, tanto la ansiamos que a veces nos precipitamos y creamos lo que llaman “instant love” (odio el término, por cierto, qué cursi me parece :P). ¿Y qué me decís de la primera escena de cama? (Si hay escenas de cama, claro). Eso sí que apetece escribirlo, ¿eh, pillines?

Karen Marie Moning tuvo que escribir una escena de sexo entre Mac y Barrons en su saga Fiebre porque se moría de ganas de que esos dos se acostaran y, claro, eso no podía ocurrir tan pronto sin cargarse la historia. La escena se incluye en el último libro de la saga como curiosidad.

Me encantó leer eso, porque demuestra que hasta lo más grandes son ansiosos.

Otras escenas impacientes son las de acción. Esas batallas, esas emboscadas, ¿Y los crímenes? ¡Pero qué difícil es esperar para matar a alguien, por Dios!!!!

Muchos autores hacen como Karen Marie, escriben esas escenas que desean para poder seguir con la historia sin que les afecte. A veces, las escenas podrán incluirse sin problema en la historia en su momento justo, pero otras, como en el caso que os he contado, eso no es posible y pasan a formar parte del contenido especial, o quizás nunca salgan a la luz. ¿Os habéis parado a pensar qué habrá en el cajón secreto de Stephen King? Yo salivo al pensar en eso jajaja

Sea como sea, mi consejo es que, si sientes demasiada ansiedad, lo mejor es que te la quites cuanto antes como mejor te parezca, porque si no lo haces, tu novela puede verse afectada negativamente. Puede que transmitas esa impaciencia sin darte cuenta y que toda la trama se vea acelerada o precipitada, o, aún peor, hueca y poco creíble. Vale, seguro que la escena impaciente la bordas y te queda genial porque las musas te cantan al oído, pero recuerda que un libro está compuesto de muchas más escenas, quizás no tan gratificantes pero igual de necesarias 😉

¿Cómo lo hago yo? Bueno, recordad que yo soy la loca que disfruta con las sagas largas cuyos libros se publican de año en año, así que… Pues eso, que me gusta sentir impaciencia, así que lo que hago es seguir escribiendo, deseando cada segundo acercarme más a esa escena que me muero por crear, pero sin prisas. Esto me ayuda a seguir un ritmo constante en la escritura, a no aburrirme y estar en todo momento ilusionada con mis avances. Así, cuando al fin llega el momento… ¡Uf, cómo lo disfruto! Me pueden dar las once de la noche y no me entero. ¿Os he comentado alguna vez que en casa me llaman Carbonilla? No es por mi moreno de piel, os lo aseguro. Los tengo acostumbrados a comer carbones porque se me va la olla demasiado a menudo.

Y ahora, contadme vosotros, los escritores, ¿cómo lo hacéis? ¿Cómo sobrelleváis esa ansiedad por escribir una escena concreta? ¿Cuáles son las que más os apetece escribir?

Y a los lectores, ¿os pasa algo parecido cuando leéis un libro? ¿Qué hacéis, leéis más rápido, saltáis páginas? ¿Cuáles son vuestras escenas favoritas?

Os recuerdo que este mes de julio, vuestros comentarios pueden tener premio. Desde hoy, martes 4 de julio de 2017, hasta el martes 11 de julio, entre todos los que comentéis en esta entrada se sorteará un lote de marcapáginas y un llavero artesanal de mi novela “Hecho en el Cielo” 😉 (Mínimo tres participantes para que se realice en sorteo).

¡Hasta la próxima!!!!

 

 

¿ME VES O NO ME VES? ESCRIBO O PUBLICITO


¡¡Hola de nuevo!!

Llevo más de una semana sin actualizar y eso va completamente en contra de mis nuevos propósitos para Ecos de la Distancia.

 

No es que hoy tenga algo muy intenso que contaros, pero llevo toda la semana pensando una cosilla y me apetecía soltarla por aquí. Y es que desde que José de la Rosa escribió su post sincerándose, explicando por qué llevaba desaparecido un año, se ha hablado mucho del tema, de lo trabajoso y estresante que es para un escritor mantenerse activo en las redes y en la vida pública para alcanzar visibilidad y conseguir lectores.

Yo ya os hablé de algo parecido un día, en el post “El estrés de caer bien”, y no puedo estar más de acuerdo con José en todo lo que dice. La cuestión es que, si quieres que te conozcan, no hay otra, al parecer.

¡Ah, la invisibilidad del escritor! Qué cosa tan desesperante. Yo me siento invisible a veces y, sí, me desespero, como muchos. Y eso que soy afortunada, tengo muchos lectores que me siguen y que les gusta mi trabajo, y puedo decir que cada día me descubre gente nueva.

La desesperación llega cuando crees que no avanzas en ese sentido, que tu visibilidad es escasa y tu número de lectores no crece 😛 ¡Qué tontos podemos ser a veces! Nunca estamos satisfechos con lo que tenemos aunque esto sea mucho.

Por fortuna, de un tiempo a esta parte he comprendido que, realmente, para escribir, eso carece de importancia. No digo que ahora todo sea bonito y maravilloso y me sienta flotando en las nubes todo el tiempo. No, ni mucho menos, mis momentos de bajón y frustración vienen de vez en cuando.

Pero sí he entendido que lo que más feliz me hace es escribir, y tratar de trabajar en mis novelas para mejorar cada día más. También me hace muy feliz que la gente me lea, que les guste lo que hago, por eso es tan importante para mí que me digáis qué os ha parecido mi libro. Pero entiendo que, igual que a mí me cuesta relacionarme, a otros les cuesta dejar un comentario o escribirte para decírtelo, eso no significa que no te lean o no les guste tu trabajo.

El problema está en cómo están estructuradas las cosas ahora mismo, ¿no? Si no te comentan, eres invisible, con lo cual vendes menos, si no vendes demasiado, a las editoriales no les interesas.

La cuestión es que, convertir el tema de vender en una obsesión, puede acarrear consecuencias. Lo primero para mí es el estrés, uf, me supera. Yo escribo un libro con todo mi amor, volcando en él todo lo nuevo que he aprendido, lo saco a la calle y, como todo el mundo, deseo que conecte, que la gente lo lea, que lo compre, claro que sí, esto es un trabajo, después de todo. Pero a veces nos obcecamos tanto con las ventas, las posiciones, los comentarios, que dejamos de ver todo lo demás que hay detrás de escribir y publicar. Hasta tal extremo que hay quien descubre un lado oscuro y se dedica a hacer cosas para pisotear el trabajo de los demás, también los hay que ensalzan más de lo que se merece el de otros, y un montón de prácticas más de las que no voy a hablar, nunca me ha gustado participar en este tipo de polémicas 😛

Y eso es lo que he aprendido. Hay que vender, pero nadie puede hacerte sentir que no vales como escritor en función de tus ventas, eso sí que no. Presiónate para ser mejor escritor cada día, por tener contentos a tus lectores fieles y llamar la curiosidad de los nuevos, PERO CON TUS LIBROS! escribiendo, trabajando, mejorando.

Es difícil vender, para ti y para la mayoría, que te quede claro. Date con un canto si al menos logras que los lectores que ya tenías vuelvan a confiar en ti; a los nuevos hay que conquistarlos poco a poco, sin obsesionarse, sin estresarse. Hay que seguir trabajando en eso, sí, pero creo que nunca debemos agobiarnos con la cuestión de conseguir lectores. Muchas veces podemos llegar a ejercer el efecto contrario por plastas 😛

Parece que últimamente esto de llegar a la cima (como explicaba en un post hace poco) es como una carrera de fondo. ¡Venga ya, hombre! Se necesitan años para convertirse en un profesional experto en cualquier trabajo, escribir es lo mismo. Poco a poco, amigos, sin prisas, pero sin detenerse en el camino.

Resumiendo, obsesiónate con mejorar, con escribir, con terminar tus proyectos, las ventas ya irán viniendo. Piensa que los lectores tienen millones de opciones para elegir, tienes que intentar ponerte delante de ellos para que te vean, sí, eso es muy importante, pero no puedes abandonar lo que realmente importa por lograr visibilidad. ¿De qué te va a servir que se fijen en ti miles de personas si cuando vean tu trabajo se van a sentir decepcionados?

Lo ideal es conseguir las dos cosas, ¿verdad? Ya, y ahí es donde vamos. Es difícil lograr tiempo para todo. Esto es así: si escribo, no me publicito, si no me publicito, no vendo, si no vendo las editoriales no me publican, si no me publican, soy invisible. ¡Qué mareo!

Vale, que se me va la olla. Ahora vamos a abrirnos el corazón. ¿Os cuento mi caso? ¿Por qué me cuesta tanto todo esto de conseguir visibilidad y por qué me frustro tantísimo a veces? Pues venga, yo confieso 😛

Me frustro porque me lo curro mucho, porque no es un hobby para mí, sino un trabajo. Me frustro porque trato de mejorar cada día, aprender, y me desespera que la gente no me vea, que llegue a escribir algo bueno y nadie se entere, no porque no les guste, eso sería comprensible, sino porque ni siquiera sepan que existo. Eso es FRUSTRANTE!!!!!!

Y ahora despeloto un poco mi alma y os cuento por qué me cuesta a mí. (Ay qué corte!! 😛 ).

SOY UNA PERSONA ANTISOCIAL. Punto, sin más. Rara, rara de pelotas, vamos. Ya, ya sé lo que estás pensando, que tú me conoces, que nos hemos visto en persona y no soy antisocial. Es que soy una antisocial bien integrada 😉

Y me he dado cuenta de que hay muchos como yo entre el gremio de escritores, tela marinera.

A mí me cuesta relacionarme. Mucho, de hecho.  Puedo pasarme todo el día escribiendo delante del ordenador a 40º, con los ojos rojos, resfriada, con fiebre, etc y ser más feliz que una perdiz; pero, ¿relacionarme?

Vayamos por partes…

¿Los eventos literarios? Intento acudir a todos los que estén cerca, pero muchas veces me encuentro inventándome excusas de manera inconsciente para no ir, excusas tontas que a veces me ganan y logran su objetivo: que me quede en casa. No lo hago adrede, de hecho lucho contra eso porque soy consciente de que es un problema que tengo.

Puedo parecer una persona muy extrovertida, sobre todo porque hablo por los codos, pero me cuesta horrores salir de casa. Para mí es un pequeño sacrificio, aunque pueda parecer absurdo. He de decir que luego, cuando al fin tengo perniles y salgo a cualquier evento, me lo paso genial y me doy cuenta de lo tonta que soy, pero para eso, primero tengo que salir 😛 Salir es el problema, lo asumo.

¿Que quedo contigo para tomar algo? Probablemente me caes genial, esté deseando de conocerte, lo pasemos de maravilla juntos, pero siempre, siempre, siempre, tengo que vencer un pellizco cuando alguien quiere quedar conmigo. ¡No es problema tuyo, que conste! Soy yo, que soy rara de pelotas, ya lo he dicho. Estoy mejorando, os confieso que antes siempre pulsaba el botón del “no puedo” y luego tocaba llorar y arrepentirme por haber perdido la oportunidad de conocer a alguien estupendo. Ahora ya no me pasa, de hecho, a veces creo que suelto el sí demasiado deprisa jajajaja Y es que me he propuesto no dejar ninguna oportunidad si puedo, y eso que muchas veces me he arrepentido de ir a sitios, eso también tengo que decirlo 😉

Así que, si tenemos la oportunidad de conocernos en persona, dame un toque que seguro me hará mucha ilusión, y si me presionas un poquito, mejor, probablemente lo esté necesitando.

Y hablando de confesiones… También me cuesta hablar por teléfono. Excepto con mi madre, hermanos, marido, en fin, los más cercanos. Soy de esas zumbadas (hay mucha gente con ese problema, no creáis), que cuando escuchan el teléfono sienten ansiedad y se tiran un rato pensando si cogerlo o no. ¿Ridículo? Totalmente, pero así es la mente humana a veces y yo siempre he dicho que no ando muy bien de la cabeza. Eso me pasa cuando el teléfono suena, pero tendríais que verme si soy yo la que tengo que llamar…

Tengo que repetir que es un problema mío, solo mío, y me consta que lo tengo que superar, de hecho, lo intento, pero sigo prefiriendo los mensajes 😛 (me queda mucho que trabajar).

Bueno, ya os he contado mis problemas de loca ermitaña que solo está completamente relajada en su casa y con su familia, espero haber explicado con eso el porqué a veces me cuesta ir a los sitios. ¿Comprendéis ahora un poco mejor por qué me frustro cuando me siento invisible?

Porque todo lo que hago para que me vean me cuesta el doble, como a muchos otros escritores o artistas les pasa. Somos personas introvertidas por lo general, que preferimos quedarnos en casa trabajando.

Para acabar, me gustaría sintetizar todo lo que he querido decir en este post, porque ya sabéis que se me va y me disperso 😛

  1. Me encanta conocer lectores y amigos nuevos, mi problema es salir y dejar a un lado mis miedos raros 😛
  2. Hay que vender y trabajar en ser visible, por supuesto, pero no obsesionarse. Las obsesiones pueden hacer que dejes de disfrutar de tu trabajo y es una pena si es realmente lo que deseas hacer en la vida.
  3. No dejes de lado la meta de convertirte en un buen escritor por convertirte en un escritor famoso. Nunca dejes de trabajar y aprender, si escribir es lo que realmente te hace feliz, ¡escribe jodío!
  4. Y por último, y siguiendo un consejo de una amiga escritora muy profesional, inteligente y con mucho que enseñar: haz lo que realmente te apetezca hacer. Eso me lo dijo la semana pasada, cuando yo estaba pasando por un momento raro como escritora (por teléfono, eh? soy una valiente jajaja) y desde que lo escuché lo he convertido en el punto número uno de mi decálogo sobre cómo actuar.

Espero no haberos aburrido, al final me ha salido una entrada muy larga y caótica, pero eso demuestra que es justo lo que pretendía ser: una limpieza de nudos que tenía dentro. Ahora están en Ecos de la Distancia y yo me siento mucho más ligera 😀

¡¡¡Hasta la próxima!!!

 

 

 

LOS GRANDES NO DAN LAS GRACIAS


¡¡Hola!!

Por aquí ando de nuevo, esta vez con una especie de reflexión que me ha venido y que necesitaba escribir porque hay algo preocupante que vengo notando desde hace un tiempo.

El título es contundente, ¿no? Y  probablemente el que no lea la entrada no captará el sentido sarcástico del mismo 😛

Ya comenté en mi Facebook un día que mucha gente me dice que “debo de creérmelo más porque soy buena escritora”. ¡Oye que yo me lo creo! Sé que soy buena escritora, como también sé que aún me queda un mundo por aprender, que nunca dejaré de hacerlo.

Entonces, ¿cuál es mi “problema”? Quizás que me niego rotundamente a llevar a cabo algunas prácticas que veo en otros escritores y que aborrezco. ¿Ellos venden más y tienen más seguidores? Perfecto, cada cual tiene sus medios, pero no tiene por qué tener la fórmula perfecta.

Así pues, ¿a qué viene esta entrada? A que veo que hay mucha gente que considera necesario poner una frontera entre los que pretendemos ser personajes públicos y los que consumen nuestros productos (en mi caso, mis libros). He leído muchos consejos de esos de marketing que dicen que separes tus dos “yos”, el profesional y el personal (en fin, tengo mucho que decir acerca de estos artículos sobre cómo conseguir el éxito y sobre cómo proceder, pero a eso le dedicaré otra entrada larga y extensa jejeje).

Pues lo siento, entonces, nop, no voy a comportarme como ese tipo de escritora, y espero no hacerlo nunca, aunque eso implique que la gente crea que no confío lo bastante en mi trabajo, o que no desprenda esa aura de “Ey, miradme, soy una peazo de escritora” que derrochan muchos. (Oye, muy bien por ellos, no los estoy criticando, eh? Lo que quiero decir es que a mí no me va, pero a muchos les funciona y eso es genial).

Quiero aclarar que SÍ CONFÍO EN MI TRABAJO muchísimo, de no ser así no lucharía por él y me esforzaría tanto, de eso podéis estar seguros. Pero hay algo que he tenido claro toda mi vida: el ser buen escritor, dibujante, abogado, médico, etc, no hace a nadie ni mejor ni peor persona; una cosa es tu profesión y otra tu condición de ser humano. En ese sentido, señores, todos somos iguales, ¡fíjate tú qué cosas!

Y una vez más se me va la olla y no os digo a qué viene esta entrada jajajaja Sencillo. Siempre voy a tener presente que primero soy un ser humano y después una escritora (buena, eh? que creo que lo soy, lo repito jajajaja).

Entonces, si un lector gasta parte de su tiempo (que el tiempo es igual de valioso para todos, señores, aunque cada uno lo consume como le place) en leer mis libros, o mis locuras del blog o Facebook y me deja un comentario o una reseña, yo voy a corresponderle el gesto respondiendo (hasta los que son negativos, desde luego), aunque sea con un gracias o un besito, porque todos somos importantes y todos merecemos atención.

Vale, sí, esto de las redes te hace gastar mucho tiempo, gastar, que no perderlo, tened presente que son conceptos diferentes. (Aclarar que a veces no veo todas las reseñas, si no me avisáis se me pueden escapar, eso no me hace desagradecida, sino humana, solo tengo dos ojos… de ver, que ya sé que el chiste es fácil :P).

A mí, personalmente, me molesta de una manera salvaje dejar un comentario a alguien y recibir a cambio un mísero “like”. Vale, puede pasar, una vez, dos, tres… Tal vez pilles mal a esa persona, ¡que la vida no es internet, oigan!, pero cuando esa es la forma de proceder habitual de esa persona… Nop, lo siento, eso es ofensivo.

Puedo entender que los escritores que reciben 1000 comentarios lo tengan difícil, pero tampoco creo que cueste mucho trabajo poner uno en el mismo hilo dando las gracias a los que han comentado, ¿no? ¡Llamadme loca!

Otra cosa que hago “mal” es que, cuando alguien me escribe un mensaje o un  privado, le respondo como toda persona se merece, con un mensaje o charlo un poco por chat, no me limito a poner un sticker y ya. Hay que hacer un inciso aquí, a veces hay que cortar porque hay cada espécimen por ahí… 😀 Pero no es lo normal (al menos en mi caso, aunque con algún zumbado sí que me he topado jajaja).

Por otro lado, a veces quedo a tomar algo con lectores, aunque confieso que en este caso solo lo hago cuando hay confianza (soy algo cagueta a la hora de relacionarme en persona con gente nueva 😛 ).

Cuando estoy en un evento, hablo con la gente, río, cuento cosas personales, y procuro comportarme como una más, porque eso es lo que soy, ¡eso es lo que todos somos!

Y, ahora viene lo que ha generado el título de esta entrada. Una moda “preciosa” (no sé si es moda, yo la llamaría gilipollez, si me permitís el taco 😛 ) es evitar dar las gracias cuando te hacen un cumplido por tu trabajo. ¡Eh, que los grandes no dan las gracias!, que se limitan a estar ahí en su pedestal y recibir las flores. Pues mira, NO. Eso me parece de una poca vergüenza brutal, y mucho más si todavía te estás abriendo paso en este mundo.

Esa es una norma básica de humanidad, humildad y educación: cuando te hacen un cumplido SE DA LAS GRACIAS.

Y si yo te hago un cumplido y tú te limitas a darle “like” a mi comentario, o, peor aún, lo ignoras, pues lo siento, artista, pero, por bueno que seas, conmigo has perdido puntos.

Así que, sí, por mi parte, tal vez no lo esté haciendo bien como “escritora de éxito” (lo del éxito es irónico, ¿vale?, pues no me queda na… jajajaja), pero espero estar haciéndolo bien como persona y como igual, como amiga en muchos casos, porque algo maravilloso que tiene no establecer esa frontera de la que hablaba antes, es que esos que comienzan como lectores, seguidores o curiosos, muchas veces acaban convirtiéndose en amigos, porque si te muestras tal y como eres, ellos tenderán a hacer lo mismo, y vas a descubrir un montón de gente interesante con la que trabar amistad.

Y hasta aquí mi entrada, reflexión… ¿consejo? de hoy. Espero que nadie se sienta atacado, ni mucho menos era esa mi intención, jamás hablo por nadie en concreto cuando suelto estos rollos, eso os lo puedo asegurar, yo no soy de las que van pegando tiros, ¡qué estrés!  😛

Ahora habrá quien crea que me ha pasado algo malo y que por eso escribo esta entrada, últimamente me pasa bastante, señal de que hay gente que me quiere y se preocupa por mí, lo cual es de agradecer 🙂

En fin, aclarar que no me pasa nada, que es una más de las paranoias que me vienen cuando no duermo bien por las noches jajajajaja

Para terminar este testamento moral, os dejo un gif de Mads Mikkelsen. ¿Por qué? Se preguntarán aquellos que no me conocen. La respuesta es sencilla: una imagen de Mads Mikkelsen siempre encaja, con todo, SIEMPRE ❤

¡¡¡Hasta la próxima!!!

LA HISTORIA CONTINUA, ¿CÓMO EVITAR ESCRIBIR MÁS DE LO NECESARIO?


¡¡Hola!!!

Como dije en su día, nunca había llevado un seguimiento al escribir una nueva novela; pero me pareció curioso hacerlo. ¿Quién sabe? Quizás podría servirle a alguien como consejo u orientación; o tal vez solo sea algo para mí, para poder leerlo en el futuro y ver si he cambiado en algo 😛

En la última entrada os comentaba que el comienzo de una historia se inicia con un folio en blanco. Me gustaría reiterar (aunque creo que ya me puse pesada la otra vez con el tema) que el folio en blanco solo me lo pongo delante después de haber hilado todo lo posible la historia en mi cabeza y en un cuaderno, ¿eh? No me gusta comenzar una novela sin tener lo más claro posible el argumento y el desarrollo.

Por otro lado, no soy persona de hacer esquemas de capítulos y esas cosas, pero sí procuro tener más o menos claro cuántos capítulos tendrá aproximadamente el nuevo libro y qué quiero contar en cada uno. Esto, por supuesto, se irá modificando conforme avance en la escritura, pero sirve para no perderme en la noche, porque a veces me meto tanto en una escena o diálogo que acabo rellenando más páginas de la cuenta y no llegando a donde debería llegar.

Otra de las cosas que hago (aunque confieso que antes no lo hacía) es establecerme un tope de páginas y palabras totales. Antes simplemente escribía lo que me iba viniendo y no me preocupaba demasiado por el grosor que pudiera tener el libro. Desde que publico he comprendido lo importante que es cuidar esto, así que ahora me pongo topes y si veo que comienzo a sobrepasarlos, sé que es hora de echar para atrás y ver qué información prescindible se me ha colado. Proceso que, a mí al menos, me resulta desesperante, desquiciante y muchos más “antes”.

Pero me estoy precipitando, esto suele ocurrir ya al final del proceso, o al menos a mí. Lo que quiero decir es que es conveniente llevar una idea de lo que se quiere escribir en cada capítulo para no extendernos con información innecesaria. Esas cosas que, como adoramos nuestro libro y a nuestros personajes, nos encantaría hacerles vivir, pero que, realmente, no aportan nada a la historia.

Otra norma que me pongo a la hora de escribir un capítulo, y que viene un poco relacionada con lo que he dicho antes: siempre, absolutamente en cada capítulo, debe pasar algo que sea importante para la trama o el desenlace. Es decir, nada de escribir capítulos por rellenar o porque es bonito y me gustaría escribirlo. NO.

No, porque al final, con toda probabilidad, acabará en la papelera en el proceso de recorte y habremos perdido el tiempo. Y, ¿sabéis qué es peor? Que normalmente cuando escribes un libro te cuesta darte cuenta de que lo que escribes es una chorrada o no sirve en la historia. Es tu trabajo y es difícil aceptar que ese trabajo es absurdo y que no ha servido de nada (eso nos pasa a todos, no disimuléis :P) con lo cual, a la hora de recortar lo vamos a tener difícil y muchas veces no vamos a saber qué deberíamos o no quitar.

¿Cómo evitamos esto? Limitándonos a contar lo que debemos contar para que la historia tenga sentido. Que quede claro que con esto no estoy descartando descripciones o diálogos, las descripciones son fundamentales para introducir al lector en la historia, pero no hay que abusar de ellas y hay que dosificarlas; y los diálogos son muy importantes para agilizar la lectura y para trazar la personalidad del personaje. No es lo mismo decir que Fulanito era antipático que leer cómo Fulanito es antipático con otros personajes. Eso te ayudará a conocerlos mejor a empatizar con ellos y a amarlos u odiarlos. Peeero, tampoco hay que abusar de diálogos. Los diálogos ocupan mucho espacio en un libro, y es más corto decir que Fulanito era antipático que demostrarlo en una conversación. ¿Dónde está el truco para saber cuándo hacerlo de una manera y cuándo de otra? A veces es fácil y a veces no tanto, pero un buen truco sería preguntarse: ¿El remarcar que Fulanito es antipático es importante para la historia? o, ¿quiero que la gente conozca en profundidad a Fulanito? Porque si Fulanito es solo el conserje del instituto al que vas a pedir un papel y ya no va a salir más en el libro, con decir que era antipático creo que es más que suficiente 😛

Vale, creo que este último párrafo es un claro ejemplo de cómo a un escritor se le puede ir la olla escribiendo sobre algo que le gusta.

Ok, pues creo que esta entrada debe terminar aquí, porque mi propósito es no hacerlas muy largas 😉

¿Qué tenemos ya?

  1. Hilar las historias en tu cabeza o en un cuaderno antes de comenzar a escribir.
  2. Borrar las historias anteriores de tu cabeza y abrir un archivo, un folio en blanco.
  3. Dar mil vueltas hasta que decides cómo empezar ese folio, después seguir el desarrollo.
  4. Saber aproximadamente cuántas páginas o palabras quieres que tenga tu libro. (A mí me gusta empezar a escribir un poco antes de determinar estas cosas porque me ayuda a hacerme una idea de en qué profundidad me voy a sumergir en la historia, pero lo normal es tener esto claro antes de comenzar con el folio en blanco).
  5. Determinar qué quieres contar en cada capítulo.
  6. No contar cosas irrelevantes que luego tengas que quitar.
  7. No extenderte con las descripciones y los diálogos si no son determinantes para la historia.
  8. Que en cada capítulo ocurra algo fundamental para la trama o el desenlace final.

No está mal, ¿no? Vamos avanzando bien 😉

Y ahora, para finalizar, para aquellos pacientes que habéis leído hasta aquí y habéis demostrado que os interesan los desvaríos que pasan por mi cabeza, os contaré cómo va esta nueva novela.

Pues ya tengo terminados el prólogo y tres capítulos, aunque hoy espero terminar el cuarto. He trazado a los personajes, bastante bien, creo, al menos yo ya me he encariñado con ellos y eso es muuuuy bueno. Llevo unas 15000 palabras escritas, lo cual es un promedio cojonudo, ya que, como dije el otro día, tuve que dejar la historia durante un largo tiempo y la retomé hace una semana, así que digamos que llevo una media de 3000 palabras por día. Supongo que el ritmo no se mantendrá, las cosas se irán complicando a medida que avance, pero estoy satisfecha.

¿Qué más he hecho aparte de trazar a los personajes? He introducido la trama, el misterio que hay que resolver y he puesto en marcha la aventura. En unas cincuenta páginas, creo que está bien y que no he caído en el vicio de escribir por escribir del que os he hablado hoy, pero eso solo lo sabré con seguridad al final del proceso, cuando vuelva a leer la historia y me dé cuenta de lo que está de más y de menos.

Y por ahora ya está 🙂 Pronto os contaré más. ¿Sabéis lo que sería guay? Que vosotros también me contarais cómo escribís y cómo lleváis vuestras historias, así podríamos comparar sistemas 🙂

Os dejo ya, toca meditar cómo dar el toque final al capítulo cuatro.

(Vaaaale, lo confieso, esto último solo era una excusa para poner esta foto, porque ay omá qué rico ❤ ).

¡¡Hasta la próxima!!!

UNA NUEVA HISTORIA UN NUEVO COMIENZO

 

LA CARRERA DE ESCRITOR ES COMO UNA ESCALADA AL EVEREST


¡Hola curiosos y creativos!!!

El otro día leí un comentario en algún sitio en el que se decía que escribir era una carrera de fondo y desde que lo leí me quedé pensando en la frase. Lo sé, mi vida es tremendamente aburrida 😛

Como me he propuesto ir contando en el blog mis propias experiencias como escritora, he decidido contaros qué es para mí la carrera de escritora. ¿Carrera de fondo? Podría llamarse así, por lo de que requiere esfuerzo y es larga, por lo de que hay que mantener el ritmo, que encuentras obstáculos… Sin embargo, yo siempre lo he visto más similar a la escalada. Como… ¿escalar el Everest? ¿Os parezco exagerada? Os explico 😉

La historia comienza con un libro terminado: ¡ole nosotros!! Ya hemos conseguido mucho más que otros, terminar un libro es algo glorioso y proporciona una gran satisfacción; pero hoy os quiero hablar de lo que viene después: publicar, promocionar, marketing, conseguir lectores, vender…

Así que tenemos un libro, lo que en mi metáfora equivale a estar al pie del Everest, en el campamento base, con unas cuerdas, un bocadillo y una botella de agua. Pero no queremos ir de picnic, queremos subir lo más alto posible, ¿no?

Bien, el ascenso siempre va a ser difícil y probablemente muchos se rindan y decidan que tener un libro para él, sus amigos y familia ya es cumplir un sueño, y, ciertamente, lo es.

Pero tú quieres ir un poco más allá, conseguir lectores ajenos a tu círculo, que te conozcan un poquito, ¿no? Entonces necesitas un sherpa que te ayude en la escalada, al menos hasta el campamento 2 😉 y si llegas a ese puedes estar contento, has subido tela.

En mi metáfora compararía el sherpa con trabajar tu blog, tus páginas sociales, lograr un círculo de lectores, y, sí, también hay que tener suerte y no romperte nada en el ascenso (hay muchísimas cosas que nos podrían hacer desistir y rendirnos, aunque yo siempre animaré a seguir y seguir, por duro que resulte).

Vale, con mucho trabajo y ganas hemos logrado alcanzar un punto bastante considerable en nuestra carrera, estamos en los 6.400 metros, tela marinera. Eso significa tener una marca personal casi establecida, tener unos lectores fijos, no tantos como para vivir de esto, pero si los suficientes para que tus libros no pasen desapercibidos y como para que no se olviden de ti. ¡Enhorabuena! Eso podría bastar de sobra para sentirte triunfador, desde luego.

Llegados a este punto y si seguimos trabajando en nuestra calidad como escritores, debería ser mucho más sencillo el ascenso, pero, ojo, también se hacen más necesarios los sherpas y el oxígeno, porque la escalada se hace más difícil a partir de ahora.

¿Qué significa esto en mi metáfora? Trabajo, trabajo, trabajo. Mejorar tu calidad y seguir currando tu presencia en internet; trabajar con tus lectores, nunca abandonarlos ni decepcionarlos, y, por supuesto, intentar hacerte destacar para captar nuevos, pues si no lo haces probablemente seguirás en el campamento 2, donde se está bien, más seguro, pero sin evolucionar, en lo que se refiera a ventas, al menos. Por otro lado, ya eres “visible”, así que si metes la pata será más visible también. (Cuando hablo de meter la pata hablo de traicionarte como escritor, tu calidad, o, lo peor de lo peor, ser desagradable con tus seguidores y lectores. No estoy diciendo tonterías, ¿eh? El ego es como el mal de altura, aparece sin que te des cuenta y lo jode todo).

Bueno, hemos alcanzado un gran punto en nuestra carrera. No es fácil llegar hasta aquí, y mucho más difícil mantenerse. Pero seguiremos intentando subir: campamento 3, campamento 4… Hay que decir que somos muchísimos escritores y probablemente nos obstaculizaremos en el ascenso involuntariamente (o tal vez no tan involuntariamente 😛 ).

Y, atención, si has trabajado duro, tenido paciencia y suerte, puede que logres llegar hasta la llamada “zona de la muerte”. Vale, este es el nombre que se le da en el Everest a la zona que sobrepasa los 7900 metros, no os asustéis, que nadie muere en la carrera de escritor, (¡o eso espero, leche!).

Para el que no lo sepa, y solo como dato curioso para los morbosos como yo, decir que, a partir de esta altura, la escalada al Everest se convierte en un serio riesgo para la vida. No hay oxígeno, el rescate es imposible y se sufre el llamado mal de altura. Hay más de 200 cadáveres abandonados en el Everest, muchos están a unos metros de los alpinistas pero nadie los puede sacar de allí.

Ok, dejando atrás el inciso desagradable, no vas a morir por llegar a lo más alto como escritor, al contrario, probablemente será una pasada 😛

Pero me gusta la comparación porque desde mi punto de vista de novata he podido ver algunas cosas:

Están los que llegan arriba con mucho esfuerzo y con pocos medios; para mí son unos cachazos de héroes que merecen la admiración de todos y con razón.

Y luego están los que llegan arriba con muuuchos sherpas, patrocinadores y demás. Oye, también ellos merecen mi olé, porque no estarían arriba si hubieran sido malos deportistas, ¿no? Bueno, ya me estoy haciendo un lío con la metáfora, pero creo que me habéis entendido 😛

Por otro lado, hay una cosilla curiosa que también he podido ver en el poco tiempo que llevo con mi particular escalada. Como en la del Everest, están los alpinistas que se detienen por el camino para ayudar (o tratar de ayudar) a aquellos que se sientan en la nieve porque no pueden más, les falta oxígeno o tienen mal de altura; y luego están los que pasan de largo aunque vean que hay alguien sentado y que necesita ayuda. Para algunos, es mucho más importante seguir adelante y coronarse campeón, caiga quien caiga. (Decir como paréntesis que, en la escalada real al Everest, esto supone, a mi parecer, un asesinato. La persona abandonada probablemente morirá. Por supuesto no es tan jodido en el mundo de la escritura, ¿vale?).

Sea como sea: ¡hemos alcanzado la cima! ¡¡¡¡Ole, ole y ole!!!! ¿Y ahora? Hay que mantenerse en la cima, por supuesto. Como todavía no he llegado no puedo hablar desde mi experiencia jajajaja Pero sí me gustaría terminar haciendo un… ¿análisis de conciencia?

La cima es el objetivo de la mayoría de nosotros, ahora bien, es durante la escalada cuando debes plantearte cómo quieres llegar a ese punto: ¿estás dispuesto a todo por ser ese gran escritor que ha llegado a la cima, o prefieres seguir siendo esa gran persona que ha llegado a la cima siendo un gran escritor? Un poco trabalenguas, pero creo que está claro lo que quiero decir, ¿no?

¡Y hasta aquí mi metáfora ida de la olla! Para aquellos en los que se haya despertado la curiosidad por los muertos que siembran el Everest, os dejo este enlace que es muy interesante, aunque triste, porque se pone cara e historia a esos cuerpos convertidos en puntos de señalización para los alpinistas 😦

Los muertos del Everest

¡¡¡¡Gracias por aguantar mis “paranoias” una vez más!!!!!

 

 

UNA NUEVA HISTORIA EN MENTE. EL COMIENZO.


¡¡¡Buenos días!!!

Hoy es viernes, viernes de Dolores. ¡Bieeennn!!! Comienzan las vacaciones y tendré a la familia en casa, eso me gusta 🙂 Me gusta y me vuelve vaga, para qué mentir 😛

Bueno, tenía planeada una entrada nueva para el blog mucho más interesante, pero resulta que estoy aquí pensando y me ha dado ganas de escribir esta.

Es algo que nunca he hecho, llevar un registro (más o menos) de la nueva novela en la que estoy trabajando. ¿Me cansaré y lo abandonaré? Sip, con toda probabilidad, pero hoy me apetece hacerla 🙂

Comenzar una novela es siempre algo especial, mágico, diría yo, ¡y horrible a la vez! ¿Cómo se comienza una nueva novela? Supongo que cada uno tendrá su método, allá va el mío 😛

¿Cómo empiezo? Y hablo de escribir, ¿eh? Porque antes de comenzar una nueva historia la he pensado mucho, la he dejado medio tejida en mi cabeza y en una libreta y he buscado la información más básica y fundamental para asegurarme de que las cosas van a cuadrar y a tener lógica temporal, etc.

Vale, ha quedado claro que hablo de comenzar a escribir. Uf. Es lo más difícil del proceso para mí, sobre todo cuando acabas de terminar otra y tu mente todavía camina con esos personajes. Pero hay que pasar página y crear un mundo nuevo. ¿Qué hacer?

Borrar tu mente, dejarla limpia, solo con los apuntes que necesitas para la nueva historia.

¡¡¡Y ese es el gran secreto, señores!!!! Se crea una carpeta nueva, se abre un archivo de Word y ¡¡¡tachán!!, te plantificas un folio en blanco delante de los morros y listo, misterio resuelto.

Vaaaale, ahora viene lo difícil. Tenemos un folio en blanco. Un folio en blanco que hay que rellenar. Que hay que rellenar y multiplicar. Que hay que multiplicar con muuuuchas anécdotas e historias. Anécdotas e historias que tienen que estar bien narradas para que al lector le guste lo que vas a escribir.

¡Aaaaaahhhhhh!

Y aquí es donde os hago una confesión: puedo pasarme como una hora entera, sin exagerar, delante de ese precioso folio en blanco, con el cerebro funcionando a mil por hora, hilando ideas, coordinando palabras, proyectando imágenes… Tanto trabajo le doy al pobre que en alguna ocasión ha salido mi hija de su dormitorio preguntando qué estoy cocinando que huele tan bien a tostado. Y sí, a veces mi cerebro quiere escaparse, pero no lo dejo.

La espera y el agobio valen la pena si al final del día has conseguido escribir algo que valga la pena, aunque ese algo sea medio folio. Sí, es poco, pero así es esto, si consigo arrancar, al día siguiente me quitaré una ruedecita, al próximo ya iré sin ruedecitas, y al siguiente, pedalearé sola y con ritmo.

Con respecto a mi nueva novela, os cuento que el folio en blanco lo abrí el miércoles y ese día escribí media página, tal cual, pasé más tiempo decidiendo los nombres de los personajes, lo confieso.

Peeero, ayer jueves, y teniendo en cuenta que estuve ocupada con otras cosillas, logré escribir 5 folios de golpe y estructurar el resto del capítulo y el siguiente. Eeeeehhh, eso está muy pero que muy bien, os lo aseguro, espero que siga así.

¿Qué os puedo contar de la nueva novela? No mucho, no voy a revelar gran cosa en estas entradas llenas de desvaríos, lo siento, aunque algo sí caerá 😛

¿Qué hay en esos cinco folios? Bueno, he presentado al personaje masculino y he dado las trazas de su historia y el porqué van a pasar las cosas que van a pasar.

Aquellos que han llegado a leer esta entrada entera, han demostrado estar interesados de verdad de la buena en lo que tengo que decir, y por tanto supongo que también les puede interesar la novela. Así que, en agradecimiento, os revelaré que esta nueva historia estará ambientada en la España del Renacimiento, aunque no se precisará ni el lugar exacto, ni la época concreta. ¿Por qué? Ya lo descubriréis. Es romántica, por supuestísimo, y es de misterio.

¡¡¡Basta!!!! Ya no digo más, que sino luego no tiene gracia!!!!

Bueno, amigos, ya os dejo. Lo que comenzó siendo una entrada espontánea se está convirtiendo en un testamento. Espero no haberos aburrido y si estáis interesados en los progresos de esta nueva novela, que vamos a llamar… no sé… “El desarrollo del folio”, seguid por aquí, si dejáis vuestro comentario mucho mejor, ya sabéis que un blog sin comentarios es como un hogar sin perro 😉

¡¡¡Hasta la próxima!!!

EL ESTRÉS DE CAER BIEN


¡¡Hola!!! Hace tiempo que no actualizo, pero es por un buen motivo, estoy metida de lleno en varios proyectos y estoy siendo buena con las fechas que me pongo 😛

Sin embargo, llevo un tiempo deseando expresar algo que me roe la cabeza como un run run. Tal vez he elegido este día para escribirlo como un desahogo, porque entrar hoy a las páginas sociales es como entrar en un agujero oscuro de polémica y mal rollo.

 

Pero es que esta situación yo la llevo notando desde que comencé a publicar, y francamente, me parece tan triste…

Escribir es la cosa más bonita del mundo (para los escritores al menos debería de ser así). Nuestra vida es escribir, lo hacemos porque es nuestra pasión, porque amamos nuestro trabajo, porque creemos en él. Deseamos compartirlo, que la gente nos lea y, si conseguimos llegarles al corazón… ¡Madre mía!

Antes, (en ese época que dicen los antepasados que existió antes de la era de internet y en la que, según cuenta la leyenda, la gente solía respetar y apreciar más aquello que otros creaban), comprabas un libro, lo leías, te gustaba o no, y bueno, ahí se quedaba la cosa. Comentabas con tus amigos, lo recomendabas, o no.

¿El autor? Era ese personaje alto como las estrellas e inalcanzable, con el que conectabas, o no. Con suerte y si eras atrevido, le mandabas una carta que podía leer… o no. Y oye, no pasaba nada, ese escritor seguía escribiendo, los lectores compraban sus libros o no, los editores le publicaban si vendía, y la verdad es que a todo el mundo le importaba un pito que el tipo fuera unas sonajas o un “malafollá”, lo que realmente importaba, era lo que en verdad debería de importar: su libro, su forma de escribir y transmitir.

Hoy, en esta maravillosa época en la que internet nos da todo, todito todo (bueno o malo), contamos con la gran ventaja de tener a los autores al alcance de un clic. Más cerca que nunca a pesar de las distancia. ¡Qué maravilla!

 

Y sip, es maravilloso, salvo porque, como solemos hacer las personas con todas las cosas buenas, al final, acabamos desvirtuando lo que debería ser considerado como un avance.

Porque claro, ahora puedo escribir al autor y el autor puede contestarme. ¡Bieeeennn! Así que, le escribo a ese autor cuando a mí me apetezca o cuando pueda, claro, que tengo vida. Pero, aaaamigo, ¡que le he escrito y no me ha contestado!!!!!! ¡¡Que ni siquiera se ha molestado en abrir mi mensaje!!! O lo que es peor, el delito de delitos: ¡¡¡Que me ha dejado en visto!!!!!

Vayamos más allá, (y espero por favor que nadie se enfade). Que me ha gustado mogollón su libro y le he hecho una reseña más preciosa que todas las cosas. ¿Por qué no me comenta????? Uhmmm

Porque claro, el autor no puede tener un mal día, tener una diarrea que no le permita levantarse del retrete, estar en el súper y ver el mensaje a toda prisa y después olvidar responderlo (porque algunos son despistados, oigan), o no sé… ¿a lo mejor está escribiendo? O viviendo, quién sabe.

¡Ojo! Que este avance es maravilloso, de verdad que sí. Es increíble poder conocer las opiniones de los lectores, interactuar con ellos, vivir tus historias junto a ellos. Que el hecho de que un lector dedique parte de su tiempo a leer lo que has escrito, a escribirte, a dejarte un comentario, a crearte fichas, reseñas… Buf, eso es la releche, en serio. La de gente que se mete los currazos por amor a la literatura, sin cobrar nada, solo por placer y por amor a sus autores y libros, eso es… Es que no hay palabras, en serio.

Me gustaría ser clara y que nadie se sienta atacado, por Dios, eso es lo que menos quiero, justo porque soy la persona a la que menos les gustan las polémicas del mundo.

A donde quiero llegar es a algo que parece que cada vez se ve menos en este mundillo: respetémonos, señores. TODOS.

Un escritor escribe, trata de conectar con los lectores, debe atenderlos, claro que sí, porque no te lleva apenas tiempo responder un mensaje y ser amable con la gente, agradecer cuando te hacen un comentario, cuando te dan un consejo. Pero, el escritor es una persona. Sí señor, con sus pros y sus contras, y no puede estar en mil sitios a la vez. A veces se le puede pasar, o puede tener un mal día, eso no lo convierte en un ogro, o quién sabe, lo mismo es un ogro, pero sigue escribiendo como un dios. ¿Se merece ser vapuleado como autor por no ser simpático? No sé… Esto hay que meditarlo.

Y oye, luego está el autor que trata de atender a todo el mundo, de no meterse en líos, de estar bien con todos, pero mira tú qué cosas, que es amigo de ese tipo antipático que te dejó en visto… Uhmmm

Pues paso de leer nada suyo, que me cae gordo, ea. O, vayamos de nuevo un poquito más lejos, eh? (Y espero que nadie se dé por aludido). No me he leído su libro, o lo he hecho y no me ha desagradado, pero, como me cae gordo, le voy a plantar un comentario negativo en amazon que eso siempre jode. Sí, señor.

Y ahí tenemos a ese pobre autor que acaba de llegar al mundo como quien dice, que ve cómo los puñales vuelan de aquí para allá, que no comprende qué ha hecho uno o qué ha podido ofender al otro…

Y en ocasiones lo que desea es esconder la cabeza debajo de tierra y desaparecer de este mundillo tan maravilloso y que tanto le gusta. ¡¡Porque ama escribir, oigan, y quiere que le lean, pero no soporta los malos rollos!!

Y, lo que debería ser algo genial y digno de celebrar, se convierte en un estrés diario. ¿Cómo demostrar que en realidad soy un tío guay? Oye que escribo con pasión, que me gusta atender a mis lectores, que soy de sonrisa fácil y que la gente que me conoce dice que soy buena gente, de verdad de la buena, ¿eh?

¿Cómo te demuestro que soy un tío cojonudo????? ¿Por qué no te gusto? ¿Por qué te caigo mal????

Vale, creo que ya se me está yendo la olla más de la cuenta… Voy a resumir el mensaje de esta entrada:

¡¡¡¡¡¡RESPETO!!!!!!!!! COMPRENSIÓN, ACEPTACIÓN, TOLERANCIA.

Vamos a dejar de meter baza en polémicas, vamos a molestarnos en leer un libro antes de pretender hundirlo, y aunque no nos guste, ¿y si probamos a decirle amablemente a ese escritor lo que creemos que ha hecho mal, para ayudarlo a mejorar?

Vamos a dejar de juzgar  a las personas sin conocerlas, que ni todo el mundo es tan súper mega chachi, ni todos son tan “hioputas” (palabro granadino), que las personas, son eso, personas, con vidas. Vamos a procurar tratar a la gente como nos gustaría que nos trataran a nosotros, ¿qué os parece?

Para terminar, me gustaría aclarar que he escrito esta entrada centrada en escritores porque es lo que soy, pero creo que bien se puede aplicar al mundo de los blogueros, editores, ilustradores, organizadores de eventos, etc…

¡Vamos a dejar de tirar mierda sobre nuestra propia casa, señores! El lograr que en España se le dé a la cultura el respeto que se merece, depende principalmente de los que estamos encargados de producirla.

Y ya me callo. Por favor, que nadie se ofenda por mis idas de olla y mis reflexiones chorras. Que yo soy ese autor que quiere llevarse bien con todos, que rehúye de los follones y de los malos rollos y que lo único que desea es escribir, transmitir y llegar al lector (al que, personalmente, me preocupo de cuidar y de demostrar constantemente mi agradecimiento y mi respeto).

¡¡¡Adiós!!!!