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LA HISTORIA CONTINUA, ¿CÓMO EVITAR ESCRIBIR MÁS DE LO NECESARIO?


¡¡Hola!!!

Como dije en su día, nunca había llevado un seguimiento al escribir una nueva novela; pero me pareció curioso hacerlo. ¿Quién sabe? Quizás podría servirle a alguien como consejo u orientación; o tal vez solo sea algo para mí, para poder leerlo en el futuro y ver si he cambiado en algo 😛

En la última entrada os comentaba que el comienzo de una historia se inicia con un folio en blanco. Me gustaría reiterar (aunque creo que ya me puse pesada la otra vez con el tema) que el folio en blanco solo me lo pongo delante después de haber hilado todo lo posible la historia en mi cabeza y en un cuaderno, ¿eh? No me gusta comenzar una novela sin tener lo más claro posible el argumento y el desarrollo.

Por otro lado, no soy persona de hacer esquemas de capítulos y esas cosas, pero sí procuro tener más o menos claro cuántos capítulos tendrá aproximadamente el nuevo libro y qué quiero contar en cada uno. Esto, por supuesto, se irá modificando conforme avance en la escritura, pero sirve para no perderme en la noche, porque a veces me meto tanto en una escena o diálogo que acabo rellenando más páginas de la cuenta y no llegando a donde debería llegar.

Otra de las cosas que hago (aunque confieso que antes no lo hacía) es establecerme un tope de páginas y palabras totales. Antes simplemente escribía lo que me iba viniendo y no me preocupaba demasiado por el grosor que pudiera tener el libro. Desde que publico he comprendido lo importante que es cuidar esto, así que ahora me pongo topes y si veo que comienzo a sobrepasarlos, sé que es hora de echar para atrás y ver qué información prescindible se me ha colado. Proceso que, a mí al menos, me resulta desesperante, desquiciante y muchos más “antes”.

Pero me estoy precipitando, esto suele ocurrir ya al final del proceso, o al menos a mí. Lo que quiero decir es que es conveniente llevar una idea de lo que se quiere escribir en cada capítulo para no extendernos con información innecesaria. Esas cosas que, como adoramos nuestro libro y a nuestros personajes, nos encantaría hacerles vivir, pero que, realmente, no aportan nada a la historia.

Otra norma que me pongo a la hora de escribir un capítulo, y que viene un poco relacionada con lo que he dicho antes: siempre, absolutamente en cada capítulo, debe pasar algo que sea importante para la trama o el desenlace. Es decir, nada de escribir capítulos por rellenar o porque es bonito y me gustaría escribirlo. NO.

No, porque al final, con toda probabilidad, acabará en la papelera en el proceso de recorte y habremos perdido el tiempo. Y, ¿sabéis qué es peor? Que normalmente cuando escribes un libro te cuesta darte cuenta de que lo que escribes es una chorrada o no sirve en la historia. Es tu trabajo y es difícil aceptar que ese trabajo es absurdo y que no ha servido de nada (eso nos pasa a todos, no disimuléis :P) con lo cual, a la hora de recortar lo vamos a tener difícil y muchas veces no vamos a saber qué deberíamos o no quitar.

¿Cómo evitamos esto? Limitándonos a contar lo que debemos contar para que la historia tenga sentido. Que quede claro que con esto no estoy descartando descripciones o diálogos, las descripciones son fundamentales para introducir al lector en la historia, pero no hay que abusar de ellas y hay que dosificarlas; y los diálogos son muy importantes para agilizar la lectura y para trazar la personalidad del personaje. No es lo mismo decir que Fulanito era antipático que leer cómo Fulanito es antipático con otros personajes. Eso te ayudará a conocerlos mejor a empatizar con ellos y a amarlos u odiarlos. Peeero, tampoco hay que abusar de diálogos. Los diálogos ocupan mucho espacio en un libro, y es más corto decir que Fulanito era antipático que demostrarlo en una conversación. ¿Dónde está el truco para saber cuándo hacerlo de una manera y cuándo de otra? A veces es fácil y a veces no tanto, pero un buen truco sería preguntarse: ¿El remarcar que Fulanito es antipático es importante para la historia? o, ¿quiero que la gente conozca en profundidad a Fulanito? Porque si Fulanito es solo el conserje del instituto al que vas a pedir un papel y ya no va a salir más en el libro, con decir que era antipático creo que es más que suficiente 😛

Vale, creo que este último párrafo es un claro ejemplo de cómo a un escritor se le puede ir la olla escribiendo sobre algo que le gusta.

Ok, pues creo que esta entrada debe terminar aquí, porque mi propósito es no hacerlas muy largas 😉

¿Qué tenemos ya?

  1. Hilar las historias en tu cabeza o en un cuaderno antes de comenzar a escribir.
  2. Borrar las historias anteriores de tu cabeza y abrir un archivo, un folio en blanco.
  3. Dar mil vueltas hasta que decides cómo empezar ese folio, después seguir el desarrollo.
  4. Saber aproximadamente cuántas páginas o palabras quieres que tenga tu libro. (A mí me gusta empezar a escribir un poco antes de determinar estas cosas porque me ayuda a hacerme una idea de en qué profundidad me voy a sumergir en la historia, pero lo normal es tener esto claro antes de comenzar con el folio en blanco).
  5. Determinar qué quieres contar en cada capítulo.
  6. No contar cosas irrelevantes que luego tengas que quitar.
  7. No extenderte con las descripciones y los diálogos si no son determinantes para la historia.
  8. Que en cada capítulo ocurra algo fundamental para la trama o el desenlace final.

No está mal, ¿no? Vamos avanzando bien 😉

Y ahora, para finalizar, para aquellos pacientes que habéis leído hasta aquí y habéis demostrado que os interesan los desvaríos que pasan por mi cabeza, os contaré cómo va esta nueva novela.

Pues ya tengo terminados el prólogo y tres capítulos, aunque hoy espero terminar el cuarto. He trazado a los personajes, bastante bien, creo, al menos yo ya me he encariñado con ellos y eso es muuuuy bueno. Llevo unas 15000 palabras escritas, lo cual es un promedio cojonudo, ya que, como dije el otro día, tuve que dejar la historia durante un largo tiempo y la retomé hace una semana, así que digamos que llevo una media de 3000 palabras por día. Supongo que el ritmo no se mantendrá, las cosas se irán complicando a medida que avance, pero estoy satisfecha.

¿Qué más he hecho aparte de trazar a los personajes? He introducido la trama, el misterio que hay que resolver y he puesto en marcha la aventura. En unas cincuenta páginas, creo que está bien y que no he caído en el vicio de escribir por escribir del que os he hablado hoy, pero eso solo lo sabré con seguridad al final del proceso, cuando vuelva a leer la historia y me dé cuenta de lo que está de más y de menos.

Y por ahora ya está 🙂 Pronto os contaré más. ¿Sabéis lo que sería guay? Que vosotros también me contarais cómo escribís y cómo lleváis vuestras historias, así podríamos comparar sistemas 🙂

Os dejo ya, toca meditar cómo dar el toque final al capítulo cuatro.

(Vaaaale, lo confieso, esto último solo era una excusa para poner esta foto, porque ay omá qué rico ❤ ).

¡¡Hasta la próxima!!!

UNA NUEVA HISTORIA UN NUEVO COMIENZO

 

LA CARRERA DE ESCRITOR ES COMO UNA ESCALADA AL EVEREST


¡Hola curiosos y creativos!!!

El otro día leí un comentario en algún sitio en el que se decía que escribir era una carrera de fondo y desde que lo leí me quedé pensando en la frase. Lo sé, mi vida es tremendamente aburrida 😛

Como me he propuesto ir contando en el blog mis propias experiencias como escritora, he decidido contaros qué es para mí la carrera de escritora. ¿Carrera de fondo? Podría llamarse así, por lo de que requiere esfuerzo y es larga, por lo de que hay que mantener el ritmo, que encuentras obstáculos… Sin embargo, yo siempre lo he visto más similar a la escalada. Como… ¿escalar el Everest? ¿Os parezco exagerada? Os explico 😉

La historia comienza con un libro terminado: ¡ole nosotros!! Ya hemos conseguido mucho más que otros, terminar un libro es algo glorioso y proporciona una gran satisfacción; pero hoy os quiero hablar de lo que viene después: publicar, promocionar, marketing, conseguir lectores, vender…

Así que tenemos un libro, lo que en mi metáfora equivale a estar al pie del Everest, en el campamento base, con unas cuerdas, un bocadillo y una botella de agua. Pero no queremos ir de picnic, queremos subir lo más alto posible, ¿no?

Bien, el ascenso siempre va a ser difícil y probablemente muchos se rindan y decidan que tener un libro para él, sus amigos y familia ya es cumplir un sueño, y, ciertamente, lo es.

Pero tú quieres ir un poco más allá, conseguir lectores ajenos a tu círculo, que te conozcan un poquito, ¿no? Entonces necesitas un sherpa que te ayude en la escalada, al menos hasta el campamento 2 😉 y si llegas a ese puedes estar contento, has subido tela.

En mi metáfora compararía el sherpa con trabajar tu blog, tus páginas sociales, lograr un círculo de lectores, y, sí, también hay que tener suerte y no romperte nada en el ascenso (hay muchísimas cosas que nos podrían hacer desistir y rendirnos, aunque yo siempre animaré a seguir y seguir, por duro que resulte).

Vale, con mucho trabajo y ganas hemos logrado alcanzar un punto bastante considerable en nuestra carrera, estamos en los 6.400 metros, tela marinera. Eso significa tener una marca personal casi establecida, tener unos lectores fijos, no tantos como para vivir de esto, pero si los suficientes para que tus libros no pasen desapercibidos y como para que no se olviden de ti. ¡Enhorabuena! Eso podría bastar de sobra para sentirte triunfador, desde luego.

Llegados a este punto y si seguimos trabajando en nuestra calidad como escritores, debería ser mucho más sencillo el ascenso, pero, ojo, también se hacen más necesarios los sherpas y el oxígeno, porque la escalada se hace más difícil a partir de ahora.

¿Qué significa esto en mi metáfora? Trabajo, trabajo, trabajo. Mejorar tu calidad y seguir currando tu presencia en internet; trabajar con tus lectores, nunca abandonarlos ni decepcionarlos, y, por supuesto, intentar hacerte destacar para captar nuevos, pues si no lo haces probablemente seguirás en el campamento 2, donde se está bien, más seguro, pero sin evolucionar, en lo que se refiera a ventas, al menos. Por otro lado, ya eres “visible”, así que si metes la pata será más visible también. (Cuando hablo de meter la pata hablo de traicionarte como escritor, tu calidad, o, lo peor de lo peor, ser desagradable con tus seguidores y lectores. No estoy diciendo tonterías, ¿eh? El ego es como el mal de altura, aparece sin que te des cuenta y lo jode todo).

Bueno, hemos alcanzado un gran punto en nuestra carrera. No es fácil llegar hasta aquí, y mucho más difícil mantenerse. Pero seguiremos intentando subir: campamento 3, campamento 4… Hay que decir que somos muchísimos escritores y probablemente nos obstaculizaremos en el ascenso involuntariamente (o tal vez no tan involuntariamente 😛 ).

Y, atención, si has trabajado duro, tenido paciencia y suerte, puede que logres llegar hasta la llamada “zona de la muerte”. Vale, este es el nombre que se le da en el Everest a la zona que sobrepasa los 7900 metros, no os asustéis, que nadie muere en la carrera de escritor, (¡o eso espero, leche!).

Para el que no lo sepa, y solo como dato curioso para los morbosos como yo, decir que, a partir de esta altura, la escalada al Everest se convierte en un serio riesgo para la vida. No hay oxígeno, el rescate es imposible y se sufre el llamado mal de altura. Hay más de 200 cadáveres abandonados en el Everest, muchos están a unos metros de los alpinistas pero nadie los puede sacar de allí.

Ok, dejando atrás el inciso desagradable, no vas a morir por llegar a lo más alto como escritor, al contrario, probablemente será una pasada 😛

Pero me gusta la comparación porque desde mi punto de vista de novata he podido ver algunas cosas:

Están los que llegan arriba con mucho esfuerzo y con pocos medios; para mí son unos cachazos de héroes que merecen la admiración de todos y con razón.

Y luego están los que llegan arriba con muuuchos sherpas, patrocinadores y demás. Oye, también ellos merecen mi olé, porque no estarían arriba si hubieran sido malos deportistas, ¿no? Bueno, ya me estoy haciendo un lío con la metáfora, pero creo que me habéis entendido 😛

Por otro lado, hay una cosilla curiosa que también he podido ver en el poco tiempo que llevo con mi particular escalada. Como en la del Everest, están los alpinistas que se detienen por el camino para ayudar (o tratar de ayudar) a aquellos que se sientan en la nieve porque no pueden más, les falta oxígeno o tienen mal de altura; y luego están los que pasan de largo aunque vean que hay alguien sentado y que necesita ayuda. Para algunos, es mucho más importante seguir adelante y coronarse campeón, caiga quien caiga. (Decir como paréntesis que, en la escalada real al Everest, esto supone, a mi parecer, un asesinato. La persona abandonada probablemente morirá. Por supuesto no es tan jodido en el mundo de la escritura, ¿vale?).

Sea como sea: ¡hemos alcanzado la cima! ¡¡¡¡Ole, ole y ole!!!! ¿Y ahora? Hay que mantenerse en la cima, por supuesto. Como todavía no he llegado no puedo hablar desde mi experiencia jajajaja Pero sí me gustaría terminar haciendo un… ¿análisis de conciencia?

La cima es el objetivo de la mayoría de nosotros, ahora bien, es durante la escalada cuando debes plantearte cómo quieres llegar a ese punto: ¿estás dispuesto a todo por ser ese gran escritor que ha llegado a la cima, o prefieres seguir siendo esa gran persona que ha llegado a la cima siendo un gran escritor? Un poco trabalenguas, pero creo que está claro lo que quiero decir, ¿no?

¡Y hasta aquí mi metáfora ida de la olla! Para aquellos en los que se haya despertado la curiosidad por los muertos que siembran el Everest, os dejo este enlace que es muy interesante, aunque triste, porque se pone cara e historia a esos cuerpos convertidos en puntos de señalización para los alpinistas 😦

Los muertos del Everest

¡¡¡¡Gracias por aguantar mis “paranoias” una vez más!!!!!

 

 

UNA NUEVA HISTORIA EN MENTE. EL COMIENZO.


¡¡¡Buenos días!!!

Hoy es viernes, viernes de Dolores. ¡Bieeennn!!! Comienzan las vacaciones y tendré a la familia en casa, eso me gusta 🙂 Me gusta y me vuelve vaga, para qué mentir 😛

Bueno, tenía planeada una entrada nueva para el blog mucho más interesante, pero resulta que estoy aquí pensando y me ha dado ganas de escribir esta.

Es algo que nunca he hecho, llevar un registro (más o menos) de la nueva novela en la que estoy trabajando. ¿Me cansaré y lo abandonaré? Sip, con toda probabilidad, pero hoy me apetece hacerla 🙂

Comenzar una novela es siempre algo especial, mágico, diría yo, ¡y horrible a la vez! ¿Cómo se comienza una nueva novela? Supongo que cada uno tendrá su método, allá va el mío 😛

¿Cómo empiezo? Y hablo de escribir, ¿eh? Porque antes de comenzar una nueva historia la he pensado mucho, la he dejado medio tejida en mi cabeza y en una libreta y he buscado la información más básica y fundamental para asegurarme de que las cosas van a cuadrar y a tener lógica temporal, etc.

Vale, ha quedado claro que hablo de comenzar a escribir. Uf. Es lo más difícil del proceso para mí, sobre todo cuando acabas de terminar otra y tu mente todavía camina con esos personajes. Pero hay que pasar página y crear un mundo nuevo. ¿Qué hacer?

Borrar tu mente, dejarla limpia, solo con los apuntes que necesitas para la nueva historia.

¡¡¡Y ese es el gran secreto, señores!!!! Se crea una carpeta nueva, se abre un archivo de Word y ¡¡¡tachán!!, te plantificas un folio en blanco delante de los morros y listo, misterio resuelto.

Vaaaale, ahora viene lo difícil. Tenemos un folio en blanco. Un folio en blanco que hay que rellenar. Que hay que rellenar y multiplicar. Que hay que multiplicar con muuuuchas anécdotas e historias. Anécdotas e historias que tienen que estar bien narradas para que al lector le guste lo que vas a escribir.

¡Aaaaaahhhhhh!

Y aquí es donde os hago una confesión: puedo pasarme como una hora entera, sin exagerar, delante de ese precioso folio en blanco, con el cerebro funcionando a mil por hora, hilando ideas, coordinando palabras, proyectando imágenes… Tanto trabajo le doy al pobre que en alguna ocasión ha salido mi hija de su dormitorio preguntando qué estoy cocinando que huele tan bien a tostado. Y sí, a veces mi cerebro quiere escaparse, pero no lo dejo.

La espera y el agobio valen la pena si al final del día has conseguido escribir algo que valga la pena, aunque ese algo sea medio folio. Sí, es poco, pero así es esto, si consigo arrancar, al día siguiente me quitaré una ruedecita, al próximo ya iré sin ruedecitas, y al siguiente, pedalearé sola y con ritmo.

Con respecto a mi nueva novela, os cuento que el folio en blanco lo abrí el miércoles y ese día escribí media página, tal cual, pasé más tiempo decidiendo los nombres de los personajes, lo confieso.

Peeero, ayer jueves, y teniendo en cuenta que estuve ocupada con otras cosillas, logré escribir 5 folios de golpe y estructurar el resto del capítulo y el siguiente. Eeeeehhh, eso está muy pero que muy bien, os lo aseguro, espero que siga así.

¿Qué os puedo contar de la nueva novela? No mucho, no voy a revelar gran cosa en estas entradas llenas de desvaríos, lo siento, aunque algo sí caerá 😛

¿Qué hay en esos cinco folios? Bueno, he presentado al personaje masculino y he dado las trazas de su historia y el porqué van a pasar las cosas que van a pasar.

Aquellos que han llegado a leer esta entrada entera, han demostrado estar interesados de verdad de la buena en lo que tengo que decir, y por tanto supongo que también les puede interesar la novela. Así que, en agradecimiento, os revelaré que esta nueva historia estará ambientada en la España del Renacimiento, aunque no se precisará ni el lugar exacto, ni la época concreta. ¿Por qué? Ya lo descubriréis. Es romántica, por supuestísimo, y es de misterio.

¡¡¡Basta!!!! Ya no digo más, que sino luego no tiene gracia!!!!

Bueno, amigos, ya os dejo. Lo que comenzó siendo una entrada espontánea se está convirtiendo en un testamento. Espero no haberos aburrido y si estáis interesados en los progresos de esta nueva novela, que vamos a llamar… no sé… “El desarrollo del folio”, seguid por aquí, si dejáis vuestro comentario mucho mejor, ya sabéis que un blog sin comentarios es como un hogar sin perro 😉

¡¡¡Hasta la próxima!!!