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LA HECHICERA DEL BOSQUE Y LOS CINCO PAJARITOS


ILUSTRACIÓN DE INGRID GALA

ILUSTRACIÓN DE INGRID GALA

¡¡¡Hola de nuevo!!! Después de muuuuchos días sin actualizar ninguno de mis blogs, vuelvo con una entrada muy especial para mí 🙂

No voy a buscar excusa. Es cierto que he estado ocupada, algo perjudicadilla de salud y distraída con mil cosas, pero supongo que no es excusa para dejar de publicar por aquí. En cualquier caso, confío en que se me pase la pereza y me ponga las pilas con la entrada del curso 😛

Hoy os traigo un cuentecito que escribí hace un tiempo para alguien muy especial que pasaba un mal momento. No tenía intención de publicarlo, iba a ser algo solo para ella, pero resulta que esta personita es mágica y no se le ocurrió otra cosa que ilustrar mi modesto cuentecillo con esta pedazo de ilustración que veis aquí, así que, como comprenderéis, ¡tenía que enseñarlos ambos!!!!

¿Por qué hoy? ¡¡Porque esta personica tan maravillosa cumple años!! Eso es, y me ha parecido una manera bonita de felicitarla. Así que, va de nuevo por ti, señorita Ingrid Gala. Te deseo un millón de “nuncas”. Nunca cambies, nunca me dejes, nunca borres tu sonrisa, nunca dejes de crear, nunca pierdas tu magia, nunca te dejes pisar, nunca dejes de crecer, ¿he dicho que nunca me dejes? ¡¡Nunca!!! Porque desde que te tengo la vida parece más bonita.

¡¡¡¡Te quiero!!!!!!!!

P.D. Los personajes de este cuento son inventados y no es culpa mía si guardan alguna semejanza con alguien real… O sí, ¿de quién va a ser la culpa sino mía? Jajajaja Lo que quiero decir más bien es que, si alguien se pica, como dicen en mi pueblo: agua y ajo, ea. 

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

 LA HECHICERA DEL BOSQUE Y LOS CINCO PAJARITOS

Hace muchos, muchos años, vivían en un enorme bosque cinco pajaritos cantores, que hacían las delicias de todos aquellos que los conocían con sus melodías. Y es que, no solo eran talentosos y divertidos, sino luminosos, pues cantaban por el simple hecho de que eso les hacía felices; y por ello y para ello, los pajaritos ponían su alma en su música.

Una tarde de otoño, el gran colorín del bosque les ofreció participar, como cabeza de cartel, en el famoso festival de primavera que se organizaba cada año en el bosque. Los cinco pajaritos se pusieron muy contentos, y desde el primer momento empezaron a hacer planes para que aquel festival resultara memorable para todo el mundo.

El talento ya lo tenían, solo hacía falta ensayar un poco; sin embargo, tras echarse un vistazo objetivo los unos a los otros, se dieron cuenta de que sus plumas marrones y sin brillo no eran suficientemente llamativas para un festival de esas características. Sí, quizás todos los adoraran por su música, pero ellos se sentían en deuda con sus seguidores y deseaban darles mucho más. Deseaban ser hermosos y luminosos para ellos.

A uno de los pajaritos se le ocurrió la idea de acudir a la hechicera del bosque para pedirle ayuda, pues de todos era conocido que ella era mágica y poderosa, así como bondadosa.

Cuando llegaron a su cabaña, este pajarito quedó prendado por la belleza de la hermosa hechicera nada más verla; y ella, al verse en sus ojos llenos de amor, en su voz llena de alma, no pudo menos que enamorarse también de él. Por supuesto, aceptó ayudarlos en todo lo que pudiera, por el sencillo hecho de que ella era feliz viendo al pajarito sonreír.

Y así comenzó a trabajar día y noche, sin descanso, construyendo unos trajes de plumas mágicas para ellos, para lograr que el día de festival se vieran tan grandiosos como las estrellas.

Trabajó y trabajó, usando un sorbo de espuma de mar, un poco de luz de estrellas, una pizca de rayos de sol, un pellizco de arcoíris. Trabajó y trabajó, sin importarle otra cosa que esa sonrisa que a ella hacía sonreír. Trabajó tanto que incluso olvidó que ella también tenía una vida y debía vivirla. Tanto que no recordó que las hechiceras no pertenecen a este mundo, y que la suciedad y maldad en él tienden a provocar efectos devastadores en sus cuerpos delicados y puros. Así pues, durante el tiempo que trabajó en las plumas nuevas de los cinco pajaritos, nuestra pequeña hechicera olvidó visitar el mundo mágico, algo que era vital para ella, pues solo allí podía renovar la energía que necesitaba para mantenerse fuerte. Poco a poco, su cuerpo comenzó a sentir los estragos de permanecer mucho tiempo sin esa energía y enfermó. El exceso de trabajo no hizo sino empeorar su estado, pero ella solo podía pensar en llevar felicidad a sus amigos los pajaritos, y, especialmente, a su amado.

Sin embargo, contrariamente a lo que cabía esperar, los pajaritos no parecían sentirse felices con sus progresos. Por el contrario, cada vez le exigían más y más. «Más brillo, más luz, más sol, más arcoíris… Y más rápido, más rápido… El festival de primavera se acerca y lo necesitamos más rápido». Le exigían cada día.

La hechicera se sentía triste y enfadada por esas muestras de desconsideración, pero aun así, seguía trabajando y tratando de cumplir los deseos de los pajaritos. Algunos amigos se acercaron a ella y comenzaron a ayudarla, pues todo el mundo la quería por su enorme corazón; corazón que usaba en cada cosa que ella emprendía.

Entre todos, por fin consiguieron terminar las plumas mágicas, y la hechicera llamó feliz y orgullosa a los cinco pajaritos para que se las probaran. Enfundados en ellas, parecían criaturas celestiales, deslumbrantes, tan, tan hermosos… Ella resplandecía de orgullo por el trabajo bien hecho y ellos… Bueno, ellos se miraron y remiraron y pensaron que aún les faltaba algo para ser más grandiosos.

—¿Por qué no nos consigues unas coronas de nube? —le pidieron, no muy agradecidos con el trabajo que ella ya había desempeñado.

La hechicera se sintió un poco decepcionada por su reacción, pero miró a su amado y él le pidió que por favor lo hiciera. Ella lo amaba y deseaba su felicidad, así que, aunque estaba muy enferma, les dijo que sí, que tendrían sus coronas de nubes para completar su traje.

Pero no había nubes buenas en esos días y ella estaba tan, tan cansada… Le costaba bastante hacer el nuevo trabajo. Los pajaritos comenzaron a ponerse nerviosos y a meter prisas.

—El festival se acerca, necesitamos las coronas ya.

—No puedo tenerlas tan pronto. Es un trabajo muy delicado y yo estoy enferma —les dijo ella.

A ellos no les gustó esa explicación y decidieron contratar al hámster artesano para que les hiciera unas coronas de algodón, unas coronas artificiales que nada tenían que ver con el sueño de nubes que la hechicera les había prometido si solo tenían un poco de paciencia. Pagaron al hámster artesano un precio que nunca le habían ofrecido a ella por entregar toda su vida en ese trabajo, y decidieron que ya no la necesitaban, que ellos podrían continuar solos sin su ayuda.

Cuando se vio apartada radicalmente de todo lo que había sido su vida durante tanto tiempo, la hechicera se sintió destrozada. Llorando, fue a hablar con su amado y él le dijo que la quería, que estaba muy satisfecho y le gustaba su trabajo, pero que los otros pajaritos se habían enfadado porque no había podido hacer las coronas de nube más rápido.

—¡Pero no están siendo justos conmigo! —le dijo a su amado—. Tú lo ves, ¿verdad? ¿Ves que están siendo malos conmigo?

—Lo veo y lo siento, porque yo te amo mucho —le dijo él con cara triste—. Pero ellos son mi grupo, el festival está cerca, y quiero que seamos los mejores. Así que yo iré siempre con ellos, y aceptaré todo lo que decidan, porque mi objetivo es brillar mucho y no lo puedo lograr sin ellos.

Y así, sin él darse cuenta siquiera de lo que había hecho, con un te quiero la alejó de su vida y le rompió el corazón.

El día del festival, los pajaritos subieron al escenario con sus mágicos trajes de plumas. Los demás animales gritaban entusiasmados, cegados por tanta belleza. Eran sublimes, hermosos, brillantes, magistrales… Pero lo que ellos ignoraban era que la magia de toda hechicera reside en su corazón, y a la nuestra el suyo se le había roto en mil pedazos. Poco a poco, las luces de sus nuevas plumas se fueron apagando. Lo que antes era un arcoíris de color, comenzó a volverse gris y, después, de un negro intenso. Los cinco pajaritos eran brillantes y hermosos aún, pero era una hermosura oscura, siniestra y de mal agüero.

Se miraron desconcertados, pues su público ya no les aplaudía con igual entusiasmo. No obstante, recordaron que, a pesar de sus plumas negras, ellos aún tenían su talento. Así pues, siguieron cantando, y lo hicieron bien, pues sus voces eran potentes. Sin embargo, vieron en seguida que algo había cambiado en ellas, que ya no eran como lo habían sido al principio. Y es que ellos, los cinco pajaritos cantores, habían sido grandes porque cantaban con el alma; pero en los últimos meses, casi sin darse cuenta, ellos la habían perdido.

Desde entonces, puede vérseles rondando los cementerios y los lugares donde hay muerte, porque alguien les dijo que en estos sitios existen muchas almas perdidas sin dueño. La gente los llama «cuervos» ahora, y vagan por el mundo buscando restaurar sus almas, recuperar lo perdido; y su canto es triste y frío, como el color de sus plumas.

En el bosque, los amigos de la hechicera, que eran muchos, no soportando su dolor, se pusieron de acuerdo y comenzaron a trabajar en un nuevo corazón para ella. No tardaron demasiado en terminarlo y, cuando lo sacó de la caja de colores en la que lo habían envuelto, se quedó maravillada de lo bonito y dulce que era. Sin embargo, cuando ya se lo iba a poner dentro del pecho, se dio cuenta de que este corazón tenía una pequeña mácula en una esquinita.

—Esa manchita —le dijo uno de sus amigos— la hemos dejado ahí a propósito, para que jamás olvides esta experiencia. Para que siempre recuerdes que, aquel que te ame de verdad, sabrá que tú eres demasiado especial para entregar tu vida y tu corazón por nadie, y, por tanto, nunca, nunca te pedirá que lo hagas.

Y colorín colorado, mi paranoia loca, se ha terminado.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

 

 

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JACK FROST


Hola, amigos. ¿Cómo va eso?

Aquí la primera entrada del año, un poco tarde, lo sé, pero ya sabéis cómo soy 😛

No, no os voy a dar la paliza con mis propósitos de año nuevo ni os voy a volver a repetir que mi libro sale publicado el 26 de enero (ups, pues ya lo he dicho, no? jajajaja).

En realidad vengo a enseñaros uno de los artículos del número 4 de Ecos de la distancia digital, el especial de navidad. Y es que, con las fiestas, seguro que más de uno se perdió la revista y es una pena, porque hay un montón de cositas interesantes.

Voy a poneros la sección de mitología, que la dedicamos a Jack Frost, a ver si aquellos que no la han leído aún se animan a hacerlo.

Os recuerdo que en este número podéis encontrar un reportaje sobre el libro “Ládrame un cuento” en el que hemos publicado todas las ilustraciones a color.

Y nada más, os dejo con Jack Frost 😉

JACK FROST

ILUSTRACIÓN REBE CHAN

ILUSTRACIÓN REBE CHAN

Os confieso que me ha resultado difícil decidir a qué mito dedicar la sección de mitología de este especial de Navidad. Y es que no me apetecía ponerme pesada con historias y personajes que todos conocemos. Por eso elegí a Jack Escarcha, pues de repente recordé la película “El origen de los guardianes”, que me gustó mucho, y me di cuenta de que en realidad no sabía nada de este ser. ¿Y vosotros? ¡Vamos allá!

Jack Frost, también conocido como el Padre Invierno o Jack Frío, es una figura élfica perteneciente al folclore del norte de Europa, que personifica el frío y el invierno.

Su trabajo consiste en convocar las condiciones típicas del invierno y hacer que nieve; colorear el follaje en otoño; provocar la escarcha que cubre las ventanas o los carámbanos en los tejados y las hojas de los árboles. Se le conoce por hacer travesuras mientras dura este clima, como por ejemplo morder los dedos de los pies y la nariz cuando están frías. Jack Frost se encarga de crear las condiciones climáticas idóneas para que Papá Noel pueda entregar los regalos montado en su trineo.

Existe una versión más moderna que lo señala como un joven huérfano que se perdió en el bosque en invierno. Los duendes y elfos lo salvaron de morir de frío, transformándolo en el duende de la escarcha.

En otras versiones se lo conoce con una naturaleza más oscura: Jack es enemigo del rey del invierno y de Santa Claus. Su meta es convertirse en el señor absoluto del invierno; para ello anda constantemente molestando a los otros dos. También lucha por impedir que se celebre la Navidad, haciendo constantes travesuras.

Se le ha vinculado también al muñeco de nieve, Frosty, e incluso se le ha inventado una hermana, Jenny Frost, igual de traviesa y peligrosa que él, que simboliza la nieve.

El origen de este duende es incierto, pero, en cualquier caso, debemos buscarlo cientos de años atrás. Generalmente se considera que las raíces de Jack Frost están en la mitología nórdica o Vikinga, y que su nombre es una versión anglicanizada de Jokul Frosti. Jokul quiere decir «Carámbano», y Frosti «escarcha». Para muchos éste sería un sobrenombre del moderno Padre Invierno, quen no sería otro que el propio dios Odin, al que se le comenzó a dar este nombre con la llegada del cristianismo.

Para otros, Jack Frost es la versión modernizada del dios Kari, el gigante de escarcha, dios nórdico primario de los vientos.

También encontramos similitudes con el dios Ullr, descrito como un joven con patines para ir sobre el hielo, que desciende sobre las montañas trayendo la nieve y el frío. Era el único de los dioses que salía del Valhalla en invierno.

En Rusia existe una versión muy parecida a Jack Frost, por ello hay quien piensa que quizás su figura descienda en realidad de allí. Su Padre Escarcha o Ded Moroz, descrito en los cuentos rusos como forjador, forja el agua y la encadena a la tierra, formando los carámbanos del invierno, convirtiendo fuentes en flores de hielo, y lagos y ríos en espejos. En algunas partes de Rusia le dan una compañera (hija o esposa), Snegurochka o Señorita Nieve. Juntos controlan el tiempo invernal.

Para los rusos, Ded Moroz es además quien reparte los regalos en Navidad, acompañado de Snegurochka; juntos van en su trineo de tres caballos (uno blanco, otro rojo y otro negro). En algunos cuentos se ha señalado a Jack como un hijo de este Padre Escarcha ruso.

Por otro lado, en Alemania encontramos a la Madre Nieve, Frau Holle, que hace las veces de la señora del invierno; posiblemente un recuerdo de diosas como Friga, diosa de las nubes y esposa de Odin, o la diosa Hell, hija de Loki y señora del infierno, que para los vikingos era un mundo de hielo.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

ELLA, LA GRAN SEÑORA-MARINERO


¡¡¡¡Hola a todos!!!!

Hace mucho tiempo que no publico nada mío y hoy me apetece darme una sesión de vanidad de las mías 😛

Bueno, es mentira, la realidad es que tenía este cuadro precioso de Tere y no sabía con qué texto ponerlo. Entonces he recordado que tenía un relato sobre el mar y me ha parecido una combinación bonita 😀

Así que nada más. Espero que os guste la entrada.

Estefanía J.A.

marinero

“MARINERO” MARÍA TERESA GARCÍA ARENAS

ELLA, LA GRAN SEÑORA.

Perdidos. Aquello era ya una certeza. Las nubes no dejaban ver la luna y sin ella no quedaba esperanza.

Las olas golpeaban la barca con furia y el traqueteo se volvía más violento a medida que el viento soplaba.

Hacía ya demasiado tiempo que habían perdido sus remos y navegaban a la deriva por un mar enfurecido. Ambos hermanos se lanzaban miradas angustiadas mientras la fuerza de la lluvia golpeaba sus rostros aterrados.

El gran Taranis, dios del cielo y el trueno, vociferaba sobre sus cabezas. Parecía burlarse de ellos que habían osado intentar siquiera atrapar uno de los grandes señores del mar.

-¡Estúpidos humanos mortales! -Parecía gritar entre risas malévolas.

Y Morrigan, la muerte y la destrucción, acechaba en cada ola, agitaba sus cabellos congelados en cada golpe de viento.

¿Qué se habían creído? ¿Realmente pensaban que podían atrapar una ballena ellos solos? Aquellas criaturas grandiosas podían ser ángeles benévolos que aplacaban la miseria en los largos inviernos para todos los habitantes del castro, pero también sabían ser demonios gigantes y esquivos en alta mar, allí donde la realidad se confunde demasiado a menudo con las pesadillas.

Había sido difícil dar con ellas, eran astutas esas criaturas monstruosas, pero ellos eran “héroes” y su pueblo pasaba hambre aquel terrible invierno. No tuvieron miedo mientras las perseguían por aquel mar inhóspito en su precaria barca de pesca. Los sueños de grandeza y de reconocimiento avivaban sus jóvenes corazones.

Sin embargo, una vez las hubieron avistado… Eran tres, dos enormes y una cría que les parecía una pequeña montaña allí en aquella inmensidad gris que era la mar en esa época de tormentas.

De repente todos sus sueños cayeron al agua. Las enormes olas los sepultaron. Jamás lograrían cazar una ballena con sus arcos, aquellos animales los barrerían de un solo coletazo, haciéndolos desaparecer por siempre.

El miedo les atenazó entonces y recordaron los consejos del viejo druida: No había que enfurecer a la mar.

Aun así, ellos, imberbes ignorantes, habían desoído sus consejos y se habían hecho a la mar aquella misma mañana, haciendo caso omiso de las amargas lágrimas de desesperación de su pobre madre que ya había visto cómo la gran señora de las aguas devolvía el cadáver sin vida de su esposo en una ocasión. ¿Acaso realmente habían creído ellos que podrían superar a su padre, avezado pescador, bien conocedor de la crudeza de la mar y que aun así le había entregado su vida?

Las ballenas habían huido al descubrir su presencia y ellos no fueron capaces ni siquiera de mover un dedo. Estaban aterrados. Las dejaron marchar, sabían que la culpa los perseguiría siempre, pero… ¿qué podían ellos ante aquellos grandiosos seres?

Y después llegó el castigo a su osadía. Una gran tormenta descargó su furia terrible sobre ellos. Los dioses estaban furiosos por su estupidez y ellos no podían hacer nada por aplacarlos. Morrigan les había arrancado los remos con furia. Ahora, aferrados a la barca, solos en aquella noche eterna y brutal, parecían escuchar sus risas ansiosas, los reclamaba a su lado, pero antes quería divertirse con ellos.

De nada sirvieron sus plegarias ni promesas. ¿Quién escuchaba sus llantos desesperados cuando la pequeña barca volcó arrojando sus cuerpos al agua helada?

Las olas se dieron un festín con sus impotentes lágrimas. El cielo se alzaba amenazador y poderoso, descargando sus truenos sobre ellos. Mas su poder parecía debilitarse para aquellos ojos vidriosos, hinchados e irritados por la sal.

De repente todo sonido desapareció de sus oídos y la percepción que tenían de la realidad se emborronó, sus cerebros embotados por la presión del agua.

Sus cuerpos se hundieron bajo la espuma, y ellos casi esperaron con dulzura la muerte, pues ella significaba el fin del miedo y el sufrimiento.

Sin embargo, mientras sus cuerpos se perdían en la negrura de las profundidades, ajenos ya casi a todo lo que suponía vida, una luz brillante penetró la pesadez de sus párpados heridos.

Ambos hermanos pudieron verla mientras aquel destello fue en aumento cuando se acercaba a ellos. Una figura flotaba en medio de la luz, hermosa y perfecta. Una criatura del mar, como tan solo en los cuentos podría encontrarse.

Su pelo largo se confundía con las algas que teñían el mar de verde, su cuerpo era sedoso como la espuma de mar que cubría su perfecta desnudez.

Se acercó a los hermanos que la veían con total claridad, como si sus ojos no estuvieran castigados por el salitre. Pudieron oler su perfume, como si sus narices no fueran fuego a causa de la sal. Ella los miró y sus ojos eran dos estrellas plateadas, dos lunas líquidas en pozos enormes y profundos en los que ambos se perdieron irremediablemente.

Cuando la criatura despegó los labios, sus paladares percibieron sabor a miel, su aliento despedía el perfume del brezo fresco. Ambos se sintieron perdidos para siempre en aquella dulzura.

De repente sintieron que nada había allí arriba para ellos. Sus vidas siempre habían pertenecido al fondo del mar. Si aquello era la muerte, para nada querían la vida. Si la vida suponía no volver a verla, no querían volver a sentir el aire en sus pulmones.

Ambos abrieron la boca, como guiados por un hechizo al que no querían escapar, boquearon frenéticos, queriendo llenar sus pulmones de la mortal agua del mar que les daría la vida eterna junto a aquella criatura que era más que cualquier deseo, ella era todos los sueños que jamás hubieran tenido.

Entonces la hermosa mujer sacudió la cabeza con una sonrisa que irradiaba magia. Acarició sus rostros y con aquel gesto les negó la entrada del agua a sus pulmones. Volvió a negar con su cabeza y su pelo flotó alrededor de ellos arropándolos con su seda.

En ese momento sintieron, más que escucharon, aquella voz que era música:

-“No necesito dos” -Y estampó un beso dulce y sensual en los cortados labios del hermano mayor.

Las olas lo golpeaban despiadadamente, la sal le hería la piel agrietada y herida. La arena y las conchas se clavaban en su espalda. Sentía que un fuego ardía implacable en sus pulmones mientras el boqueaba tratando de atrapar todo el aire. Tenía una sed terrible y era incapaz de abrir los ojos.

“¿Dónde estoy pensó?” Y algo en el susurro del mar le hizo recordar la dulzura de aquel beso que le había devuelto el aire y lo había arrastrado de regreso a la vida. ¡La vida! ¡Oh, no quería la vida cuando aún podía saborear aquellos labios!

-¿Dónde estás? ¿Por qué me alejas de ti? ¿Por qué no me quieres? -Sus gritos apenas eran ladridos roncos e ininteligibles-. ¿Dónde estás?

-¡Aquí! ¡Oh, mi pequeño, mi dulce pequeño! Aquí, estoy aquí -era la voz angustiada de su madre la que escuchaba, la voz de ella se había esfumado por siempre-. ¡Has vuelto conmigo, mi niño! La mar te ha devuelto a mí pues sabía que sin mis dos hijos yo moriría. ¡Gracias mi señora, gracias!

La mar jamás devolvió el cuerpo del hermano menor y su pobre madre lloró su muerte resignada y agradecida de que la gran señora le hubiera devuelto al menos a uno de sus hijos.

Y él regresó a la vida… Pero ya no la sintió así. El mundo se había vuelto oscuro, nada brillaba como ella. La luna se volvió gris, nada iluminaba igual que sus ojos. Las flores perdieron su perfume y nada endulzaba ya su paladar. Todo había acabado para él.

Tan sólo en las noches, cuando desesperado acudía a la orilla del mar a lanzar sus súplicas al firmamento, lograba captar el eco de su voz en el sonido de las olas al arrastrarse por la arena. Y era entonces más que nunca cuando se preguntaba: ¿por qué no me elegiste a mí?

ESTEFANÍA J.A.

Santa Ana y Virgen Niña.Patrona de Torredelcampo,Jaén.


belenjimenezdibujosypinturas

Con motivo de la proximidad de la romería de mi pueblo o fiesta Santa Ana,como se le ha dicho siempre,he dibujado a nuestra patrona.La romería de Santa Ana,se celebra el primer domingo de mayo que es también el día de la madre.

Lo he querido hacer a un tamaño más grande.

Es pastel sobre Canson y tengo que decir que me ha costado muchísimo,tanto que casi ya estaba harta de dibujo,menos mal que cuando se termina y ves que ha quedado bien te sientes genial,es muy gratificante.

Espero que os guste a todos y sobre todo a mis paisanos torrecampeños.

Imagen

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AMAPOLAS – AMOR DE PRIMAVERA


Hola a todos. Ya sé que últimamente no publico con la frecuencia de antes, ni todo lo que me gustaría, y sí, sé que a algunos de los que confiáis en Ecos, os tengo un poco abandonados; pero no os olvido. Procuro contestar a todos los emails, y, de verdad que todos tendréis un hueco en mi casita 🙂

Os pido perdón por los retrasos con las publicaciones, pero es que ando embarcada escribiendo un nuevo libro y, qué os voy a decir, me he enganchado de tal manera que lo he convertido en casi una obsesión. Y esa es una ocasión que no quiero dejar escapar. La inspiración viene y va muy a la ligera, así que, cuando está aquí, hay que cogerla por los pelos, como a la ocasión, hasta dejarla calva.

Por fortuna, hoy traigo una entrada de las que me gustan, bien completita. Y es que nuestra Tere me envió unos cuadros preciosos y he estado buscando alguna cosa interesante para ellos. En concreto éste, ¿no os habla de primavera? Por eso he tratado de encontrar algo sobre esta estación que no os hubiera contado ya y he encontrado esta leyenda preciosa en una web de viajes. He tratado de corregirla un poco, pero he sido fiel a la original (no se nos vaya a enfadar nadie). La web es muy interesante y tiene muchas más leyendas, así que os dejo un enlace para que le echéis un ojo 

VIAJE UNIVERSAL

Y nada más, aquí os dejo esta leyenda ilustrada por el precioso cuadro de Tere, espero que os guste.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

"AMAPOLAS"-Mª Teresa García Arenas.

“AMAPOLAS”-Mª Teresa García Arenas.

AMOR DE PRIMAVERA (LEYENDA VIETNAMITA)

 

Hace mucho tiempo, vivía en un país muy lejano un joven tejedor, famoso por su destreza con los hilos y su buen corazón. Una mañana, un ave se enredó en su telar y se rompió un ala. El joven sintió lástima del animal y lo cuidó con mimo, hasta que se restableció. Los dos se hicieron muy amigos, y, cuando se recuperó, el pájaro decidió permanecer junto al joven. Ambos se querían tanto, que aprendieron a comunicarse entre ellos.

Cuando los padres del chico murieron, solo le quedó la compañía del animal y el consuelo del hermoso árbol que había plantado su madre para él antes de fallecer.

Un día, el pájaro trajo noticias.

-“No muy lejos de aquí, vive una muchacha hermosísima. Es una hábil bordadora, y ha dicho que se casará con el hombre que pueda tejer diez metros de seda sin costuras y que tiña el hilo de rosca en un color rosa que no decolore jamás .”

El chico sintió curiosidad y fue a ver a la muchacha. Nada más verla se enamoró de ella y se propuso cumplir sus deseos.

Eligió sus mejores hilos de seda y comenzó a trabajar. No tuvo ningún problema en tejer diez metros de seda sin costuras, pero no tenía ni idea de cómo obtener un tinte rosa que jamás se decolorara.

Por fortuna, el pájaro, que conocía bien los parajes naturales de su alrededor y sabía de un hada que vivía en las montañas y que podría ayudar al chico.

Sorprendida por la amistad del ave y el joven, y conmovida por la historia de amor, decidió ayudarlo.

– “Todos los colores palidecen con el tiempo- dijo el hada-. Sin embargo, los tejidos tintados con sangre, nunca pierden su color. Por ello, debes pincharte los dedos y recoger la sangre, después úsala para teñir la seda. “

El joven siguió las instrucciones del hada y, cuando se sentía debilitado por la pérdida de sangre, el pájaro le ayudaba, trayéndole alimentos y hierbas medicinales para curar sus heridas.

Así fue como tras diez días de sufrimientos, los hilos de rosca estuvieron teñidos con un hermoso tono rosa y envueltos en un bonito paño.

Orgullosos de su trabajo, el joven y el pájaro fueron a ver a la muchacha. Había una gran cola de pretendientes ricos y orgullosos, que pretendían también mostrar sus ofrendas.

La muchacha recogió los paños de seda y los hilos de rosca. Entonces tomó un pequeño espejo y una aguja, que había heredado de su padre; sostuvo el espejo cerca de la tela y, en la imagen del espejo, vio las costuras de los paños y enhebrando un hilillo rosado en su aguja, vio que el color era pálido. La muchacha repitió estas pruebas con todos los trabajos de los pretendientes, hasta que llego al paño tejido por el joven.

Mirando en su espejo, vio que la seda brillaba como la superficie de un lago. Y cuando, examinó con su aguja el hilo del tejido, brilló intensamente en un color rosa profundo. Era tan bonito que la muchacha, que había puesto esa prueba imposible como medio de espantar a sus pretendientes, quedó conmovida por el esfuerzo del joven tejedor, y quedó prendada de él. Gustosa, aceptó casarse.

Se decía que el rey del lugar era un viejo amargado y cruel, que temía tanto al fuego, que hacía años que no salía de su palacio, por miedo a tener un encuentro con este terrible elemento.

Uno de estos pretendientes, despechado por la negativa e la muchacha, fue a ver al soberano y expuso su queja. Éste, que pesar de su avanzada edad gustaba disfrutar de las jóvenes hermosas, al escuchar la historia de la bella tejedora, que fuese conducida a su presencia.

Un día, la joven se hizo una camisa con la seda que su esposo le había traído y la bordó con unas primorosas flores, de cinco pétalos cada una, para conmemorar el sacrificio que su amado había hecho por ella, al pinchar sus cinco dedos para teñir el hilo con su sangre. La camisa era tan hermosa que la gente venia para admirarla.

Una mañana, acababa de ponérsela cuando aparecieron los soldados del rey, apresaron al tejedor y se llevaron a la muchacha por la fuerza, el pájaro intentó ayudarles, pero fue herido de muerte por un soldado.

En el viaje hacia el palacio del rey, la muchacha, desesperada, rasgó las flores bordadas de su camisa y las lanzó al viento, mientras imploraba una petición:

– “Por favor lleva estas flores a mi amor, para que jamás me olvide”.

El viento cumplió su súplica llevando las flores bordadas hasta donde estaba su esposo. Cuando por fin dejaron libre al tejedor y éste regresó a su casa, se sorprendió al ver el árbol que su madre había plantado cubierto de flores rosas. En seguida supo que era el presente de su esposa y se deshizo en llanto.

La muchacha no soportó su destino y, antes de llegar siquiera al palacio, se quitó la vida, ahorcándose con su preciada camisa de seda. Al enterarse, el rey se encolerizó tanto que ordenó a sus hombres volver encarcelar al tejedor.

Junto al floreciente árbol, el tejedor escuchó un susurro en el viento:

-“Amor mío, debo ocultar las flores antes de que los soldados del rey las destruyan, tienes que marcharte, huye lejos de aquí”.

Entonces,  un fuerte viento sopló y cambio el color de las flores, que se marchitaron una por una.

El chico no quería alejarse de su casa, pues aún tenía esperanzas de que su amada regresara, así que decidió visitar al hada de la montaña.

-“Si quieres ver a tu esposa, debes matar al malvado rey pero para tener éxito necesitarás la ayuda del pequeño pajarillo”-le dijo ella.

-“Desgraciadamente, mi amigo el pájaro está muerto”- se lamentó el tejedor.

-“Debes enterrar el cuerpo del ave bajo el árbol que tu madre plantó. Al llegar la primavera, el pájaro volverá a la vida, como lo hace la tierra”.

El tejedor siguió sus instrucciones y, a la primavera siguiente, unos pequeños brotes rosados aparecieron en el árbol. Días más tarde, el pájaro apareció.

En compañía del pájaro y lleno de esperanza, el tejedor partió a la ciudad, dispuesto a hacer algo para vengar las injusticias que se habían cobrado con él y su esposa. Se disfrazó como un vendedor de carbón y tomó un ramillete de su preciado árbol, cuajado de las hermosas flores que habían brotado gracias a la petición que su amada había hecho al viento. Escondido en el ramillete, había un pedazo de carbón encendido.

Cuando llego a la corte, se acercó a un guardia y solicitó permiso para presentar al rey las flores. El rey ordenó al extranjero que se acercase y se agachó para admirar la belleza del ramillete. Cuando el monarca se agachó y sopló su aliento sobre el carbón, éste se encendió, prendiendo rápidamente la rama, las flores y alcanzando la barba y el traje del rey.  Las llamas se extendieron rápidamente, mientras éste gritaba aterrado, pero nadie pudo parar el poder del fuego y el cruel anciano murió abrasado.

Después de aquello, anunciaron al joven el cruel destino que había sufrido su esposa. Alguien había recogido la preciada camisa de flores y se la entregó a él, como una ofrenda, para que siempre la tuviera en su memoria.

Muy apenado, regresó a su hogar y, haciendo un homenaje póstumo a su amada, enterró la camisa de seda, que era lo único que le quedaba de ella, a los pies del árbol de su madre. Cuando despertó a la mañana siguiente comprobó que la prenda estaba cuajada de flores rosadas.

El hada había dado instrucciones al pajarillo de que condujera al joven al bosque, allí, en el hueco de un tronco, encontró el cadáver de su esposa. Como le había dicho la criatura mágica, envolvió el tronco con la camisa de seda. De repente la madera se rompió en millares de astillas y la joven apareció viva.

Los tres regresaron a casa, felices e inmensamente agradecidos al hada que tanto había hecho por ellos.

Desde ese momento, a esas flores de color rosa, se las conoce como flores de melocotón,  y se convirtieron en un símbolo de la dedicación y del amor.

Cada primavera, cuando la tierra renace, aparecen estas hermosas flores, y con ellas para conmemorar el nacimiento y la fuerza del amor.

 

Caballo


Un nuevo trabajo de mi hermana, que está que se sale. Precioso, desde luego.

belenjimenezdibujosypinturas

Hola a tod@s de nuevo.Recién terminado mi último trabajo,aquí os lo dejo.

Es pastel Rembrandt sobre papel Canson.

Ultimando los preparativos para la exposición del dia 18 de mayo en Martos. Os espero por allí.

Voy a estar trabajando en el stand para que todos puedan ver mi forma de trabajar.

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LEYENDA DEL RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA


RELOJ ASTRONÓMICO

“RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA” – BELÉN JIMÉNEZ

Situado en la casa del ayuntamiento dela CiudadViejaen Praga encontramos este esplendido reloj astronómico que da la hora desde hace más de seiscientos años.

Fue construido por el relojero Nicolás de Kadan y por el profesor de matemáticas y astronomía Jan Sindel, y su parte más antigua, el cuadrante astronómico, data de 1410.

A partir del año 1552, el reloj se paró varias veces y tuvo que ser reparado en diversas ocasiones. La reparación de 1552 fue realizada por Jan Táborsky, que escribió un informe en el que se nombra por primera vez al maestro relojero Hanus, al que se le atribuyó el diseño del reloj. A pesar de que se demostró que esto era falso, la leyenda que se construyó en torno a su persona aún circula por ahí, entre los murmullos de los cientos de turistas que se agolpan ante el reloj para admirar su maravillosa construcción y la increíble animación de sus figuras.

No os voy a dar aquí una descripción exhaustiva de esta maravilla, aunque os recomiendo de verdad que le echéis un vistazo a alguna de las cientos de páginas que hablan sobre el tema porque es realmente interesante. Lo que yo deseo es contaros esa leyenda que se forjó con los años en torno a la construcción de este maravilloso reloj.

La construcción inicial del reloj de 1410 era bastante simple, pero a finales del siglo XV, el maestro Hanus arregló y perfeccionó su mecanismo convirtiéndolo en una magistral obra de arte, única enla Europade la época.

Los consejeros dela CiudadViejaestaban muy orgullosos de su reloj astronómico, pero comenzaron a llegar rumores de que el maestro relojero, dado su gran éxito con el reloj de Praga, había recibido numerosas ofertas de muchas ciudades. Se decía que el relojero pasaba las noches enteras trabajando, haciendo cuentas, diseñando…

Todos habían llegado a la misma conclusión: el maestro Hanus había aceptado alguna de aquellas ofertas y estaba diseñando un nuevo reloj astronómico, probablemente más grandioso, para alguna otra ciudad.

Aquello fue un duro golpe para los vanidosos consejeros que deseaban toda la gloria parala CiudadVieja, así que se pasaban las horas maquinando cómo hacer para que el maestro no volviera jamás a construir un reloj como el suyo. Finalmente, a uno de los consejeros, un hombre frío y cruel, se le ocurrió la terrible solución para conservar la exclusividad de su excepcional reloj astronómico.

Una noche, el maestro relojero se encontraba solo en su casa, trabajando en su estudio a la luz de las velas, enfrascado como de costumbre en sus diseños y cálculos. De repente lo sobresaltaron unos fuertes golpes en la puerta. En un principio se quedó helado, pero entonces se escuchó una voz apremiante que lo instaba a abrir.

El maestro, preocupado y temiendo por la suerte de su ayudante al que consideraba como un hijo, corrió hacia la puerta y apartó el pesado travesaño. Se encontró entonces con tres hombres corpulentos y amenazadores. Hanus intentó cerrar la puerta a toda prisa, pero era anciano y uno de los hombres interpuso su pie a tiempo de impedirlo. Lo empujaron hacia el interior, agarrándolo con fuerza y sin miramientos. Los asaltantes lo amordazaron y entre dos lo sostuvieron mientras el tercero blandía su afilada navaja y la acercaba a la llama del hogar. El maestro observó horrorizado cómo la hoja se tornaba roja ante el fuego. Se debatió asustado e intentó gritar, pero, al final, el terror lo venció y se desvaneció. Se despertó al cabo de unas horas aquejado de un insufrible dolor. Estaba en su propia cama y escuchaba el eco de las voces familiares y preocupadas de su ayudante y su ama de llaves. Lloraban y proferían exclamaciones de rabia e indignación mientras se afanaban a su alrededor. Sin embargo, Hanus no lograba verlos. Ante sus ojos solo había oscuridad. Aquellos animales lo habían cegado para siempre.

El maestro pasó mucho tiempo muy enfermo, con graves fiebres, luchando entre la vida y la muerte, y con escasos deseos de luchar por salvarse, dado que una vida de tinieblas se le antojaba el peor de los tormentos para él, que todo le debía a sus ojos.

Sin embargo, el cuerpo humano es impredecible y, contra todo pronóstico, después de un largo padecimiento, el maestro logró recobrarse un poco, aunque sus ojos siguieron cegados.

El anciano pasaba los días pensando en quién podría haber sido el autor de tamaña atrocidad, inmerso en su tragedia, enfermo de amargura y tristeza. Un día, su ayudante regresó de sus tareas de mantenimiento del reloj y le contó muy airado una conversación que había escuchado entre dos de los consejeros de la ciudad. Creyendo que nadie los escuchaba, comentaban con ligereza que lo que habían hecho era lo más correcto, pues de esa manera, el maestro Hanus nunca volvería a crear un reloj más grandioso que el suyo.

Así fue como el maestro se enteró de esta traición. Un gran deseo de venganza comenzó a forjarse en su piadoso corazón y desde ese momento empezó a planear cómo desquitarse con aquellos que habían causado su desgracia.

Una mañana, pidió a su ayudante que lo acompañara hasta el ayuntamiento porque deseaba acariciar las piezas de su amada máquina, escuchar su sonido. El chico se sintió feliz por ello, pues desde el ataque, su maestro no había salido a la calle ni había mostrado interés por nada. Cuando estuvieron frente a la maquinaria del gran reloj, el anciano acarició con amor cada familiar pieza, se deleitó con la música de su funcionamiento, el rodar de sus engranajes. Lloró amargamente por no poder disfrutar de su visión, por no poder volver a trabajar en lo que él tanto amaba. Aspiró hondo y se armó de valor, Visualizó en su cabeza el mecanismo. Lo conocía tan bien que era capaz de ver cada pequeño detalle aun con sus ojos cegados. Entonces, tras unos instantes de meditación, extendió su mano y, antes de que su ayudante pudiera detenerlo, la introdujo en un punto concreto de tan preciada maquinaria. Con la escasa fuerza que su enfermedad le había dejado, el maestro tiró de una de las numerosas palancas hasta que ésta se rompió. La máquina comenzó a gemir y a lanzar alarmantes chirridos que traspasaron el silencio y pudieron escucharse en toda la Staromestské námestí, la plaza dela Ciudad Vieja.

El reloj comenzó a hacer movimientos extraños hasta que finalmente se detuvo, su maquinaria había dejado de funcionar. Justo en ese momento, Hanus, el más grande relojero que había dado la historia, cayó al suelo muerto: su corazón se había detenido en el mismo momento que lo hizo su amado reloj astronómico.

El reloj sufrió una grave avería y nadie fue capaz de dar con la solución. Tratando de hallar la manera de repararlo, rebuscaron entre los apuntes y trabajos que el maestro guardaba en su estudio. De ese modo pudieron averiguar al fin en qué estaba éste trabajando en el momento en el que fue atacado por aquellos hombres enviados por los consejeros. Todos se quedaron horrorizados por la atrocidad de lo que habían hecho pues descubrieron que Hanus se afanaba por introducir mejoras en su preciado reloj, ya que deseaba convertirlo en una pieza aún más grandiosa, para que todo el mundo la admirase durante muchísimos años. Sin embargo, por más que buscaron, nadie encontró el remedio para la avería del reloj, pues esa información solo existía en la cabeza del gran maestro.

El reloj astronómico de Praga, una de las obras más grandiosas de la historia, permaneció largos años si volver a funcionar y sin poder deleitar a todo aquel que se acercaba a la casa del ayuntamiento dela CiudadVieja.

Otra versión de la leyenda nos dice que fue el ayudante el que vengó a su maestro introduciendo el brazo dentro del mecanismo del reloj. Los engranajes amputaron la mano y el reloj quedó atascado e inutilizado durante muchos años.

 ADAPTADA POR ESTEFANÍA JIMÉNEZ