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EL GOLEM (EL DEL FOLCLORE Y EL DE “SCHERZO”).


¡¡Hola!!!

Comienza la cuenta atrás para la publicación de la última parte de la saga Scherzo, Finale Appassionato, y he pensado que estaría bien ponernos un poco en situación, siguiendo la línea de Ecos de la Distancia 😉

Ya sabéis que estos libros tienen un fuerte componente paranormal inspirado en la mitología hebrea, pero también hay mucho de leyendas de Praga e Irlanda en la trilogía; así que, ¿qué os parece si os cuento algunas de esas leyendas y mitos que salen en los libros? Pero además, os iré recordando partes de la saga en las que aparecen estas historias o personajes, y así vamos refrescando la memoria, ¿os parece bien?

Advierto de que estos mini resúmenes tal vez contengan algún spoiler, aunque procuraré que no sea nada muy devastador 😛

Comenzamos con la más famosa, la leyenda del golem. Este personaje salía en Scherzo. Cuando el rabino y líder de los cazadores, Absalom, perdió la razón y decidió crear un defensor de barro para proteger a su pueblo de las amenazas, como la que Václav Novotný portaba dentro de él, así como la de los dos niños néphilim que habían salido a la luz: Jules y Danica.

El problema fue que Absalom fue en verdad engañado por el astuto Belial, el cual se hizo pasar por Dios en sus sueños y le entregó su nombre para que el rabino lo introdujera en la boca del monstruo. El resultado: una enormidad de barro con una fuerza descomunal, pero desequilibrado mentalmente. Gracias a Aileen y su particular don para “encandilar” hasta a las bestias, el equipo pudo librarse de este mal de una manera un tanto dramática.

¡Y ahora, vayamos con la leyenda clásica del golem!

Un golem es, en el folclore medieval y la mitología judía, un ser animado fabricado a partir de materia inanimada (normalmente barro, arcilla o un material similar).

La leyenda más famosa sobre esta criatura involucra a un personaje que existió en la realidad y que también aparece mencionado en Scherzo: el rabino Judah Loew ben Bezalel, conocido como el Maharal de Praga, personaje notorio del siglo XVI.

Loew había defendido muchas veces la Ciudad Judía, pero sabía que no podría vivir para siempre y no quería dejar a su pueblo desprotegido de los ataques antisemitas y las amenazas del mal. De ese modo, siguiendo antiguos volúmenes hebreos, comenzó a crear, junto a dos estudiantes, una figura gigantesca con barro extraído de las orillas del Moldava. Le pidió a uno de sus ayudantes que diera siete vueltas alrededor del coloso de barro para imbuirle del poder del fuego, y al otro ayudante le ordenó que hiciera lo mismo para otorgarle el poder del agua. Por último, él hizo lo mismo, pronunciando las fórmulas adecuadas y, tras la última vuelta, le introdujo un pergamino en la boca con el verdadero nombre de Dios escrito en él.

El golem se levantó y en todo se parecía a un hombre gigantesco, salvo que no podía hablar. A partir de ese día, la criatura se convirtió en obediente sirviente de Loew y en fiero guardián de la Ciudad Judía.

El golem no tenía maldad, pero en ocasiones le costaba controlar su fuerza y esto daba lugar a situaciones comprometidas.

Todos los viernes por la noche, antes de acostarse, el rabino sacaba el pergamino de su boca para que la criatura también descansara el sábado, no rompiera el equilibrio sagrado y su fuerza no quedara sin control.

Pero un día, la hija pequeña de Loew enfermó y él, demasiado preocupado por ello, salió a la sinagoga a rezar y olvidó sacar el pergamino de la boca del golem. Cuando pasaron las horas, la criatura comenzó a alterarse hasta que acabó enloqueciendo y destruyendo todo lo que se encontraba.

Cuando el rabino lo vio, le ordenó que se detuviera y el golem lo hizo, pero Loew sabía que había puesto en grave peligro a los suyos, así que, con la ayuda de los mismos estudiantes, llevó al golem a la terraza de la sinagoga Vieja-Nueva y le ordenó a la criatura que se acostara y cerrara los ojos. Los tres se situaron tras su cabeza y recitaron los salmos al revés hasta que la respiración del golem se detuvo. Entonces Loew sacó el pergamino de su boca y la criatura comenzó a resquebrajarse hasta quedar reducido a polvo. Lo taparon con lienzos y allí siguen todavía sus restos. 

Cuenta la leyenda que han sido muchos los que han intentado revivir al golem, pero ninguno ha obtenido el resultado previsto y algunos han llegado incluso a morir. Esa magia hebrea solo estaba reservada a los muy cercanos a Dios, como el rabino Loew.

Otras versiones dicen que Loew escribió la palabra Emet (verdad) en su frente y que para destruirlo borró la primera letra, convirtiendo la palabra en Met (muerte). Para mi propia versión del golem, me valí de ambas fórmulas y fue Aileen la que logró borrar la letra y liberar a sus amigos, con ayuda del talento musical de Václav; al menos, hasta que llegó una amenaza mucho, muchísimo peor y se ensañó con el músico. 😉 ¡Pobre Václav, cuánto le queda por pasar aún! 😛

 

Y hasta aquí la entrada de hoy, espero que os haya gustado. Si queréis leer una bonita versión de esta leyenda os recomiendo la de este libro, que además tiene unas ilustraciones preciosas.

“77 Leyendas de Praga”, Alena Jezková, ed. PRÁH

Como siempre digo, si os ha gustado esta entrada, tal vez haya despertado vuestra curiosidad acerca de mis libros 😉 Podéis encontrar toda la información sobre ellos aquí:

LIBROS PUBLICADOS Y DÓNDE CONSEGUIRLOS

JACK FROST


Hola, amigos. ¿Cómo va eso?

Aquí la primera entrada del año, un poco tarde, lo sé, pero ya sabéis cómo soy 😛

No, no os voy a dar la paliza con mis propósitos de año nuevo ni os voy a volver a repetir que mi libro sale publicado el 26 de enero (ups, pues ya lo he dicho, no? jajajaja).

En realidad vengo a enseñaros uno de los artículos del número 4 de Ecos de la distancia digital, el especial de navidad. Y es que, con las fiestas, seguro que más de uno se perdió la revista y es una pena, porque hay un montón de cositas interesantes.

Voy a poneros la sección de mitología, que la dedicamos a Jack Frost, a ver si aquellos que no la han leído aún se animan a hacerlo.

Os recuerdo que en este número podéis encontrar un reportaje sobre el libro “Ládrame un cuento” en el que hemos publicado todas las ilustraciones a color.

Y nada más, os dejo con Jack Frost 😉

JACK FROST

ILUSTRACIÓN REBE CHAN

ILUSTRACIÓN REBE CHAN

Os confieso que me ha resultado difícil decidir a qué mito dedicar la sección de mitología de este especial de Navidad. Y es que no me apetecía ponerme pesada con historias y personajes que todos conocemos. Por eso elegí a Jack Escarcha, pues de repente recordé la película “El origen de los guardianes”, que me gustó mucho, y me di cuenta de que en realidad no sabía nada de este ser. ¿Y vosotros? ¡Vamos allá!

Jack Frost, también conocido como el Padre Invierno o Jack Frío, es una figura élfica perteneciente al folclore del norte de Europa, que personifica el frío y el invierno.

Su trabajo consiste en convocar las condiciones típicas del invierno y hacer que nieve; colorear el follaje en otoño; provocar la escarcha que cubre las ventanas o los carámbanos en los tejados y las hojas de los árboles. Se le conoce por hacer travesuras mientras dura este clima, como por ejemplo morder los dedos de los pies y la nariz cuando están frías. Jack Frost se encarga de crear las condiciones climáticas idóneas para que Papá Noel pueda entregar los regalos montado en su trineo.

Existe una versión más moderna que lo señala como un joven huérfano que se perdió en el bosque en invierno. Los duendes y elfos lo salvaron de morir de frío, transformándolo en el duende de la escarcha.

En otras versiones se lo conoce con una naturaleza más oscura: Jack es enemigo del rey del invierno y de Santa Claus. Su meta es convertirse en el señor absoluto del invierno; para ello anda constantemente molestando a los otros dos. También lucha por impedir que se celebre la Navidad, haciendo constantes travesuras.

Se le ha vinculado también al muñeco de nieve, Frosty, e incluso se le ha inventado una hermana, Jenny Frost, igual de traviesa y peligrosa que él, que simboliza la nieve.

El origen de este duende es incierto, pero, en cualquier caso, debemos buscarlo cientos de años atrás. Generalmente se considera que las raíces de Jack Frost están en la mitología nórdica o Vikinga, y que su nombre es una versión anglicanizada de Jokul Frosti. Jokul quiere decir «Carámbano», y Frosti «escarcha». Para muchos éste sería un sobrenombre del moderno Padre Invierno, quen no sería otro que el propio dios Odin, al que se le comenzó a dar este nombre con la llegada del cristianismo.

Para otros, Jack Frost es la versión modernizada del dios Kari, el gigante de escarcha, dios nórdico primario de los vientos.

También encontramos similitudes con el dios Ullr, descrito como un joven con patines para ir sobre el hielo, que desciende sobre las montañas trayendo la nieve y el frío. Era el único de los dioses que salía del Valhalla en invierno.

En Rusia existe una versión muy parecida a Jack Frost, por ello hay quien piensa que quizás su figura descienda en realidad de allí. Su Padre Escarcha o Ded Moroz, descrito en los cuentos rusos como forjador, forja el agua y la encadena a la tierra, formando los carámbanos del invierno, convirtiendo fuentes en flores de hielo, y lagos y ríos en espejos. En algunas partes de Rusia le dan una compañera (hija o esposa), Snegurochka o Señorita Nieve. Juntos controlan el tiempo invernal.

Para los rusos, Ded Moroz es además quien reparte los regalos en Navidad, acompañado de Snegurochka; juntos van en su trineo de tres caballos (uno blanco, otro rojo y otro negro). En algunos cuentos se ha señalado a Jack como un hijo de este Padre Escarcha ruso.

Por otro lado, en Alemania encontramos a la Madre Nieve, Frau Holle, que hace las veces de la señora del invierno; posiblemente un recuerdo de diosas como Friga, diosa de las nubes y esposa de Odin, o la diosa Hell, hija de Loki y señora del infierno, que para los vikingos era un mundo de hielo.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

AMAPOLAS – AMOR DE PRIMAVERA


Hola a todos. Ya sé que últimamente no publico con la frecuencia de antes, ni todo lo que me gustaría, y sí, sé que a algunos de los que confiáis en Ecos, os tengo un poco abandonados; pero no os olvido. Procuro contestar a todos los emails, y, de verdad que todos tendréis un hueco en mi casita 🙂

Os pido perdón por los retrasos con las publicaciones, pero es que ando embarcada escribiendo un nuevo libro y, qué os voy a decir, me he enganchado de tal manera que lo he convertido en casi una obsesión. Y esa es una ocasión que no quiero dejar escapar. La inspiración viene y va muy a la ligera, así que, cuando está aquí, hay que cogerla por los pelos, como a la ocasión, hasta dejarla calva.

Por fortuna, hoy traigo una entrada de las que me gustan, bien completita. Y es que nuestra Tere me envió unos cuadros preciosos y he estado buscando alguna cosa interesante para ellos. En concreto éste, ¿no os habla de primavera? Por eso he tratado de encontrar algo sobre esta estación que no os hubiera contado ya y he encontrado esta leyenda preciosa en una web de viajes. He tratado de corregirla un poco, pero he sido fiel a la original (no se nos vaya a enfadar nadie). La web es muy interesante y tiene muchas más leyendas, así que os dejo un enlace para que le echéis un ojo 

VIAJE UNIVERSAL

Y nada más, aquí os dejo esta leyenda ilustrada por el precioso cuadro de Tere, espero que os guste.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

"AMAPOLAS"-Mª Teresa García Arenas.

“AMAPOLAS”-Mª Teresa García Arenas.

AMOR DE PRIMAVERA (LEYENDA VIETNAMITA)

 

Hace mucho tiempo, vivía en un país muy lejano un joven tejedor, famoso por su destreza con los hilos y su buen corazón. Una mañana, un ave se enredó en su telar y se rompió un ala. El joven sintió lástima del animal y lo cuidó con mimo, hasta que se restableció. Los dos se hicieron muy amigos, y, cuando se recuperó, el pájaro decidió permanecer junto al joven. Ambos se querían tanto, que aprendieron a comunicarse entre ellos.

Cuando los padres del chico murieron, solo le quedó la compañía del animal y el consuelo del hermoso árbol que había plantado su madre para él antes de fallecer.

Un día, el pájaro trajo noticias.

-“No muy lejos de aquí, vive una muchacha hermosísima. Es una hábil bordadora, y ha dicho que se casará con el hombre que pueda tejer diez metros de seda sin costuras y que tiña el hilo de rosca en un color rosa que no decolore jamás .”

El chico sintió curiosidad y fue a ver a la muchacha. Nada más verla se enamoró de ella y se propuso cumplir sus deseos.

Eligió sus mejores hilos de seda y comenzó a trabajar. No tuvo ningún problema en tejer diez metros de seda sin costuras, pero no tenía ni idea de cómo obtener un tinte rosa que jamás se decolorara.

Por fortuna, el pájaro, que conocía bien los parajes naturales de su alrededor y sabía de un hada que vivía en las montañas y que podría ayudar al chico.

Sorprendida por la amistad del ave y el joven, y conmovida por la historia de amor, decidió ayudarlo.

– “Todos los colores palidecen con el tiempo- dijo el hada-. Sin embargo, los tejidos tintados con sangre, nunca pierden su color. Por ello, debes pincharte los dedos y recoger la sangre, después úsala para teñir la seda. “

El joven siguió las instrucciones del hada y, cuando se sentía debilitado por la pérdida de sangre, el pájaro le ayudaba, trayéndole alimentos y hierbas medicinales para curar sus heridas.

Así fue como tras diez días de sufrimientos, los hilos de rosca estuvieron teñidos con un hermoso tono rosa y envueltos en un bonito paño.

Orgullosos de su trabajo, el joven y el pájaro fueron a ver a la muchacha. Había una gran cola de pretendientes ricos y orgullosos, que pretendían también mostrar sus ofrendas.

La muchacha recogió los paños de seda y los hilos de rosca. Entonces tomó un pequeño espejo y una aguja, que había heredado de su padre; sostuvo el espejo cerca de la tela y, en la imagen del espejo, vio las costuras de los paños y enhebrando un hilillo rosado en su aguja, vio que el color era pálido. La muchacha repitió estas pruebas con todos los trabajos de los pretendientes, hasta que llego al paño tejido por el joven.

Mirando en su espejo, vio que la seda brillaba como la superficie de un lago. Y cuando, examinó con su aguja el hilo del tejido, brilló intensamente en un color rosa profundo. Era tan bonito que la muchacha, que había puesto esa prueba imposible como medio de espantar a sus pretendientes, quedó conmovida por el esfuerzo del joven tejedor, y quedó prendada de él. Gustosa, aceptó casarse.

Se decía que el rey del lugar era un viejo amargado y cruel, que temía tanto al fuego, que hacía años que no salía de su palacio, por miedo a tener un encuentro con este terrible elemento.

Uno de estos pretendientes, despechado por la negativa e la muchacha, fue a ver al soberano y expuso su queja. Éste, que pesar de su avanzada edad gustaba disfrutar de las jóvenes hermosas, al escuchar la historia de la bella tejedora, que fuese conducida a su presencia.

Un día, la joven se hizo una camisa con la seda que su esposo le había traído y la bordó con unas primorosas flores, de cinco pétalos cada una, para conmemorar el sacrificio que su amado había hecho por ella, al pinchar sus cinco dedos para teñir el hilo con su sangre. La camisa era tan hermosa que la gente venia para admirarla.

Una mañana, acababa de ponérsela cuando aparecieron los soldados del rey, apresaron al tejedor y se llevaron a la muchacha por la fuerza, el pájaro intentó ayudarles, pero fue herido de muerte por un soldado.

En el viaje hacia el palacio del rey, la muchacha, desesperada, rasgó las flores bordadas de su camisa y las lanzó al viento, mientras imploraba una petición:

– “Por favor lleva estas flores a mi amor, para que jamás me olvide”.

El viento cumplió su súplica llevando las flores bordadas hasta donde estaba su esposo. Cuando por fin dejaron libre al tejedor y éste regresó a su casa, se sorprendió al ver el árbol que su madre había plantado cubierto de flores rosas. En seguida supo que era el presente de su esposa y se deshizo en llanto.

La muchacha no soportó su destino y, antes de llegar siquiera al palacio, se quitó la vida, ahorcándose con su preciada camisa de seda. Al enterarse, el rey se encolerizó tanto que ordenó a sus hombres volver encarcelar al tejedor.

Junto al floreciente árbol, el tejedor escuchó un susurro en el viento:

-“Amor mío, debo ocultar las flores antes de que los soldados del rey las destruyan, tienes que marcharte, huye lejos de aquí”.

Entonces,  un fuerte viento sopló y cambio el color de las flores, que se marchitaron una por una.

El chico no quería alejarse de su casa, pues aún tenía esperanzas de que su amada regresara, así que decidió visitar al hada de la montaña.

-“Si quieres ver a tu esposa, debes matar al malvado rey pero para tener éxito necesitarás la ayuda del pequeño pajarillo”-le dijo ella.

-“Desgraciadamente, mi amigo el pájaro está muerto”- se lamentó el tejedor.

-“Debes enterrar el cuerpo del ave bajo el árbol que tu madre plantó. Al llegar la primavera, el pájaro volverá a la vida, como lo hace la tierra”.

El tejedor siguió sus instrucciones y, a la primavera siguiente, unos pequeños brotes rosados aparecieron en el árbol. Días más tarde, el pájaro apareció.

En compañía del pájaro y lleno de esperanza, el tejedor partió a la ciudad, dispuesto a hacer algo para vengar las injusticias que se habían cobrado con él y su esposa. Se disfrazó como un vendedor de carbón y tomó un ramillete de su preciado árbol, cuajado de las hermosas flores que habían brotado gracias a la petición que su amada había hecho al viento. Escondido en el ramillete, había un pedazo de carbón encendido.

Cuando llego a la corte, se acercó a un guardia y solicitó permiso para presentar al rey las flores. El rey ordenó al extranjero que se acercase y se agachó para admirar la belleza del ramillete. Cuando el monarca se agachó y sopló su aliento sobre el carbón, éste se encendió, prendiendo rápidamente la rama, las flores y alcanzando la barba y el traje del rey.  Las llamas se extendieron rápidamente, mientras éste gritaba aterrado, pero nadie pudo parar el poder del fuego y el cruel anciano murió abrasado.

Después de aquello, anunciaron al joven el cruel destino que había sufrido su esposa. Alguien había recogido la preciada camisa de flores y se la entregó a él, como una ofrenda, para que siempre la tuviera en su memoria.

Muy apenado, regresó a su hogar y, haciendo un homenaje póstumo a su amada, enterró la camisa de seda, que era lo único que le quedaba de ella, a los pies del árbol de su madre. Cuando despertó a la mañana siguiente comprobó que la prenda estaba cuajada de flores rosadas.

El hada había dado instrucciones al pajarillo de que condujera al joven al bosque, allí, en el hueco de un tronco, encontró el cadáver de su esposa. Como le había dicho la criatura mágica, envolvió el tronco con la camisa de seda. De repente la madera se rompió en millares de astillas y la joven apareció viva.

Los tres regresaron a casa, felices e inmensamente agradecidos al hada que tanto había hecho por ellos.

Desde ese momento, a esas flores de color rosa, se las conoce como flores de melocotón,  y se convirtieron en un símbolo de la dedicación y del amor.

Cada primavera, cuando la tierra renace, aparecen estas hermosas flores, y con ellas para conmemorar el nacimiento y la fuerza del amor.

 

LEYENDA DEL RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA


RELOJ ASTRONÓMICO

“RELOJ ASTRONÓMICO DE PRAGA” – BELÉN JIMÉNEZ

Situado en la casa del ayuntamiento dela CiudadViejaen Praga encontramos este esplendido reloj astronómico que da la hora desde hace más de seiscientos años.

Fue construido por el relojero Nicolás de Kadan y por el profesor de matemáticas y astronomía Jan Sindel, y su parte más antigua, el cuadrante astronómico, data de 1410.

A partir del año 1552, el reloj se paró varias veces y tuvo que ser reparado en diversas ocasiones. La reparación de 1552 fue realizada por Jan Táborsky, que escribió un informe en el que se nombra por primera vez al maestro relojero Hanus, al que se le atribuyó el diseño del reloj. A pesar de que se demostró que esto era falso, la leyenda que se construyó en torno a su persona aún circula por ahí, entre los murmullos de los cientos de turistas que se agolpan ante el reloj para admirar su maravillosa construcción y la increíble animación de sus figuras.

No os voy a dar aquí una descripción exhaustiva de esta maravilla, aunque os recomiendo de verdad que le echéis un vistazo a alguna de las cientos de páginas que hablan sobre el tema porque es realmente interesante. Lo que yo deseo es contaros esa leyenda que se forjó con los años en torno a la construcción de este maravilloso reloj.

La construcción inicial del reloj de 1410 era bastante simple, pero a finales del siglo XV, el maestro Hanus arregló y perfeccionó su mecanismo convirtiéndolo en una magistral obra de arte, única enla Europade la época.

Los consejeros dela CiudadViejaestaban muy orgullosos de su reloj astronómico, pero comenzaron a llegar rumores de que el maestro relojero, dado su gran éxito con el reloj de Praga, había recibido numerosas ofertas de muchas ciudades. Se decía que el relojero pasaba las noches enteras trabajando, haciendo cuentas, diseñando…

Todos habían llegado a la misma conclusión: el maestro Hanus había aceptado alguna de aquellas ofertas y estaba diseñando un nuevo reloj astronómico, probablemente más grandioso, para alguna otra ciudad.

Aquello fue un duro golpe para los vanidosos consejeros que deseaban toda la gloria parala CiudadVieja, así que se pasaban las horas maquinando cómo hacer para que el maestro no volviera jamás a construir un reloj como el suyo. Finalmente, a uno de los consejeros, un hombre frío y cruel, se le ocurrió la terrible solución para conservar la exclusividad de su excepcional reloj astronómico.

Una noche, el maestro relojero se encontraba solo en su casa, trabajando en su estudio a la luz de las velas, enfrascado como de costumbre en sus diseños y cálculos. De repente lo sobresaltaron unos fuertes golpes en la puerta. En un principio se quedó helado, pero entonces se escuchó una voz apremiante que lo instaba a abrir.

El maestro, preocupado y temiendo por la suerte de su ayudante al que consideraba como un hijo, corrió hacia la puerta y apartó el pesado travesaño. Se encontró entonces con tres hombres corpulentos y amenazadores. Hanus intentó cerrar la puerta a toda prisa, pero era anciano y uno de los hombres interpuso su pie a tiempo de impedirlo. Lo empujaron hacia el interior, agarrándolo con fuerza y sin miramientos. Los asaltantes lo amordazaron y entre dos lo sostuvieron mientras el tercero blandía su afilada navaja y la acercaba a la llama del hogar. El maestro observó horrorizado cómo la hoja se tornaba roja ante el fuego. Se debatió asustado e intentó gritar, pero, al final, el terror lo venció y se desvaneció. Se despertó al cabo de unas horas aquejado de un insufrible dolor. Estaba en su propia cama y escuchaba el eco de las voces familiares y preocupadas de su ayudante y su ama de llaves. Lloraban y proferían exclamaciones de rabia e indignación mientras se afanaban a su alrededor. Sin embargo, Hanus no lograba verlos. Ante sus ojos solo había oscuridad. Aquellos animales lo habían cegado para siempre.

El maestro pasó mucho tiempo muy enfermo, con graves fiebres, luchando entre la vida y la muerte, y con escasos deseos de luchar por salvarse, dado que una vida de tinieblas se le antojaba el peor de los tormentos para él, que todo le debía a sus ojos.

Sin embargo, el cuerpo humano es impredecible y, contra todo pronóstico, después de un largo padecimiento, el maestro logró recobrarse un poco, aunque sus ojos siguieron cegados.

El anciano pasaba los días pensando en quién podría haber sido el autor de tamaña atrocidad, inmerso en su tragedia, enfermo de amargura y tristeza. Un día, su ayudante regresó de sus tareas de mantenimiento del reloj y le contó muy airado una conversación que había escuchado entre dos de los consejeros de la ciudad. Creyendo que nadie los escuchaba, comentaban con ligereza que lo que habían hecho era lo más correcto, pues de esa manera, el maestro Hanus nunca volvería a crear un reloj más grandioso que el suyo.

Así fue como el maestro se enteró de esta traición. Un gran deseo de venganza comenzó a forjarse en su piadoso corazón y desde ese momento empezó a planear cómo desquitarse con aquellos que habían causado su desgracia.

Una mañana, pidió a su ayudante que lo acompañara hasta el ayuntamiento porque deseaba acariciar las piezas de su amada máquina, escuchar su sonido. El chico se sintió feliz por ello, pues desde el ataque, su maestro no había salido a la calle ni había mostrado interés por nada. Cuando estuvieron frente a la maquinaria del gran reloj, el anciano acarició con amor cada familiar pieza, se deleitó con la música de su funcionamiento, el rodar de sus engranajes. Lloró amargamente por no poder disfrutar de su visión, por no poder volver a trabajar en lo que él tanto amaba. Aspiró hondo y se armó de valor, Visualizó en su cabeza el mecanismo. Lo conocía tan bien que era capaz de ver cada pequeño detalle aun con sus ojos cegados. Entonces, tras unos instantes de meditación, extendió su mano y, antes de que su ayudante pudiera detenerlo, la introdujo en un punto concreto de tan preciada maquinaria. Con la escasa fuerza que su enfermedad le había dejado, el maestro tiró de una de las numerosas palancas hasta que ésta se rompió. La máquina comenzó a gemir y a lanzar alarmantes chirridos que traspasaron el silencio y pudieron escucharse en toda la Staromestské námestí, la plaza dela Ciudad Vieja.

El reloj comenzó a hacer movimientos extraños hasta que finalmente se detuvo, su maquinaria había dejado de funcionar. Justo en ese momento, Hanus, el más grande relojero que había dado la historia, cayó al suelo muerto: su corazón se había detenido en el mismo momento que lo hizo su amado reloj astronómico.

El reloj sufrió una grave avería y nadie fue capaz de dar con la solución. Tratando de hallar la manera de repararlo, rebuscaron entre los apuntes y trabajos que el maestro guardaba en su estudio. De ese modo pudieron averiguar al fin en qué estaba éste trabajando en el momento en el que fue atacado por aquellos hombres enviados por los consejeros. Todos se quedaron horrorizados por la atrocidad de lo que habían hecho pues descubrieron que Hanus se afanaba por introducir mejoras en su preciado reloj, ya que deseaba convertirlo en una pieza aún más grandiosa, para que todo el mundo la admirase durante muchísimos años. Sin embargo, por más que buscaron, nadie encontró el remedio para la avería del reloj, pues esa información solo existía en la cabeza del gran maestro.

El reloj astronómico de Praga, una de las obras más grandiosas de la historia, permaneció largos años si volver a funcionar y sin poder deleitar a todo aquel que se acercaba a la casa del ayuntamiento dela CiudadVieja.

Otra versión de la leyenda nos dice que fue el ayudante el que vengó a su maestro introduciendo el brazo dentro del mecanismo del reloj. Los engranajes amputaron la mano y el reloj quedó atascado e inutilizado durante muchos años.

 ADAPTADA POR ESTEFANÍA JIMÉNEZ