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A LA TERCERA VA LA VENCIDA


No, no es que vaya a anunciar que me ha tocado la lotería o ha decir que he conseguido una gran proeza, ya quisiera yo 😛 Lo que ocurre es que hoy os traigo una de esas entradas que tanto gustan: un “por qué se dice” 😉

Ya sabemos que esta frase quiere decir que cuando un intento se ha repetido dos veces, a la tercera lo conseguiremos; aunque a veces lo que interpretamos como que, si ya  a la tercera no hay manera, mejor dejarlo.  Me gusta más la primera opción, mucho más positiva.

Sin embargo, al parecer no siempre tuvo esa interpretación. Antiguamente era mucho más literal.

Esta expresión se aplicaba en la práctica de cualquier combate y quería decir que la victoria se establecía en el mejor de tres juegos; también expresaba que tres derribos equivalía a la derrota final. Así el vencedor sería el que consiguiera derribar tres veces a un combatiente. Un ejemplo muy bueno de esto es la esgrima, a los tres toques.

Por otro lado, y esta es la parte que más me gusta, en el derecho penal de los siglos XVI y XVII, se imponía la pena de muerte al tercer hurto (ter furtum); con lo cual, obviamente, para el delincuente a la tercera iva la vencida.

¿A que es una historia preciosa? A mí estas cosas me encantan. Os recomiendo,  el libro “Del hecho al dicho” de Gregorio Doval, que contienen un montón de estos porqués tan curiosos. 😉

ESTEFANÍA J.A.

 

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ORIGENES DEL DÍA DE SAN VALENTIN


rosas de palstilina

 

 

Casi no llego, y la verdad es que he estado a punto de no publicar nada hoy porque he estado algo liada; pero es que esta leyenda es tan bonita que me apetecía contarla. Bueno, no es que sea algo del otro mundo, seguro que la mayoría ya la sabéis, y es muy fácil encontrarla, pero, igualmente quería que la tuviéramos en Ecos de la Distancia.

 

En el siglo III, en Roma  gobernaba el emperador Claudio II, cuyo gobierno, por cierto, apenas duró dos años. El emperador opinaba que los mejores soldados eran aquellos que no tenían familias que les acarrearan preocupaciones y cargas. Así que se le ocurrió la feliz idea de prohibir la celebración del matrimonio entre los jóvenes.

Por aquel entonces, ejercía en Roma un sacerdote llamado Valentín que consideró el decreto de Claudio II una atrocidad injusta. Desafiando el poder del gobierno, se dedicó a oficiar matrimonios en secreto para todos aquellos jóvenes que, esperanzados, acudían a él.

Pero, por supuesto, el emperador acabó enterándose de la traición del buen sacerdote y lo hizo apresar. Valentín se defendió, hablando a favor del Cristianismo, hasta que el oficial Asterius decidió ponerle una trampa. Lo desafió a que le devolviera la vista a su hija Julia, ciega de nacimiento. El santo hombre aceptó el reto y el milagro se obró. Julia recuperó la vista.

Sin embargo, a pesar de aquella proeza, el emperador no cedió y Valentín siguió encarcelado. Como el buen sacerdote había logrado muchos seguidores y era demasiado popular, Claudio se sintió amenazado y, finalmente, decidió martirizarlo y ejecutarlo, decapitándolo el día 14 de febrero del año 270.

Julia, en honor al sacerdote, plantó un almendro a los pies de su tumba, de ahí que este árbol se considere el símbolo del amor y la amistad.

También he leído por ahí, aunque esto es menos aceptado (pero tela de romántico), que el sacerdote se enamoró de Julia y, antes de morir, le envío una carta firmada con “tu Valentín” y que ese es el origen de las tarjetas del día de los enamorados.

Y nada más. Sed buenos esta noche, o no. Pero sobre todo…

¡¡¡¡Mucho amor y amistad para todo el mundo!!!!!!

 

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

IRSE POR LOS CERROS DE ÚBEDA


SACRA CAPILLA DEL SALVADOR (ÚBEDA)

Hoy tenemos una de esas entradas que tanto me gustan y que sé que son de las más leídas. Además, esta expresión en concreto, tiene doble atractivo para mí, porque tiene origen histórico, y me encanta, y porque soy de Jaén, como he dicho un millón de veces.

Ya sabemos qué quiere decir este dicho tan común, pero, como sé que nos visitan muchas personas que no son de España, y no estoy segura de que en sus países se utilice, me gustaría aclarar su significado. Es sencillo, uno se va por los cerros de Úbeda cuando se va por las ramas al contar una cosa. Es decir cuando alguien divaga, se sale del tema o da demasiados rodeos para llegar a una explicación concreta.

Y, aunque no me quiero ir por los cerros de Úbeda, me gustaría decir, para aquel que lo desconozca, que Úbeda es una maravillosa ciudad de Jaén, en Andalucía, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 2003 y que recomiendo fervientemente visitar porque es una de las más bonitas de España. Caminar por sus calles es viajar en el tiempo, a uno de los templos del Renacimiento español. Cada parada en Úbeda es descubrir flashes de historia y de arte, y hay mucho de ambos por ver en esta ciudad, podéis creerme.

Úbeda fue una ciudad muy rica y codiciada durante varios periodos de su historia, y por ello fue protagonista de importantes episodios bélicos. La expresión que nos ocupa data del año 1234, durante la reconquista de los almohades de la ciudad. El protagonista es el capitán Álvar Fáñez, conocido como “el Mozo”, del ejército de Fernando III, el Santo. Al parecer, poco antes de entrar en combate, se esfumó y nadie pudo dar razón de él. Curiosamente, cuando la batalla finalizó, y la ciudad al fin había sido reconquistada, el capitán volvió a ser visto entre las filas. El rey lo mandó llamar y, una vez lo tuvo delante, le exigió una explicación para su ausencia en una contienda tan importante en la que tantos habían perdido la vida. El capitán explicó entonces que, de camino a la batalla, se perdió por los cerros de la ciudad. Aquella respuesta llegó a todos los soldados, que se mofaron del capitán y desde entonces lo consideraron un cobarde por aquella excusa. Según otras fuentes, el “Mozo” sí que pudo haberse perdido en dichos cerros, pero en los brazos de alguna fulana que lo distrajo lo suficiente como para olvidar la batalla.

Así pues, en un principio la expresión fue sinónimo de una acción cobarde, pero con el paso del tiempo adquirió el significado que hoy día conocemos. Cabe decir en defensa del “Mozo” que, como he dicho antes, yo me perdería en esos parajes de muy buena gana.

Para acabar me iré de nuevo por los cerros de Úbeda. En casi todos los sitios que he visitado para contrastar información, aparecían los mismos párrafos del “Quijote” con nuestra frase, y también el mismo poema de Machado. Lo del “Quijote” lo dejo, pero, aunque suene a copia, a Machado sí que lo pongo porque me encanta y porque, por suerte, guardo un recuerdo maravilloso de la última vez que estuve en Baeza, otra joya de Jaén, en la que el poeta vivió, celebrando el cumpleaños de mi tío. Otro día dedicaremos una entrada a esta ciudad que bien la merece también.

Y ya que nombro a mi tío, y me siento tan sensible hoy, mando un beso gigante allí donde lo atrape, y le doy un millón de gracias por dejarme una herencia de recuerdos maravillosos. Por fortuna, los recuerdos y las experiencias son eternos.

 

Cerca de Úbeda la grande,

Cuyos cerros nadie verá,

Me iba siguiendo la luna

Sobre el olivar

(ANTONIO MACHADO)

 

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

 

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SAMHAIN Y BRUJAS


Hace un tiempo, os hablé de los orígenes de Halloween y de la leyenda de Jack O´Lantern. Este año me voy a centrar más en la festividad de Samhain.

No os podéis hacer una idea de la gran cantidad de webs y blogs que se dedican al tema. Son muchísimas las brujas modernas que siguen celebrando esta festividad celta hoy y día. Es muy interesante y por tanto para mí difícil de resumir 😀 Espero que os guste.

En primer lugar vamos a recordar un poquito lo que es Samhain para aquellos que lo desconozcan.

Samhain (pronunciado Sowin) era una de las fiestas celtas más importantes del año. En la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre se celebraba el final de la temporada de cosechas y era considerada como el año nuevo en la cultura celta. Tras esta noche comenzaba la estación oscura, en la que se pasaba de una estación a otra y en la que se abrían las puertas al otro mundo, el lugar de los espíritus, que para los celtas era lugar de felicidad plena en el que no existían las penurias.

Durante estas festividades, los druidas servían como médiums y se comunicaban con los espíritus que acudían en esos días a visitar sus hogares. Los celtas creían en las fuerzas de la naturaleza y escuchaban atentamente a sus sacerdotes ya que sus profecías eran importantes para sobrevivir durante el largo y oscuro invierno.
Conmemoraban este evento haciendo grandes fogatas sagradas, en las que la gente se reunía alrededor para quemar frutos y sacrificar animales en nombre de los dioses. Usaban disfraces hechos con cabezas de animales y piel y se dejaba comida y vino para dar la bienvenida a los espíritus.

El calendario celta dividía el año en dos partes, la mitad oscura que comenzaba en el mes de Samonios (lunación octubre-noviembre), y la mitad clara, que comenzaba en el mes de Giamonios (lunación abril-mayo). Todos los meses comenzaban con la luna llena y la celebración del año nuevo tomaba lugar durante las “tres noches de Samonios”, la luna llena más cercana entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno.

Existen algunas prácticas tradicionales en las naciones celtas que aún conservan la herencia de dicha fiesta, como las diásporas irlandesa y escocesa. En los idiomas gaélicos, Samhain es la palabra para noviembre y puede significar “fin del verano”.

Y como decía, son muchos los que celebran Samhain como lo hacían los antiguos celtas, conservando su significado tradicional.

Se cree que las fronteras entre el mundo físico y el mundo espiritual se abren en esta noche, facilitando la comunicación entre ambos mundos, por lo tanto es un día propicio para practicar adivinaciones, entre otras cosas.
En estos días se rinde homenaje a los difuntos y esta práctica es compartida también por los católicos, para los cuales la fiesta tiene otro significado.

En la noche de Samhein, podemos aprovechar para despedirnos de las cosas de las que deseemos desprendernos, como por ejemplo malos hábitos, miedos, o malos recuerdos y experiencias. Sería la renovación del espíritu, por así decirlo. Es una fecha para la reflexión y el arrepentimiento. Es también tiempo de nuevos comienzos, donde se pueden eliminar todas las cosas negativas y empezar de nuevo.

Me gustó mucho este párrafo que leí en http://hadascaldero.blogspot.com.es

“Es una fecha para hacer el balance de lo que se es y lo que se tiene. Más allá de todo pensamiento comercial, es un tiempo para recordar que formamos una pequeña parte de un todo mayor y que solo estamos de paso en el ciclo universal del tiempo”.

El que esta es noche de brujas, no es solo mala publicidad de la Iglesia para acabar con las fiestas paganas :D. Ciertamente, Samhain es importante para ellas. Las brujas o brujos meditan sobre la muerte en Samhain, contemplando su aspecto esencial en el ciclo de la vida, y por tanto viendo su visión purificadora, ya que, para ellos, toda muerte es un renacimiento.
Contrariamente a la festividad cristiana del día de los difuntos, para los practicantes de brujería, Samhain no es una época de luto ya que, según su creencia, las almas no abandonan el mundo para siempre, sino que ingresan en el mundo espiritual, que es un plano más elevado que el nuestro.

Hay muchísimos rituales y prácticas para realizar en Samhain. Podría rellenar muchas páginas hablando de eso, pero me parece mejor recomendaros algunos blogs que he estado visitando y en los que se habla del tema en profundidad. Yo por mi parte creo que realizaré alguno de estos rituales, porque en estos días me parece que necesito una dosis de purificación 😉

¡Feliz Samhain a todos!

http://www.wicca-argentina.com.ar/sabbatsamhain_hn.htm

http://hadascaldero.blogspot.com.es

http://www.zonadecaos.com

www.elcalderobruja.blogspot.com.es

http://aguasdecauri.blogspot.com.es

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LAS CALABAZAS DE HALLOWEEN? LA LEYENDA DE JACK O´LANTERN


Ya sabemos que en la noche de todos los Santos, la puerta que separa el mundo de los vivos del mundo del más allá se abre para dejar salir a los difuntos; y también que estos se dedican a recorrer los pueblos de los vivos para volver a los lugares en donde ellos vivían.

En esta noche los difuntos visitan a sus familiares para comprobar si estos los siguen recordando. Para evitar que los espíritus nos molesten, los vivos debemos colocar una vela encendida en nuestras puertas y ventanas por cada persona fallecida en nuestra familia. De no hacerlo nos arriesgamos a que los espíritus perturben nuestros sueños provocando terribles pesadillas… O quizás, los más receptivos, sean capaces de captarlos sin necesidad de dormir… ¡escalofriante!

Como ya dijimos, la mayoría de estas costumbres tiene un origen celta. Eran los celtas los que iniciaron la costumbre de ahuecar nabos y encender carbones en su interior para lograr que la llama ardiera durante toda la noche y así evitar que los espíritus vinieran a sus casas a molestarlos.

Esta costumbre se deriva de una leyenda preciosa que, a pesar de la repercusión que ha tenido a lo largo de los años y de haber llegado hasta nuestros días, no es demasiado conocida. He leído que es de origen celta, de Escocia e Irlanda, pero imagino que la original no sería así, ya que ésta es más una leyenda cristiana que pagana. Os la voy a contar, espero que os guste.

Cuenta la leyenda que de  entre todos los espíritus que regresaban al mundo de los vivos en esta noche, había uno especialmente molesto: Jack el de la linterna.

Jack se dedicaba (y se dedica, teniendo en cuenta que su historia ha dado lugar a la fiesta tal como ahora se conoce en gran parte del mundo) a llamar a todas las puerta de las ciudades y aldeas gritando “truco o trato”. Portaba como única luz un nabo hueco con un carbón candente en su interior y la gente le temía pues era bien conocido lo cruel que había sido en vida. Lo más adecuado si Jack llamaba a tu puerta era hacer trato, costase lo que costase, pues de no hacerlo, él maldeciría la casa y a sus habitantes.

Para evitar que Jack llamara a las puertas, debían ahuecarse nabos y tallar terroríficas caras en ellos y después encender candelas en su interior. Con el tiempo éstos fueron sustituidos por calabazas ya que eran más fáciles de ahuecar y tallar.

Pero Jack, antes de convertirse en tan temido espíritu, fue un hombre vivo temido. En vida, Jack era llamado Jack “el tacaño”. Se trataba de un granjero que engañaba y mentía a sus vecinos. Todos lo odiaban por su maldad, por la cual se granjeó muchos enemigos. Era tan perverso e inteligente que la gente solía decir que podría rivalizar con el mismísimo diablo.

Un día este rumor llegó al orgulloso diablo y éste decidió comprobar por sí mismo si dicha fama era merecida. Satanás se disfrazó de hombre y acudió al pueblo de Jack. Lo encontró en una taberna  y estuvo bebiendo con él largas horas. En este tiempo pudo el diablo darse cuenta de que ciertamente Jack era un hombre pérfido y cruel y que merecía ir al infierno. Así pues, el diablo reveló su verdadera identidad al hombre y le dijo que venía para llevarlo con él por todas las maldades que había cometido con sus vecinos. Jack puso su agudo cerebro en funcionamiento y con aire compungido le pidió al diablo una última voluntad.

-¿Podría tomar una ronda más antes de que me lleves contigo?

El diablo no vio problema en concederle este último deseo así que pidió una última copa.

Cuando llegó la hora de pagar ninguno de los dos tenía dinero. Jack retó a su acompañante, que tanto presumía de poderoso, a convertirse en moneda y así salir del apuro. Lucifer, orgulloso donde los haya, lo hizo sin ningún problema, pavoneándose con el mortal. Una vez conseguido el dinero, Jack, en lugar de pagar la cuenta, lo guardó en su bolsillo donde siempre llevaba un crucifijo de plata. De este modo consiguió apresar al mismísimo diablo que se vio incapaz de hacer frente a su encarcelamiento con ninguno de sus poderes y artimañas.

Después de intentarlo todo, el diablo le preguntó a Jack qué quería a cambio de su liberación. Jack le pidió que regresara al infierno y que prometiera no volver a molestarlo en diez años.

Pero el tiempo pasó demasiado pronto y el diablo, enfurecido, regresó a por Jack diez años después. Éste se mostró sumiso y temeroso y Lucifer se sintió enormemente complacido. De esta manera, suavizado el diablo, Jack volvió a pedir un último deseo. Satanás, seguro de no caer esta vez en su trampa, decidió concedérselo.

-¿Podría tomar mi última comida? Mira aquellas manzanas en el árbol… están tan altas… pero parecen tan apetitosas… Seguro que tú, tan poderoso como eres podrías obtener una para mí.

Al diablo le gustó esa referencia a su poder y le concedió su deseo. Ascendió a la copa del árbol y cuando estaba allí, Jack talló a toda prisa una cruz en su tronco. De esta forma, el diablo volvió a quedar atrapado sin la más mínima oportunidad de escapar al agudo ingenio de Jack.

Esta vez el hombre no se conformó con unos años de paz y sólo accedió a liberar al diablo a cambio de obtener la promesa de que no lo molestaría ni reclamaría su alma nunca más. El diablo no tuvo más remedio que acceder.

Pero Jack, a pesar de haber engañado al demonio, no fue capaz de escapar a la muerte y ésta vino a llevárselo no demasiado tiempo después de su último encuentro con Satanás.

Jack se dirigió al cielo, pero al llegar a las puertas, San Pedro le negó la entrada a causa de sus malas accionas en vida. Así pues fue enviado al infierno. Pero, el diablo no lo podía acoger en sus dominios puesto que lo había prometido, además no lo quería allí  debido al trato que había recibido de ese mortal. Ahora le tocó al diablo reír y lo expulsó del infierno condenándolo a vagar por toda la eternidad sin ningún rumbo.

-¿Dónde puedo ir entonces? –gimió Jack desesperado.

-¡Vuelve por donde viniste, me trae sin cuidado! –contestó el diablo entre risas.

Pero el camino de regreso era oscuro y la niebla no le dejaba ver. El diablo le lanzó a Jack un carbón encendido del mismísimo infierno como única luz que iluminara su caminar y éste lo colocó en un nabo hueco para evitar que se apagase.

Así fue como Jack el tacaño se convirtió en “Jack el de la Linterna”, es decir: Jack of the Lantern, abreviado con el tiempo en Jack O’Lantern. Y así es como vaga desesperado entre ambos mundos; y así es como en la noche de Samhain, cuando los muros que separan el mundo de los vivos y el de los muertos es más débil, Jack golpea las puertas de aquellos que no tienen lucernas encendidas y les grita: “Truco o trato”.

ESTEFANÍA JIMÉNEZ

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POR QUÉ SE DICE ESTAR EN BABIA


Se dice “estar en Babia” cuando alguien está como ausente o distraído.

Babia es una comarca de la provincia de León. Durantela Edad Media, los reyes de León lo eligieron como lugar de reposo por ser un importante lugar de caza y para apartarse un poco de los problemas e intrigas palaciegas. Babia era una región placentera, bien abastada, bien comunicada, guardada por gente pacífica e hidalga, leal al rey y, entonces, con buenos cazadores de osos, corzos y jabalíes.

Cuando los súbditos veían que su rey estaba largo tiempo fuera, se preocupaban e iban a palacio a preguntar por él y los sirvientes entonces les decían que estaba en Babia. También aprovechaban estos sirvientes y gente de la corte que el rey estaba en Babia para hacer en palacio lo que querían, de ahí la expresión. Los causantes de las intrigas palaciegas achacaban que el rey estaba en Babia para conspirar contra él y poner a sus súbditos en su contra.

FUENTES:

www.piedrafitadebabia.com

POR QUÉ SE DICE “BUENA LA QUE SE VA A ARMAR”


Esta frase histórica fue pronunciada por el general Juan Carlos Aréizaga en la batalla de Ocaña, durante la Guerra de la Independencia española el 19 de noviembre de 1809.

Se dice que antes de comenzar la batalla se subió a un campanario y comenzó a observar al ejército  enemigo.

Según testigos: “subido en un campanario miraba por un catalejo, el ejército francés mandado por el mariscal Victor se desplegaba en formación de guerra y se colocaba en los lugares más estratégicos. Los oficiales españoles esperaban órdenes, y al bueno de Aréizaga solo se le ocurrió decir: !Buena la que se va a armar, pero buena, buena, buena!”.

Por supuesto, y dada su predisposición, la batalla acabó en una gran derrota.

A finales de 1809 se le encarga la defensa de los pasos de Andalucía. Expulsado de los puertos de montaña de los alrededores de Bailén, no pudo impedir que los franceses invadieran Andalucía, y la mayor parte de las fuerzas que le quedaban fueron dispersadas en Jaén (enero de 1810). El general Freire tomó entonces el mando de sus tropas en febrero de 1810.

Al parecer la fama de este hombre no era muy buena y no eran pocos los que opinaban que era un inepto.

De él dijo Benito Pérez Galdós en la primera serie de sus Episodios Nacionales: “hombre nulo en el arte de la guerra y en cuya cabeza no cabían tres docenas de hombres”

ESTEFANIA JIMÉNEZ

FUENTES:

WIKIPEDIA

“Del Hecho al Dicho” Gregorio Doval